A Flying Dodo Society, desde un primer encuentro hasta su “First Sighting”

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Por: Alberto Zayas Montilla
Especial para PuertoRicoIndie.com

Ya ha pasado un año desde que vi por primera vez a A Flying Dodo Society tocar. El show fue en El Local y no me acuerdo de muchos detalles, como por ejemplo, no sé quién más tocó con ellos, quién organizó el show, si era verano o si ya estaba en clases, por qué terminé en ese show, etc. Lo que sí me acuerdo es que llegué al saloncito donde tocan las bandas y me senté con un amigo en el sofá en la parte de atrás. Nos sentamos porque todo el mundo estaba sentado. Fede, quien toca la guitarra en la banda, andaba enchaqueta’o y con la cara pintá. Invitaba a todo el mundo a participar de tal manera que por un segundo me sentí que estaba de vuelta a kinder, como cuando las maestras mandaban a todo el mundo a sentarse juntos en el piso para alguna actividad.

Acostumbrado a shows de grupos como Las Ardillas, Campo-Formio y Fantasmes, cogí el ambiente con pinzas. De momento no sabía si se trataba de una banda tocando en serio o si era todo un chiste, ni estaba seguro si había pagado para ver un show de música. Miré a mi pana riéndome un poco como diciendo “¿Qué carajo es esto?”… sin embargo no pasó mucho tiempo luego de eso para que AFDS se ganara mi respeto. Entre la canción del dinosaurio que tocaron, el alcohol, el humo del pincho que se paseaba de mano en mano por el saloncito, y Potro abandonando la barra para el cover de “If You’re Feeling Sinister” de Belle and Sebastian, me di cuenta que la estaba pasando bien. A Flying Dodo Society nos invitaban a cantar junto a ellos y sí, sabían muy bien lo que estaban haciendo.

Más que de la banda y sus canciones, esa noche me llevé una clara impresión de que AFDS contaba con una identidad propia, con unas ideas que les guiaban, de donde partía su estética y el ambiente liviano que generaron a su alrededor. Me di cuenta que los elementos que identifico en algunas de mis bandas favoritas en la escena, ellos también los llevan. Por ejemplo, basta con ver a Fantasmes tocar en vivo una vez para saber que sus partes componen mucho más que la música –igual Campo-Formio, Las Ardillas y Los Vigilantes, son bandas que trascienden su música a través de la estética y el espectáculo.

A Flying Dodo Society entonces no se queda atrás, y con su recién lanzado primer EP, First Sighting, y su traslado a Brooklyn, encontré motivo suficiente para ofrecerme a entrevistarlos. Desde hacía tiempo quería que me contestaran una que otra pregunta en cuanto a lo que hacen y además pensé que merecían ser documentados, cuestión de dejar constancia de lo que hicieron en la isla antes de su partida –y así también ayudar a regar la voz para todos aquellos que les interese verlos en un futuro por alguna tierra lejana. A continuación comparto parte de lo que terminó siendo más una conversación filosófica con Federico Ausbury (Fede) de A Flying Dodo Society, que una entrevista:

Puerto Rico Indie (PRI): ¿Quiénes son A Flying Dodo Society? ¿Es una persona en específico o se supone que sea cualquier persona (pensando en la máscara)?


Federico Ausbery (FA): Los que cantan cuando nos presentamos en vivo somos Fede y Maira. Y somos dos miembros más de UNA Sociedad del Dodo Volador (Por UNA no me refiero al número 1, sino al “A” de “A Flying Dodo Society”. Osea, si sólo hubiese 1 Sociedad, pues sería “LA Sociedad del Dodo Volador”, “THE Flying Dodo Society”). Éstas son sociedades que creen que el dodo no está del todo extinto. A ver si me explico…

Portada del EP "First Sighting", realizada por la artista Maira Vergara.

Portada del EP “First Sighting”, realizada por la artista Maira Vergara.

Los ancestros de los dodos aterrizaron alguna vez en la isla de Mauritius. Aquí no tenían depredadores naturales y tenían todo el alimento y condiciones climáticas necesarias para prosperar. Al no tener que preocuparse tanto por la supervivencia, perdieron la necesidad (y eventualmente la habilidad) de volar. También se pusieron gordos y grotescos. (Imagínate: se alimentaban de frutas que CAÍAN de los árboles). Cuando llegaron los humanos a Mauritus, trajeron con ellos enfermedades y depredadores que convirtieron el paraíso de los dodos en un verdadero infierno. En menos de un siglo el dodo estaba extinto. ¿Por qué? Porque habían perdido su habilidad de volar para escapar en situaciones de peligro, porque cuando llegó el enemigo no lo pudieron identificar como tal porque nunca habían tenido enemigos. Estos son los peligros de vivir sin miedo, los peligros de no tener que luchar para sobrevivir.

Las Sociedades del Dodo Volador (todas tienen distintas teorías y no necesariamente están en buenos términos las unas con las otras) tienen en común la creencia de que algún día el Dodo regresará (volando) y hará pasar a los humanos por lo mismo que pasaron ellos. Los humanos somos dodos. Nos encontramos en un estado de comodidad peligrosísimo (Federico Ausbury y Maira Vergara incluidos, por supuesto). No vivimos de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Si algo, somos una enfermedad. O acabaremos con el mundo o el mundo acabará con nosotros, pero alguien se tiene que ir.

Hay Sociedades del Dodo Volador que quieren luchar en contra de la venganza inevitable de los dodos y la naturaleza. Hay otras que buscan encontrar un punto medio y creen que podemos convivir. La Sociedad en que estamos Maira y yo está a favor de la extinción de los humanos. Estamos a favor del regreso al orden natural de las cosas. A veces nos pintamos las caras en honor a un tiempo en que los humanos no dominaban la naturaleza como lo hacen hoy día. Una tribu de la Amazona, los Mbaya, se pintaban diseños en las caras y el cuerpo como modo de SEPARARSE de la naturaleza. Estos diseños creados por ellos no existen en el mundo natural y esto los ayudaba a sentirse superiores. Creo que es importante marcar esta separación entre lo humano y lo natural para no olvidar que no pertenecemos aquí. Sólo es cuestión de tiempo en lo que el planeta nos escupe… ¿Qué haremos en lo que esperamos a que esto suceda? ¡Divertirnos! ¿Cómo? Pues Maira y yo estaremos cantando canciones sobre los placeres de faltar al trabajo, comer cereales con un villano de Star Trek, qué pasaría si todo funcionara, bizcochos que caen del cielo y absorben el mar, etc.


PRI: Lo que mencionas me hace pensar en Martin Heidegger y su ensayo sobre la tecnología y cómo debido a nuestra actitud hacia la manera en que entendemos la naturaleza y la tecnología, vivimos cada día más en un antropocentrismo que lo que hace es ponernos en contra de la naturaleza en vez de estar junto y en ella con tal de subsistir sustentablemente en un mundo que siempre presentará posibilidades a través de la poesía. Es decir, para él, la poesía debe tomar el enfoque en nuestra cultura, de tal manera que podamos salvarnos. Sin embargo lo que ustedes describen parece ser una situación aún más apocalíptica que esta otra posibilidad. Y por ende, se acercan a la música como un último reír antes de jodernos por completo.





FA: Creo que sí, que lo leíste bien. No creo que la poesía vaya a salvar a los humanos. De hecho, me parece inconcebible que algo exclusivamente humano (como la poesía) sea lo que salve a los humanos. Si algo nos va a salvar, será alguna circunstancia que nos obligue a regresar a lo que fuimos. (Odio cuando la gente usa las palabras como “salvaje” y “animal” de forma despectiva.) Y también haría falta que esa circunstancia aniquile al menos un 80% de la población humana.

Yo regularmente trato de recordarme a mí mismo que los humanos somos naturaleza y que llegar a lo que hemos llegado también ha sido un proceso natural. Reaccionamos naturalmente a tener demasiado poder. Por eso dije que somos una enfermedad. Las enfermedades son naturales. Pero también mencioné –y esto podría parecer una contradicción– que es importante marcar esa separación entre nosotros y lo natural. No porque REALMENTE no seamos producto de la naturaleza, sino por que ya nos hemos separado tanto que no siento que somos dignos de querer confundirnos con esa belleza.

Maira y yo hablamos de escaparnos a la naturaleza en canciones como “Cake In July”, pero no es con la pretensión de confundirnos en ella, es sólo para evadir a los humanos que a veces nos abruman. Para poder concentrarnos el uno en el otro. Nuestros humanos favoritos.


Habiendo terminado la conversación específica acerca de la idea detrás de la banda, pregunté de donde venían las influencias musicales como tal. Por lo cual Fede mencionó a Daniel Johnston, Grupos de los 20’s, 30’s, y 40’s, grupos como Ink Spots. Mencionó también a Gene Austin y Al Bowlly por sus voces dulces (no es casualidad que su persona favorita es Maira). Fede también añadió lo exótico a la lista como influencia de la banda que musicalmente resumió con Duke Ellington y Artie Shaw.

Por último los invito a escuchar su primer EP, “First Sighting”, en totalidad a continuación. El mismo fue lanzado el pasado 24 de agosto en El Local antes de la banda partir a hacer su nuevo nido en la ciudad de Nueva York. La calidad del mismo es excelente y demuestra el potencial que tiene A Flying Dodo Society de lograr su futuro en los venues de Brooklyn por donde ya estarán viviendo. Espero que cada vez más artistas se unan a la banda, y que los podamos llegar a escuchar con todo un equipo de músicos acompañándolos a la Belle & Sebastian, lo cual podría resultar muy bien tomando en cuenta el estilo de la música y la manera en que la componen (por ejemplo, escuchen “Cake In July”).

No obstante, hay algo especial y sumamente íntimo del sonido de la banda tal y como está plasmado ahora, que otras bandas similares de la escena no han podido replicar. En lo mundano nos podemos identificar todos, como en las letras que celebran la alegría de comer cereal. Escuchar una canción que se asimila a esa experiencia y me ayuda a coger las cosas suaves en el día es toda una bendición.

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