En el cine: Elysium

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En el 2009 un joven director sudafricano nos trajo District 9, una energizante película creada con 30 millones de dólares y muchas ganas. Ésta logró generar alrededor de 115 millones de dólares, así recuperando su inversión y convirtiéndose en un éxito moderado. Este filme también fue muy favorecido por los críticos, descrito como un soplo de aire fresco, no solo dentro del género de ciencia ficción, si no en el cine general. Aquí se logró un balance favorable entre efectos especiales y una trama interesante con fuertes ecos alegóricos sobre el pasado político de Sudáfrica, especialmente de los años en que el Apartheid dividió oficialmente a los negros de los blancos.

Cinco años después, Neil Blomkamp nos presenta Elysium, su segundo filme y primera incursión en el cine bajo el ala de un estudio de Hollywood. Ahora – con $70 millones más que antes, y Matt Damon y Jodie Foster como las caras conocidas que no tuvo District 9 – Blomkamp ha intentado crear una película de ciencia ficción “pensante” que simultáneamente excite los sentidos y estimule nuestras mentes.

Esta vez la ambición alegórica del joven guionista y director gira hacia Estados Unidos y sus problemas con la inmigración ilegal y el acceso de la clase pobre a servicios médicos. Es así como Blomkamp imagina un futuro distópico donde, debido a la intensa sobrepoblación y escasez de recursos, las ciudades se convierten en favelas, y los más ricos deciden construir
una paraíso lejos de tanto ruido y sucio. La clase elite escoge la órbita terrestre para erigir una estación espacial que contiene un hábitat, simulacro de la Tierra, donde tienen acceso a robots serviles y una envidiable tecnología médica. En la Tierra, los pobres lidian con pésimos servicios de salud y sus robots no les sirven, si no que los “protegen”, a modo de una abusiva fuerza policial.

En este escenario nos encontramos con Max (Matt Damon), un hombre que cuenta con un historial delictivo y que intenta vivir mejor estos días mientras trabaja para la fábrica que manufactura los robots. Gracias a la influencia del Presidente de la compañía, quien presiona al supervisor de la planta a mejorar las cuotas diarias a todo lugar, nuestro amigo Max sufre un terrible accidente radioactivo que lo deja con cinco días de vida.

Con tanto que perder, y con el conocimiento de que Elysium tiene tecnología que lo puede salvar, Max regresa a la vida delictiva y, junto a su amigo Julio (Diego Luna), se ofrece a llevar a cabo un peligroso trabajo para Spider (Wagner Moura), un “coyote espacial”, a cambio de pasaje en uno de sus viajes ilegales a Elysium.

Si creen que ya están pasando muchas cosas, aún no les he hablado de la Secretaria de Estado de Elysium, Delacourt (Jodie Foster), quien tiene cero tolerancia a los intentos de Spider para traer ciudadanos “ilegales” de la Tierra a su hábitat, y de su inescrupuloso agente secreto en Los Angeles, Kruger (Sharito Copley), quien hace el trabajo sucio para mantener a Elysium limpio.

Delacourt quiere adoptar una posición más fuerte contra los ilegales en potencia, idea que no es bien recibida por el Presidente electo (Faran Tahir). Esto la lleva a aliarse a escondidas con el Presidente de la fábrica donde trabajaba Max para llevar a cabo un golpe de estado mediante la creación de un “software” que cambiaría el status-quo mediante un muy literal “reinicio del sistema.”

Y como si esto no fuera ya demasiado, Max tiene una vieja amiga que conoció en su niñez en un orfanato. Ella se llama Frey (Alice Braga) y es enfermera y madre de una niña con leucemia. Cuando chicos, Max y Frey era muy buenos amigos, y él le prometió que algún día, de seguro, la llevaría a Elysium…

Bueno, como ya se irán imaginando, el problema más grande de Elysium es la ambición de contar todas estas historias e hilvanar una alegoría convincente de los problemas con el sistema de salud estadounidense y las políticas migratorias entre Estados Unidos y México. Esta ambición, junto a la necesidad de crear un espectáculo de acción con drama genuino, es encomiable, pero se va deshaciendo rápidamente mientras avanza la película.

Es una pena, ya que los genios de Blomkamp y su equipo creativo logran crear un mundo interesante que vale la pena explorar, e imaginan un futuro que es posible, dada la dificultad actual para tener acceso a cuidados médicos y la falta de estabilidad laboral que permea en nuestra sociedad. En el mundo de Elysium, la desigualdad es tan grande, la desproporción tan tajante, que ese tan mentado 1% ha tenido que largarse y crear un tipo de utopía fuera de nuestra atmósfera. La Tierra entonces se convierte en el gran Sur, lo cual se ejemplifica con la proliferación del uso del español por todos los personajes e instituciones que vemos.

En el hábitat de la élite, sin embargo, proliferan el inglés y el francés; y aunque el Presidente parecer ser de origen indio, los funcionarios son hombres y mujeres de raza blanca, que visten de diseñador para ir a trabajar en las lujosas salas de operación de lo que parece ser un gobierno ostentoso y con mucho estilo.

Y aunque el acceso tecnológico aparenta ser una de las causas de la desigualdad, al igual que en nuestro mundo contemporáneo, los terrícolas de esta distopía también cuentan con tecnología avanzada: los descartes de los ricos, el equivalente de ver hoy en día a un niño de favela con un iPhone de 2da generación versus al niño rico con el último modelo. Esto es uno de los aciertos más interesantes y grandes de esta película: el despliegue de la tecnología y la manera en que la gente desplazada logra conocer y hackear los sistemas para evadirlos y beneficiarse de alguna manera.

Sin embargo, cada momento en que vemos un abuso, cada vez que vemos las condiciones en que ambas sociedades viven, surgen más preguntas acerca de cómo llegamos allí como sociedad y cómo funcionan las cosas. ¿Cómo es que la gente continúa en tal estado de complacencia y no se rebelan? ¿La Tierra también tiene gobernantes, o solamente gobierna la gente de Elysium? ¿Cómo convencieron a los demás de esta división? ¿Hay elecciones? ¿Hay parlamento? ¿Dónde está? En serio, ¿no le dan ni acceso periódico al resto de la población para utilizar las máquinas curadoras? ¿O al menos comida? En otras palabras, en cada contrato social, no importa cuán disparejo pueda ser, siempre hay algo que se da a cambio. ¿Será que en este futuro el estar vivo y respirar el aire dañado de la Tierra es lo único que queda? Cual sea el caso, nunca se nos hace claro.

Nada de esto sería tan problemático si la película usara este trasfondo solamente para realzar la lucha de nuestros protagonistas de una manera coherente y consecuente; o si se fuera por la otra vía y abrazara sus inconsistencias y caricaturas para parodiar el género. Pero no. Blomkamp quiere que nos tomemos esta historia de manera sumamente seria. No hay guiños al artefacto ni a las circunstancias, sólo exposición y acción con la solemne intención de que nos identifiquemos con cada uno de estos personajes de algún modo.

El problema con esto es que todos los personajes funcionan como caricaturas que están caricaturizando a otras caricaturas mejores, todas harta conocidas y que en realidad ya cansan. En este sentido, la reducción de Freya y su hija – dos generaciones de mujeres latinas, en peligro a manos de un militar blanco, maniático, violador y sádico, que han de ser salvadas por el “reluctant hero” blanco – es el mejor ejemplo de dónde estamos en el nivel de los clichés más aburridos y ofensivos (para todos los representados) que Hollywood aún perpetúa.

Estas caricaturas están a su vez consagradas y confirmadas por clichés cinematográficos, tales como escenas retrospectivas, cortadas y mezcladas con filtros y efectos de sonido, que luego serán repetidas en momentos claves, un villano rompiendo un espejo justo antes de cometer un acto violento contra su superior, y la ya maldita confrontación “épica” a puños y cerca de un precipicio entre villano y héroe en el pico del tercer acto, justo antes del clímax.

Sin embargo, y a pesar de esta grande fallas, Elysium logra cautivar por la puesta en escena, que se mantiene bastante bien desarrollada por sus tantos minutos de duración, y cuenta con un buen trabajo cinematográfico que captura el contraste mordaz entre la favela de Los Ángeles y el espacio idílico de Elysium. Otro contraste bien logrado es entre las tecnologías sucias de la Tierra y las limpias de Elysium: cada una llama la atención a su manera, y están presentadas de manera que causan fascinación y estimulan la mente, ya que están basadas en tecnologías contemporáneas que podemos reconocer.

Y aunque la alegoría de inmigración, el acceso a la salud y la desigualdad de clases no está bien realizada, se aprecia mucho que un realizador intente traer estos temas a una narrativa de acción veraniega. Habrá muchos que verán por primera vez una suerte de rumiación sobre estos temas políticos y sociales, que suelen ser invisibilizados o monopolizados por diferentes grupos de interés mediáticos – intereses que francamente han creado percepciones caricaturescas de estos problemas. ¿Es la solución entonces caricaturizar en otros espacios en pos de crear una confrontación de estas percepciones? No sé, quizás sí, quizás no. A mí me parece una gran pérdida de tiempo, pero para otros podría ser la chispa que lo mueva a cuestionarse sus posiciones en cuanto a estos temas.

Igual le estoy dando demasiada agencia política a Blomkamp y me toca juzgar la película en términos de puro entretenimiento veraniego. Si ese es el caso, pues Elysium definitivamente se inserta cómodamente entre los ofrecimientos de este verano, bastante cerca de Star Trek: Into Darkness, aunque privada de los momentos “humorosos” de esta última, cayendo en trampas similares y apostando a instigar emociones que nunca logramos sentir.

Pude observar mucha ambición y poco logro, lo cual no desmerece las intenciones de Blomkamp como autor, aunque sí su ejecución. Si decidí juzgar su trabajo primero en términos “más serios” es porque él mismo alguna vez habló largo y tendido de cómo apreciaba la ciencia ficción como espacio donde grandes ideas pueden ser presentadas de manera más verosímil. Él mismo habló de alejarse de los grandes presupuestos con el propósito mantener una visión artística íntegra. Pero si nos olvidamos de eso y dejamos las expectativas alegóricas a un lado, el filme definitivamente funciona como otra película de acción competente que parece haber sido finalizada por un comité.

La visión artística queda supeditada a la recuperación y triplicación de la inversión – eficiencia por encima de todo. Quizás cuando Max queda atrapado dentro de la fábrica y se infecta con la radiación, ya no es lo que creíamos: quizás es el autor explicando lo que le pasó a él mismo. Se metió al cuarto por “obligación” y término infectado. Inevitable y trágico final para muchos cuando entran de pecho a Hollywood, Inc.

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EnElCine-Elysium-200Elysium
109 min | Acción, Drama, Ciencia Ficción

Director: Neill Blomkamp
Matt Damon, Jodie Foster, Sharlto Copley y Diego Luna

• Véanla • Si te olvidas de los aciertos de District 9 y quieres ver una película de acción con secuencias interesantes y buenos diseños futuristas que se anclan a nuestra realidad.

• Evítela • Si al igual que a mí, ya te cansa la “Terceractitis” (i.e. la tendencia de escribir y presentar un tercer acto donde dos personas casi se matan a puños para poder obtener o desactivar algo).

Exhibiéndose ya en las salas de Puerto Rico.
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Ezequiel es un (todavía piensa el) joven de origen boricua que habla en un tono de voz demasiado alto y que le gusta expresarse aunque todavía no sabe acentuar. Es el líder del programa radial Frecuencias Alternas (que se transmite por Radio Universidad de Puerto Rico) y disfruta de la música, el cine, su familia y su perra Caprica. En algún momento fue parte de los conspiradores de CarbonoMúsica, #EnProfundo y la serie de eventos en directo El Independiente.