The Whites Stripes pertenecen ahora a nosotros

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“The White Stripes quisieran anunciar que hoy, 2 de febrero de 2011, la banda se ha terminado oficialmente y no realizará más grabaciones nuevas ni tocará en vivo.”

Así abría la nota colgada en el website oficial del querido duo, la cual rápidamente cogió vida propia a través de las redes sociales, de blog en blog y por los principales sitios de música como Pitchfork y Rollingstone. Nadie tenía mucho que añadir. Después de todo, la banda había pausado su carrera en el 2008 sin poder completar la gira para Icky Thump (2007) luego de que Meg (White, baterista) sufriera unos ataques de ansiedad agudos. Desde entonces no se había escuchado mucho de la banda – pero sí mucho de Jack White (voz, guitarra), quien se lanzó hacia una multitud de proyectos, incluyendo la apertura de su propio sello independiente, Third Man Records.

Acerca de The Whites Stripes se ha escrito bastante, así que para resumir: los hipster e indie-kids rápidamente aceptaron su propuesta inicial de garage rock reducido al sonido crudo de la batería de Meg White y la guitarra violenta de su “hermano,” Jack; mientras que la maquinaria de la industria y músicos prominentes de carrera – especialmente figuras del blues-rock y country – la absorbieron, celebraron y ayudaron a crecer. Ganando influencia sobre ambos campos disparejos, Jack White logró diversificarse en proyectos como lo son The Dead Weather y The Raconteurs, estableciéndose así como una verdadera potencia musical dentro del rock moderno.

“Dead Leaves and the Dirty Ground” (White Blood Cells, 2001) es quizás la mejor canción de los Stripes – al menos la que me hizo verdaderamente prestarle atención al grupo entre todo el buzz y hype que arrastraban para el 2002. Acompañada de un elegante, misterioso y sombrío vídeo dirigido por Michel Gondry, la canción explora temas de soledad y amor con expresiones simples pero con imágenes cargadas (“If you can hear a piano fall / you can hear me coming down the hall”).

El sonido de la canción definía mi día a día como estudiante de arquitectura en Nueva Jersey, entre el frío y los edificios góticos, el sonambulismo, el melancólico y eterno final de una relación preciada y la soledad que le seguiría. La estética de la banda también cuadraba muy bien con la mía personal: usos creativos de mucho rojo, blanco y negro y la sensación de que a tu alrededor tienes todos los elementos que necesitas para crear y comunicarte con el mundo. Aunque el 2002 estuvo lleno de sonidos modernos que promovían el pop nuevamente como un género legítimo y respetable dentro de la música (Justin Timberlake, Missy Elliot, Kylie Minogue), quedé más hechisado con el tradisionalismo reconfigurado de los Whites Stripes y con “Dead Leaves” – cada vez que siento el crujir de hojas secas debajo de mis zapatos, me transporto a un mundo de efectos caseros y proyecciones en paredes donde con menos se puede decir mucho más.

Recientemente me encontraba comiendo junto a mi hermano en La Jamberguera de Hato Rey cuando sentí la melodía de “We’re Going to Be Friends” por el sistema de sonido del lugar. Entre llamadas a los clientes para que pasaran a recoger sus órdenes, Jack cantaba “Fall is here, hear the yell / back to school, ring the bell / brand new shoes, walking blues / climb the fence, books and pens / I can tell that we’re going to be friends” – y aún con las imágenes frescas en mi cabeza de policías repartiendo macanazos a diestra y siniestra entre estudiantes que le hacen frente al gobierno por su educación, me era imposible aguantar una sonrisa y pensar que más música como ésta le hace falta a Puerto Rico.

De las aventuras de Jack White seguramente seguiremos sabiendo por muchos años; Meg White quizás permanezca fuera de la luz pública. Mientras tanto, The Whites Stripes serán recordados por su esquema de colores, por emparejar de manera tan perfecta los ritmos rudimentarios de Meg con el virtuosismo musical de Jack y por sus explosivos conciertos – pero sobre todo por haber grabado música desde el corazón: jovial, desafiante, vulnerable, festiva, honesta y llena de pasión. Ahora es que nos toca verdaderamente celebrar la música que nos dieron. Como leen las últimas palabras del comunicado oficial de la banda: “La belleza del arte y la música es que pueden durar para siempre si la gente así lo desea.” Los White Stripes pertenecen ahora a nosotros – démosle vida eterna.

NOTA: Este ensayo contiene partes publicadas previamente en PuertoRicoIndie.com.

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Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.