Visión 20/20: Café Tacuba en San Juan

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Yo supongo que no todo en la vida puede ser como un concierto de Café Tacuba.  Las razones que se me ocurren son dos: 1. El cuerpo humano no está lo suficientemente capacitado o evolucionado como para tolerar y manejar toda la energía que se crearía. 2. Si un concierto de Café Tacuba fuese algo rutinario, perdería la magia, ¿no?  De todos modos, no titubeo en considerarme fanático de Café Tacuba, y yo soy persona que detesta el fanatismo.  Pero pocas cosas en este mundo se acercan a lo sublime de vivir un concierto de ellos.

La función del jueves, 11 de junio, como parte del tour 20/20 (Veinte Años, Veinte Ciudades) se dió en el Anfiteatro Tito Puente en San Juan – para recordar buenos tiempos – y demostró de una vez por todas que Café Tacuba no tiene igual, y no tan sólo en español.  Verlos en vivo es una experiencia trascendental; renuevan el espíritu a través de su espectáculo, que es mucho más que sonoro (aunque pocas veces un concierto tiene el sonido tan impecable como lo tuvo esa noche).

Lo que hace grande al Café Tacuba, lo que lo enaltece, es su relación directa, sincera y real con su música, sus fans, y el “momento”.  Su pasión.  Cuando Cosme; sí, mi primer disco de los tacubos fue Re en el ’94 y cambió mi vida.  Por tal razón, Rubén siempre será Cosme para mí.  Pues, cuando Cosme miraba hacia el público, cuando nos sonreía su sonrisa sincera y entablaba conversaciones, se establecía firmemente la aceptación de su rol dentro del convenio “músico-fan” – ese contrato sin palabras que todos firmamos para poder vivir un presente rodeado de notas musicales y cuerpos sudados.

“No soy puto, pero te aaaaaaaamo!”, grita una voz masculina, mexicana, desde la multitud al frente de la tarima, la lisonja dirigida a Cosme.  Él hablaba sobre sus previas experiencias en la isla pero no pudo esconder su sonrisa ante el comentario.  Es ese tipo de confluencia entre todos los elementos – los elementos que componen una noche de concierto – que hacen que Café Tacuba exceda expectativas (las cuales ya estaban altas al comienzo).  La manera en que manejan y controlan las energías revueltas en el ambiente, esas mismas energías que ellos han desatado, los convierte en alquimistas de emociones y de sentimientos. Se dejan llevar, obligándonos a hacer lo mismo. De otra manera no cuenta.

Pudiese describir más sobre el show.  Pudiese escribir sobre las coreografías, sobre el mosh exclusívamente de mujeres organizado por Cosme, sobre él mismo adentrándose en una estructura transparente inflable a la izquierda de Meme y detrás de Joselo para cantar ‘Encantamiento inútil’ y luego trepándola para cantar encima de ésta ‘El espacio’.  (APARTE:  Par de canciones después, Meme se tiró el back-to-back de “Quiero Ver” y “Eres“; el sentimiento que demostró al cantar la segunda me llegó.  Si seguido hubiese entonado “Avientame” me hubiesen destrozado por completo pero decidieron cambiar el tono y arrancaron con “Chilanga Banda”, thank god.  FIN DEL APARTE).  Pudiese escribir sobre el pelo de Cosme, sobre la perfección de “Volver a comenzar“, sobre el buddha que les enseña por cuales caminos NO andar, sobre el llamado a alimentar a nuestras mascotas y practicar la autosuficiencia.  Sobre el último mosh de despelote para sacudirnos todo lo que nos quedaba por dentro.

Pudiese escribir sobre mucho.  Pero ya, basta.  Al fin y al cabo solo hay que recordar una cosa.  Café Tacuba es magia; las palabras nunca le harán justicia.

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Gracias a Eifersucht por sus fotografías del show.  Pueden visitar su blog aquí!

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