Reseña: Dunkirk

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Por: Gabriel Serrano Denis
Especial para PuertoRicoIndie.com

“In this world, a man, himself, is nothing. And there ain’t no world but this one”.
–First Sgt. Edward Walsh, The Thin Red Line (1998)

El cine de guerra, en paralelo con el cine de horror, se ha beneficiado a lo largo de la historia de los cineastas que han decidido moldear el género a su gusto. Sergei Eisenstein, Jean Renoir, Gillo Pontecorvo, David Lean, Francis Ford Coppola, Michael Cimino, Stanley Kubrick, Oliver Stone, Jiang Wen, Steven Spielberg, Ridley Scott, y Terrence Malick son algunos de los directores que han cambiado la manera de representar la guerra en el cine en sus respectivos contextos. Spielberg, por ejemplo, con Saving Private Ryan (1998), nos tiró en las trincheras, donde las balas y la sangre eran personajes tan vitales como Tom Hanks y Matt Damon. Esta película cementó la manera de representar el conflicto bélico en el cine con técnicas cinematográficas nunca antes experimentadas, por lo cual nacen las replicas de guerra sangrienta y visceral de la pasada década. Pero existen filmes de guerra sin clasificación, experimentaciones con forma e intención que otros cineastas difícilmente podrían replicar debido a su visión única. En este espacio existe Dunkirk, la nueva película de Christopher Nolan que nos tira en medio de una batalla con la intención de enfrentarnos como nunca antes al horror de la supervivencia.

Dunkirk, como Nolan mismo ha mencionado, se acerca a la batalla de Dunkerque en Francia durante la Segunda Guerra Mundial como una historia de supervivencia más que una película de guerra. Por tal razón, cuando Nolan programó un ciclo de cine en el British Film Institute con las películas que lo influenciaron al realizar Dunkirk, incluyó el clásico de horror Alien (1979). Contando la historia de unos 400,000 soldados británicos y franceses atrapados en la costa de Dunkerque en Francia, acechados por un enemigo que solo perciben cuando es muy tarde para escapar de sus bombas, y cuya única esperanza yace al otro lado del mar, no resulta tan difícil entender por qué la influencia del horror aislado de Alien es tan marcada en Dunkirk.

Este horror se vive desde varias perspectivas a través de personajes en distintas situaciones y espacios geográficos, el objetivo de permanecer con vida su denominador común. En Dunkerque, Tommy (Fionn Whitehead) busca escapar de la playa de cualquier manera, aliándose a otros soldados igualmente desesperados en el proceso. En el mar, Mr. Dawson (Mark Rylance) junto a su hijo Peter (Tom Glynn-Carney) y su ayudante George (Barry Keoghan) zarpan desde la costa de Inglaterra junto a otros botes privados en un intento orquestado por la Marina Real británica para rescatar a los soldados atrapados. Desde arriba, tres aviones se dirigen hacia Dunkerque para brindar apoyo aéreo mientras desalojan la playa, uno de ellos piloteado por Farrier (Tom Hardy). A pesar de poseer tantos personajes, Nolan, como escritor y director, tiene como meta más bien sumergirnos en una situación que proveer gran desarrollo emotivo para cada uno. Esto podría resultar en una película demasiado objetiva y simplista, pero el guión da espacio para que las complejidades de cada personaje se materialicen sutilmente a través de sus acciones básicas y humanas ante la desesperante situación.

De esta manera, Nolan profundiza en las observaciones humanas que solo se asomaron en escenas dispares en Interstellar (2014) y que nunca se manifestaron en The Dark Knight Rises (2012). Cada hilo narrativo cuenta con su propia dosis de tensión y suspenso, y en esta ocasión el director decide privar a sus actores de diálogos extensos y de escenas tradicionalmente dramáticas. Fionn Whitehead exhibe gran talento en su debut cinematográfico, su expresión dura y desensibilizada el ancla de su actuación. Mark Rylance con su impresionante naturalidad y fisicalidad refleja con su mirada un hombre con historia y determinación, al igual que Kenneth Branagh en un rol pequeño pero emotivo. A estos se suman James D’Arcy, Cillian Murphy, Aneurin Barnard y Harry Styles, con actuaciones igualmente naturales marcadas por un miedo tangible que se manifiesta en las expresiones y la presencia física de cada personaje.

Añadiendo al horror, Nolan emplea una narrativa no-lineal para contar su historia, pero su juego con el tiempo va atado a la tensión que se sostiene impresionantemente a lo largo de la película. No es un rompecabezas para armar como Following (1998) o una manera de confundir y manipular como lo hizo en Memento (2000). La fragmentación aquí ayuda a la audiencia a experimentar el horror sin la necesidad de sangre o víscera. La edición desestabiliza pero nunca confunde, brincando de personaje en personaje lógicamente pero siempre atento a mantener la tensión y el suspenso en niveles violentos. A la misma vez, la música se entrelaza con el diseño de sonido para intensificar la sensación de atrapamiento que sufren los personajes. El tic toc de un reloj, el motor de un avión acercándose, el estallo de una bomba, todo se convierte en una herramienta para el compositor Hans Zimmer, quien establece un ritmo desesperante y agotador. Finalmente, la cinematografía de Hoyte Van Hoytema captura el momento más caótico con un ojo natural que trae a la mente las fotografías del evento histórico, mientras que, como en un filme silente, logra plasmar el peso y sufrimiento de cada personaje, ya sea en tomas amplias o en primer plano, con claridad y precisión. Sus visuales nos sitúan en un espacio monumental y a la vez claustrofóbico, así ayudando a los demás elementos de la película funcionar efectivamente.

La visión singular de Christopher Nolan sin duda alguna guía a Dunkirk a ser la experiencia única que prometió, por lo que la película ya ocupa su lugar como una de las mejores en la historia del cine de guerra. Como The Thin Red Line (1998) de Terrence Malick, uno de los clásicos del cine contemporáneo, Dunkirk se destaca por ser imposible de imitar o replicar. Aunque difieren enormemente en estilo e intención, ambas son, al final del día, filmes experimentales realizados dentro los grandes estudios de Hollywood. Dunkirk va más allá al presentarse como un “blockbuster” de verano, pero esto es solo una ilusión, una manipulación digna de los enredos que Nolan confeccionó en Memento, The Prestige (2006), e Inception (2010). Dunkirk es un experimento narrativo y visual con rastros del cine de horror que explota todo aspecto del arte cinematográfico para brindarnos una experiencia llena de acción, tragedia, y esperanza

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