Alegría Rampante en el Tapia: Héroes del Reino Marciano

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Como despertar de un sueño lúcido compartido. Así se sentía el día siguiente tras la velada de Alegría Rampante en el Tapia, dos intensas noches llenas de rock transgresivo y trascendental que marcan el final del primer ciclo musical de esta joven banda, cuyo álbum debut, Se Nos Fue La Mano, fue lanzado hace poco más de un año. Bajo la dirección del cantante y compositor Eduardo Alegría, la puesta en escena le hizo justicia a esas canciones que ya muchos nos sabemos de memoria, aprovechando el momento para abundar sobre sus cualidades más teatrales desde uno de los antros de las cultura popular puertorriqueña. Se trataba además de una especie de ouroboros conceptual, trazando la genealogía del proyecto desde sus comienzos en la obra Esquina Periferia a la formación de Alegría Rampante y la grabación de Se Nos Fue La Mano, y de vuelta al teatro.

Aún conociendo estos parámetros, es difícil entender lo acontecido en las noches del viernes y sábado pasado dentro del histórico Teatro Tapia del Viejo San Juan –nombrado en honor al dramaturgo y padre de la literatura puertorriqueña, Alejandro Tapia y Rivera– como otra cosa fuera de un nuevo comienzo. Se estrenaron temas, cierto, pero más allá de eso, se trató de un llamado a las armas del arte; una apuesta a la creatividad, la unión y el amor. Al atrevimiento de ser y sentir. Con empeño. Con propósito. Una celebración merecida, sí, pero también el estallido al comienzo de una estruendosa carrera.

En sus marcas, listos…

Mima en el Tapia.

Mima en el Tapia.

Una figura enmascarada tomó su lugar en tarima a la derecha del público, haciéndole trompetillas a los presentes; las manos en alto, su actitud una mezcla entre resignación y desafío. Vestía de militar, y además llevaba puesta una máscara alargada, con la imagen de un rostro sorprendido, hecho trizas de papel. A la mano una guitarra acústica y una pila de libros sobre una silla de donde trepó el pie izquierdo para brindarle apoyo a su instrumento. Dejando entrever un poco de su rostro tapado aún con gafas –su máscara sirviéndole ahora de sombrero o una especie de pico– Yarimir Cabán, mejor conocida como Mima, soltó otra trompetilla más.

Y así fue que dio paso a la primera de un trío de canciones, invocando a través de sus vocalizaciones una energía salvaje –el “ñam ñam ñam de las quijadas”, aullidos, ladridos y otros cantos del reino animal. Su identidad ya completamente revelada ante la audiencia, Mima contó sobre una cantautora italiana llamada Mina de quien se apropió una canción, imaginándose el contenido de las letras “porque no entendía lo que decía” en su lenguaje original. Tras instar a los presentes a formar parte del coro –“y ahora las plantas cantan asíiiiiiiiiiii…“– Yarimir dejó el escenario habiéndonos transportado a un espacio musical mágico, lleno de posibilidad.

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Héroe del Reino Marciano

Acto seguido se deslizaba hacia el centro desde el lado opuesto un Eduardo Alegría disfrazado de robot. Como Transformer de cartón que ha visto mejores tiempos, se acomodó a paso de cangrejo entre el telón y su micrófono. Allí lo iluminó un foco redondo, mostrando su maquillaje de Bowie boricua, edición espacial. Enfrentando su primera ola de aplausos de la noche, Alegría entonó con voz titubeante una versión más delicada de “Hoy Marte” –corte que da comienzo a Se Nos Fue La Mano— acompañado de un piano aún invsible. La canción, una especie de despedida triunfal a sus años como parte del legenderio grupo de pop alternativo Superaquello, apuntaba dentro de este contexto hacia un futuro más incierto. “¡Fuimos héroes del Reino Marciano!”, nos cantaba el robot antes de escurrirse otra vez por donde mismo había salido. ¿Y ahora… qué?

El sonido de una escoba amplificada ofrecía la primera clave. Se alzaba el telón para revelar al Tapia como nunca antes visto, completamente desnudo, mostrando hasta las tripas del teatro. El Custodio, personaje interpretado por el artista Rafael Vargas Bernard y quien acompañaría a Alegría Rampante a lo largo de la noche, barría con su escoba eléctrica en el medio del salón, rodeado de instrumentos y micrófonos. Se unieron a éste los músicos Kristian Prieto (Harry Rag) en la guitarra y Arturo Vergés en el trombón para una versión instrumental de “Poneletreros”, parte del “Interludio Retorno” de Se Nos Fue La Mano. Entonces hicieron su entrada los demás músicos de la banda, William Román (guitarra), Juan Antonio Arroyo (bajo) y Nitayno Arayoán (batería), a los que se sumaban también Daniel Ramírez (trompeta) y Bebo Rivera (teclados) en su versión extendida para esta ocasión especial. Y por supuesto, Eduardo Alegría, ahora vestido con una chaqueta intervenida combinada con su cara multicolor.

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Eduardo Alegría

“Antebellum” sirvió como introducción a la potencia musical que Alegría Rampante mantendría a lo largo de dos horas en el teatro –un tema no inluído en el álbum debut del grupo, pero sí representativo del periodo de su gestación; preludio a nuevas batallas por comenzar. Le siguieron en este primer acto la mayoría de los temas que componen Se Nos Fue La Mano: “Cícero” (dedicada a los jóvenes herederos de un mundo cruel), “Hotel Puercoespín”, “Un cuarto más pequeño”, “Esquina Periferia”, “Ivelisse”, “La iguana en la ventana” (precedida por un baile eléctrico cortesía del Custodio) y “El recipiente / Tsunami”. Todas se tocaron con gran intensidad y pasión, recibiendo alguno que otro toque peculiar en su interpretación teatral. Cabe destacar al grupo de coristas disfrazados –Los Personajes– introducidos como huéspedes del Hotel Puercoespín: Ezequiel Díaz, la cantante de ópera Ana Deseda, y los cantautores José Iván Lebrón Moreira y Nancy Millán. El cierre de esta primera mitad de la presentación se dio con Eduardo al piano interpretando el nuevo tema “Capitana”, compuesto recientemente para el debut cinematográfico de la directora puertorriqueña Carla Cavina, titulado Extraterrestres.

Todo en orden. Todo en su sitio.

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La Diva Tarde

Una vez aliviada la tarea de hacerle llegar los éxitos a una fanaticada dedicada, el espectáculo tomó un giro marcado hacia lo inesperado en su segundo acto. Desde el balcón izquierdo, el performero Freddie Mercado, regio en su ajuar como “La Diva Tarde” –un claro homenaje a Felisa Rincón de Gautier, Doña Fela, la primera mujer alcaldesa de una ciudad capital en todas las Américas– saludaba a los presentes. Desde allí recitó las letras del tema “Ogi no Mato”, que narra la destrucción de un clan japonés a manos de sus adversarios, una referencia críptica al clásico filme de ciencia ficción, Blade Runner (1982). Una vez concluida su intervención, Doña Fela pasó al rol de espectadora, reaccionando a lo ocurrido en tarima desde su balcón por el resto de la noche.

Habiendo ya cedido parte de su estrella a La Diva Tarde, Eduardo acompañó desde el piano a Los Personajes en su interpretación de “El Muletas”, sin duda uno de los temas más beneficiados por su transplante al teatro (en la grabación original del mismo se simula una puesta en escena). Subtitulado “Está chévere ser raro”, este suite de canciones incluyó además el clásico de Superaquello “Farifo”, de donde se desprende la frase. La misma fue introducida por Eduardo con característica picardía, guiando a la banda antes por una versión descartada de la canción, que dizque aspiraba a ser himno para la comunidad LBGTT en aquel entonces. Con un vozarrón de anuncio de campaña anti-drogras de los ochentas, Alegría entonó con un guiño aquella visión abandonada que proponía destruir el patriarcado “teniendo sexo anal”.

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Macha Colón y Eduardo.

Tras ese estallido de algarabía, aplausos y risas subió al escenario la explosiva Macha Colón (Macha Colón y Los Okapis) –haciendo su aparición, cencerro en mano, desde la audiencia. La Macha acompañó a Eduardo en el nuevo tema, “Todo en su sitio”, un festín a la “Love Shack” tan necesario en estos tiempos de grandes preocupaciones y adversidad. Le siguió otro anticipado dueto, ahora con Fofé Abreu de Circo y Fofé Y Los Fetiches, titulado “Jirafa”. Mientras Alegría observaba al público desde unos binoculares, de atrás en el escenario emergía Fofé, caminando como cuadrúpedo con ayuda de unas muletas, símbolo visual rescatado del principio de acto. De fondo resplandecían las guitarras, reminiscentes de Nile Rodgers en “Let’s Dance”. El momento hizo evidente la relación sin igual que existe entre estos dos talentosos artistas e intérpretes, quienes entrelazaban sus singulares voces con gusto y afecto, guiándolas a su inolvidable desenlace, el estribillo “sólo queda resistir”.

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Fofé Abreu en “La Jirafa”.

Y aún así quedaba más. Quedaba el llanto al que aún no logro escapar cada vez que escucho los desgarradores temas “Por ahora camino sólo” y “Amonti”, dedicados al queridísimo primer perrito que tuvo Eduardo. Monti, enterrado realmente en un lugar cercano y simbólicamente ahora allí en el teatro. Homenajeado en canción y también en un cuadro, pintando sobre un fácsimil razonable del Flaming June que colgó del Tapia dos noches corridas. Ese humor perverso es precisamente uno de los elementos que destaca el trabajo de Alegría y lo hacen una voz singular para nuestros tiempos. La complejidad del momento –tan épico, real y mítico, algo ridículo, testarudo, pero tierno– se manifestó en emociones reales, evidencia de éstas siendo el silencio sepulcral que emanaba del público. Nosotros nos secábamos las lágrimas y a Eduardo se le regaba el maquillaje.

También quedaba el disco-funk de “Un soldado”, en donde brilló su falsetto. Y el “Poneletreros”, servido como sermón de Domingo en su versión más dantesca y rockera, con todo y alba con sotana remendada, hablando en lenguas, libro en mano, el mensaje claro y contundente: “Se les fue la mano. Se nos fue la mano”. Y quedaba “Alucinando al Máximo”, que con todos los músicos en escena –incluyendo nuevamente a Mima, Macha y Fofé– daba por terminado el repertorio de Se Nos Fue La Mano en un tono más celebratorio pero igual de irreverente. Pero quedaba también algo más…

Génesis

Con las luces del escenario fíjadas en la figura de Eduardo Alegría, una bola de discoteca descendía sobre éste. La tomó en su mano y con un movimiento leve de la muñeca le hizo dar vueltas, llenando la casa de destellos de luz. Fue así que entonó finalmente el tema “Génesis” del compositor Guillermo Venegas Lloveras, para el asombro de los presentes. Interpretado originalmente por una de nuestras voces nacionales, Lucecita Benítez, el bolero también ganaría la primera edición del Festival Mundial de la Canción Latina, transmitido en México en el 1969. Para esta versión, Alegría Rampante intercalaba un pasaje musical del éxito de la era del disco “I Remember Yesterday” de Donna Summer. En ese preciso momento fuimos todos testigos del maravilloso poder del artista. Eduardo nos cantaba de un comienzo, desatando toda la magnífica fuerza de su voz, mientras su banda nos hacía mover entre el ayer y hoy, brincando de tiempo en tiempo. La bola de cristal sobre el escenario daba vueltas, hipnotizándonos con su movimiento astral. Cautivos. Contentos.

Todo esto podría no haber sucedido. Igual puede que jamás se vuelva a repetir. Ambas verdades se desprenden y dependen de nosotros. A aquellos que sí tuvieron la dicha de asistir al evento, espero que este escrito les ayude a conservar mejor el recuerdo; y a aquellos que no, espero que les ayude a visualizarlo. A aquellos que tuvieron que ver de alguna manera u otra con el espectáculo –mi entero agradecimiento. Alegría Rampante abrió en el Tapia una caja de Pandora llena de preguntas sobre la música y el teatro, sobre nuestra cultura popular, sobre nuestro rol en ella, sobre la Escena Nacional del Rock™, sobre el género, sobre la igualdad, sobre la lucha y el amor, sobre nuestro futuro inmediato… “El año que viene, viene peor”, nos asegura la prima de Eduardo en “Alucinando al Máximo”. Y tiene razón. Sabemos que tiene razón. Se acercan tiempos difíciles: medidas de austeridad, juntas de control, nacionalismo blanco, injusticias, miedo y ansiedad. Debemos estar listos. ¿Qué mejor manera de entrenar que con Alegría Rampante? Solo queda resistir.


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EN EL TAPIA

1. Hoy Marte
2. Poneletreros (Interludio)
3. Antebellum
4. Cícero
5. Hotel Puercoespín
6. Un cuarto más pequeño
7. Esquina Periferia
8. Ivelisse
9. La iguana en la ventana
10. El Recipiente/Tsunami
11. Capitana
12. El Muletas
13. Farifo
14. Todo en su sitio
15. Jirafa
16. Por ahora camino solo
17. Amonti
18. Un soldado
19. Poneletreros
20. Alucinando al Máximo
21. Génesis / I Remember Yesterday

Encores
22. Armando
23. Matorral

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Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.