Reseña: A Hologram for the King

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Escuchar el bajo de “Once In a A Lifetime” de los Talking Heads al comienzo de A Hologram for the King parece buen augurio para una película cuyo guión se basa en una novela de Dave Eggers. Sin embargo, pronto las letras de la canción –algo alteradas aquí y recitadas por Tom Hanks– son robadas de cualquier sutileza por el director de Run Lola Run, Tom Tykwer, cuando una nube violeta hace esfumar ambos la casa (“This is not my beautiful house”) y mujer (“This is not my beautiful wife”) en cuestión. Ese comienzo señala a posibilidades que nunca se cumplen –un problema recurrente a través del filme.

En A Hologram for the King Alan Clay (Tom Hanks) está sufriendo una crisis de identidad. Viaja a Arabia Saudita con el propósito de vender hologramas para usarse en tele-conferencias para el rey (premisa que pudo haber sido mejor manejada para llevar algún punto a colación, lo cual no sucede de manera del todo satisfactoria). Clay tiene una supuesta cita con el líder, gracias a haber conocido cuando joven a su sobrino, una relación tenue basada en un encuentro casual.

Resulta que Clay había trabajado para Schwinn. Las bicicletas perdieron su posicionamiento en gran parte porque Clay entendió que su construcción en China sería beneficiosa para la compañía, lo que resultó una movida incorrecta. Clay hundió a Schwinn, perdió su matrimonio y ahora depende de que este negocio con el rey saudí funcione para poder sufragar los gastos universitarios de su hija, quien ha tenido que ponerlos en hold y ser mesera en el ínterin. Su ex esposa no vacila en dejarle saber lo poco que piensa de él y su sentido de frustración ante su incapacidad para sufragar dichos gastos le tiene deprimido y, sin embargo, decidido debido a que su hija confía en sus capacidades.

Cada mañana Clay se levanta demasiado tarde para sus supuestas citas con el rey o el equipo del rey en el desierto, donde una ciudad se busca construir de la nada. No teniendo una licencia de conducir internacional, el hotel le asigna un chofer (Alexander Black). La oportunidad de tener un personaje secundario interesante se pierde en nimiedades tales como qué tipo de música anglosajona pueden escuchar juntos (Clay dice no a Chicago, sí a Electric Light Orchestra).

En sus visitas a recepción en el edificio en el medio de la nada, se le ignora día tras día, mientras su equipo IT está tratando de laborar en una carpa sin conexión al Internet. Clay sube subrepticiamente a las oficinas de los ejecutivos cuando la recepcionista ha de tomar una llamada y habla con una empleada danesa (Babett Knudsen) quien le va revelando que su faena lo más seguro ha de ser infructuosa. Esta le da una ventana al mundo tras las puertas saudí, donde encontrar noches de jerga, alcohol y romance es (tal vez) posible. Hay en este proceso un cambio en el personaje de ser un extremadamente afable a uno más resoluto y decidido.

2016-AHologramForTheKing-Poster-300Además de su depresión, Clay tiene lo que aparenta ser un tumor que le preocupa y sirve como reflejo de su presente estado. Al tratarlo, conoce a la doctora Zahra Haken (Sarita Choudury) quien habrá de atenderle y ser una puerta más clara a una cultura ajena a él – no es un pez fuera del agua, es un pez en el desierto (el director siempre muestra a Hanks sacando copiosas cantidades de arena de sus zapatos de trabajo antes de ducharse).

Clay eventualmente logra hacer su presentación ante el rey, lo cual parecía ser una imposibilidad. No voy a discutir los resultados de esa reunión porque me parece debo dejar algo al espectador que decida aventurarse a ver la película.

Unas escenas bajo el agua de Hanks junto a Choudury son de las mayores gracias de la película, en gran parte porque están filmadas de manera expansiva y clara, pero más que nada por la presencia de la actriz, que con poco material logra dar fuerza a un personaje que quisiéramos conocer más. Hanks, por su parte, nos da un pathos light que es muy él. Ésta es una película cuya premisa pudo haber funcionado, pero sigue quedándose corta. Para todos los que llegamos a cierta edad y hemos conocido el fracaso, la misma es una distracción menor. Para un público más joven, tal vez no lo sea en lo absoluto.

A Hologram for the King se exhibe en las salas de Puerto Rico a partir del jueves, 9 de junio.

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Escribo sobre música, arte y derecho. Un cassette de Sonic Youth me cambió la vida a los catorce años. Sigo enojada con Thurston. Me tomo las cosas personalmente.