David Bowie – “Blackstar”

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Qué sensación extraña, eso de echar una lloradita tras la muerte de una celebridad. Más aún cuando sabes que han vivido una vida privilegiada a plenitud, celebrando logros tan épicos que a veces se vuelven abstractos y saliéndose con la suya de alguno que otro pecado (por no decir crímenes) por los que muchos han perdido y aún pierden su libertad. Sex, drugs, and rock & roll.

Dos días luego de haber lanzado su vigésimo quinto álbum de larga duración, el desafiante y espectacular ★ (Blackstar), se anunció escuetamente desde la página oficial de David Bowie que el artista había sucumbido al cáncer tras 18 meses de lucha. Pocos se lo sospechaban, pero de momento el nombre del disco, sus temas y sonidos, el empaque, los vídeos musicales –TODO, TODO, TODO– hacía sentido de manera obvia y escalofriante. Dos días más tarde se me salían las lágrimas escuchando por vigésima quinta vez, ahogado en el mar de saxos y ritmos sincopados de la lúgubre “Blackstar”, la repetición de la frase “I can’t give everything away” que le sirve de cierre al disco calando hondo en mi corazón.

¿Pero por qué llorar a David Bowie? Apenas enterraban a Lemmy de Motörhead, otro gran músico inglés muy influyente. El excelentísimo actor Alan Rickman también se despidió hace unos días –con la misma edad que Bowie, 69 años, y también de cáncer. Aunque disfruté del trabajo de ambos, a ninguno lo lloré.

En Facebook, una ilustradora local se mofaba con un “¿Quién es Bowie?” indiferente. Reacción perfectamente aceptable, cada cual con sus gustos y eso… Pero, aún así me puse a pensar en cómo se lo explicaría. Pues sí, era un talentoso músico y performero, pero más que nada Bowie fue el Jack Kirby de la música –un creador de mundos y personajes icónicos, de gran impacto cultural, cuyo(s) estilo(s) abrió paso a generaciones de artistas inspirados por su trabajo innovador. Ambos lograron capturar la imaginación de los incomprendidos y marginados, dándoles fuerza con su arte. La idea de que una identidad alterna podría desenmascarar otras partes de tu ser igual la absorbes leyendo X-Men que viendo a Ziggy Stardust tocar la guitarra.

Mirando a Bowie de esta manera, podemos concluir –sin exagerar– que se trata de la muerte de un dios. Si bien podemos imaginarnos que ★ representará de ahora y para siempre el punto final en la obra de David Bowie, el día de su lanzamiento, el pasado 8 de enero, lo sentía como el comienzo de una nueva etapa en la vida del músico. De hecho, la llegada del álbum coincidía con otro cumpleaños más para Bowie… ¿Qué psíquico estaría pensando ese día en su muerte?

Mi acercamiento al disco y su temática lo fue como el de un explorador adentrándose a un nuevo mundo –aceptando el reto de otra aventura, como cuando en el ’97 le cogí prestado a mi hermano mayor su CD de Earthling, cautivado por la chaqueta del Union Jack diseñada por Alexander McQueen en la portada. Pero a diferencia de ese otro trabajo, el sonido experimental de ★ es uno medido, acertado, maduro –vital. La emoción compartida por algunos de mis compañeros también era palpable, con varias fotografías del vinilo apareciendo en mis redes sociales –pequeñas muestras de devoción cada vez más raras en el mundo de la música. El primer candidato a mejor disco del 2016 auguraba un buen año. Más que nunca quería más de Bowie. Seguramente vendría más. “Qué tonto”, me decía apenas unos días después, llorando.

Hey man, I gotta straighten my face…

Algunos han decidido hacer sentido de la muerte de Bowie imaginándola como su último espectáculo; el dios musical orquestrando su partida hacia otra dimensión. Aparentemente esta búsqueda de control ante la inevitabilidad de la muerte es una preocupación generacional mayor con la cual nos seguiremos topando. Pero igual se ha reportado que a ★ podría haberle seguido otra colección de canciones –incluso cinco se habían comenzado a trabajar. Y es aquí que yace la verdadera tragedia: el arte de David Bowie seguirá salvando vidas, pero no pudo con su cáncer.

En ★ yo escucho esa batalla hasta la muerte en donde Bowie “can’t give everything away” –no porque no quiere, si no porque no pudo. De haber seguido viviendo, seguro lo hubiese intentado. ¡Si miren que mucho nos dio! Y es todo ese sacrificio lo que me parece digno de unas lágrimas.

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Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.