Reseña: Ex Machina

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Hace un tiempo atrás que solicitamos una reseña de Ex Machina al maestro de ciencias, poeta, colaborador de Puerto Rico Indie y fellow geek (¿o sería un Geek Fellow?) Miguel Adrover Lausell. La compartimos –al fin– a continuación a modo de cierre de año, Ex Machina siendo una de las películas favoritas del 2015. Para una entrevista reciente con Miguel sobre su poesía haga click aquí.

Vi la película hace más o menos un mes. Es de las que se queda dando bandazos en la mente, días después de verla. Tought-provoking es la mejor descripción. Hay opiniones de todo tipo, que van desde tirarle duro a Garland por perpetuar la bellaquera con las fembots, hasta reconocer que la película es bella.

Ava es bella; y no se puede negar que Ex Machina (Alex Garland, 2015) es la clásica fantasía nerd, en donde se encuentran el mito de Galatea y Pigmalión, Weird Science, 2001: A Space Odyssey y Blade Runner. De hecho, Caleb (Domhall Gleeson) y Ava (Alicia Vikander) me recordaron a Rachel y Deckhard mirándose a los ojos–

The eye is brown in a tiny screen. On the metallic surface below, the words VOIGHT-KAMPFF are finely etched. There’s a touch-light panel across the top and on the side of the screen, a dial that registers fluctuation of the iris. (Blade Runner, Hampton Fancher, David Peoples, 1981.)

La cita anterior, tomada del screenplay de Blade Runner, es una de las escenas más memorables en la historia de la ciencia ficción; es una iteración fílmica del Turing Test, vía Phillip K. Dick. La menciono porque el artificio que engrana todo el flair fílmico de Garland es su propia interpretación del famoso experimento. En Ex Machina, Caleb juega con Ava y Nathan (el Turing Test también es un juego)–

It is played with three people, a man (A), a woman (B), and an interrogator (C) who may be of either sex. The interrogator stays in a room apart front the other two. The object of the game for the interrogator is to determine which of the other two is the man and which is the woman. He knows them by labels X and Y, and at the end of the game he says either “X is A and Y is B” or “X is B and Y is A. (Mind 49, A. M. Turing, 1950.)

Nathan es dios-padre—un silicon valley god. En otras palabras, un techbro canalizando al Dr. Frankenstein y a Elon Musk. Sick & glorious Nathan, interpretado por Oscar Isaac, mi actor favorito en la película—‘macaracachimba’ se queda corto pa’ describir al creador de Ava –bella Ava, tan fucking creepy, Ava…

La cabeza de Ava es una cosa cabrona. Uno quiere tocar su piel; su oreja es háptica. No es difícil enamorarse a la Pigmalión, pues como mencioné anteriormente, Ex Machina toma tramas de la Antigua Grecia, la tradición fílmica sobre la inteligencia artificial y el wet dream colectivo que llevan teniendo los geeks con las ginoides, desde Weird Science

Let’s have one final test. Throw the switches. Here in this machine, I have discovered the great ray that first brought life into this world. Here’s the final touch […] the brain you stole, Fritz […] the brain of a dead man waiting to live again in a body I made. (Weird Science, John Hughes, 1985.)

¿Mencioné en algún momento que Ava es creepy? Hay que decirlo igual o más que ‘Ava es bella’; pues si Ex Machina señala nuestra atávica obsesión con la belleza, también acierta en recordar conceptos como uncanny valley. Esto se refiere al creepiness que le puede dar a uno por encontrarse con algo sintético que parece humano; o sea, sabemos que traquetear con esto de la inteligencia artificial no está bien–

Her maker, Japan based robot maker Kokoro, says that she is supposed to give patients a heightened sense of security. Actroid-F is very realistic, but actually, she is pretty creepy too […]  Actroid-F, which was billed as “the fist true android” by Guiness World Records, weighs just 30 kg and is 140 cm tall (in a sitting position). Wait a few years for her makers to reduce the mechanical and chopping motions, make her walk, and act more independently. (Actroid-F: Super Realistic Female Humanoid, TechCrunch, 2010.)

Nos falta mucho para llegar a lo que se presenta en la película de Garland, pero estamos empezando a dar indicios de que se puede. Y en la estela de estos indicios, podemos referirnos a Elon Musk, Stephen Hawking, entre otros, como voces que han hablado en contra de este traqueteo.

Dicho esto, Ex Machina es –entre un montón de cosas; todas ellas para su mérito– un cautionary tale estilizado; en donde la mayor parte del diálogo se da entre tres personajes: Caleb, programador; Ava, una ginoide; y Nathan, creador de Ava. Caleb gana un concurso para ir a la casa de Nathan, su jefe, quien le puso a su compañía Bluebook, pa’ que todo el mundo sepa que leyó a Wittgenstein

There is an objection to saying that thinking is some such thing as an activity of the hand. Thinking, one wants to say, is part of our ‘private experience’. It is not material, but an event in our private consciousness. This objection is expressed in the question: “Can machines think?” […] “Can a machine have toothache?” You will certainly be inclined to say: “A machine can’t have toothache?” All I will do now is to draw your attention to the use which you have made of the word “can” and to ask you: “Did you mean to say that all our past experience has shown that a machine never had toothache?” The impossibility of which you speak is a logical one. The question is: What is the relation between thinking (or toothache) and the subject which thinks, has toothache, etc.? (The Blue Book, Wittgenstein, 1958.)

De quién realmente dice mucho la referencia de Wittgenstein –también hay referencias a Pollock, Ghostbusters, etc.– es de Garland y su buen juicio. Y es que si hay un pensador apropiado para comentar sobre lo que es ‘lenguaje’, ‘mente’, entre otras ideas que piden clarificación, es Wittgenstein, uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Mucho de lo que pasa entre Caleb y Ava es a partir de lo que es comunicación y lenguaje. La ginoide de Nathan es producto de todas las interacciones que hay en la red –vía un motor de búsqueda que hace más o menos lo mismo que hace Google: algoritmos enhebrando significado; y según Wittgenstein, esto es precisamente lo que busca la mente humana: hacer sentido de la realidad.

2015-ExMachina-Poster-300La casa en donde vivirá y trabajará Caleb –que pudo haber sido diseñada por el filósofo mencionado en el párrafo anterior– también es un laboratorio. Aquí Caleb encuentra a su sujeto: una ginoide a quien entrevistará vía un Turing Test modificado. Contrario a la forma tradicional de hacer el experimento, en lugar de determinar si el sujeto es artificial o no, Caleb –quien también es sujeto del experimento, pues el Turing Test a quien realmente evalúa es a la persona más que a la máquina– ya sabe que Ava es artificial. La prueba real está en determinar si Caleb puede sentir empatía por una entidad sintética.

Ava es artificial. Caleb sabe que ella es artificial. Ella está encerrada en un apartamento. Nunca ha salido. ¿Haríamos lo mismo que hizo Caleb? ¿Es la empatía algo que puede trascender la interacción humano-humano? Estas preguntas están reverberando cada vez más en lo que va de siglo. Un ejemplo fílmico bastante reciente de ello fue la película Her. Aquí también tenemos a un hombre humano buena gente, enamorándose de una bella entidad artificial (todo el mundo sabe lo buena que está Scarlett Johanson).

Más allá de lo que es ‘empatía’, ¿Ex Machina señala lo fucked up que ha sido la relación hombre-mujer? Esto es otra dimensión de la película que también pide examinación.

Si no quedó claro por lo escrito en este ensayo, lo digo aquí, en su cierre: Ex Machina me encantó. Para mí es la mejor película en lo que va de año; promete ser tan clásica como lo que hizo Scott en los ochenta, o lo que hizo Kubrick en los últimos años de los sesenta. Sería un verdadero crimen si no digo algo de lo cabrón que está el OST de Ex Machina. Resultó de una colaboración entre Ben Salisbury y Geoff Barrow, de Portishead.

Cierro el cierre de este ensayo con la siguiente cita, que hace referencia a lo que hizo Google este verano: pusieron inteligencia artificial a soñar con perros-foca y bibliotecas de Babel–

American sci-fi novelist Phillip K. Dick once famously asked, ‘Do Androids Dream of Electric Sheep?  While he was on the right track, the answer appears to be, no, they don’t. They dream of dog-headed knights atop horses, of came-birds and pig-snails, and of Daliesque mutated landscapes. 

Google’s image recognition software, which can detect and analyze […] uses artificial neural networks to simulate the human brain […] Google engineers sought out to see what these artificial networks “dream” of […] (The dreams of Google’s AI are equal parts amazing and disturbing, Adam Epstein, 2015.)

Ex Machina está disponible actualmente para alquiler a través de varios de los servicios principales de streaming, al igual que a la venta en formato digital, DVD y Blu-ray.

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Maestro, lector y esposo. Amo y odio a Puerto Rico. El arte para mí es un tónico nietzscheano pues la realidad es kafkaesca.