Una reseña de Dillinger Is Dead

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Sweet is the vintage, when the showering grapes
In bacchanal profusion reel to earth,
Purple and gushing: sweet are our escapes
From civic revelry to rural mirth

Lord Byron

Hace unos meses atrás vi Dillinger Is Dead, de Marco Ferreri, vía el catálogo que ofrece Criterion Collection en Hulu — ¡que viva la burguesía emergente en los albores del siglo veintiuno!

La película salió a finales de la década de los sesenta; periodo que muchos de mi generación quisieron traer por los pelos con OWS & la huelga del 2010 en Puerto Rico. Muchos janguearon durante los sesenta con libritos de Mao en el bolsillo izquierdo. Supongo que no era raro oír a alguien recitar—a tó’ pulmón—la poesía de Amiri Baraka. En fin, este era un periodo rojo.

Ya mismo la película cumple 50 años & todavía impacta. La pienso tan importante como Salò, 8 1/2, entre otras joyas del cine italiano. Y es que en esta pieza hay poesía. Ferreri jugó como un poeta juega—hizo con cine lo que Cendrars hizo con lenguaje. Sin duda alguna, el juego es uno de los temas más importantes de la película. El director juega; su sujeto juega; la película es un juego.

Lo lúdico en Dillinger Is Dead es perverso, pues en los mejores & más divertidos juegos palpita la perversidad—un niño congelando lagartijos en un freezer, pa’ que estos sean dinosaurios encontrados por G.I. Joes en una expedición.

Hace todo el sentido del mundo usar el juego perverso en esta película, pues qué más atávicamente perverso—& juguetón—que el macho humano. Desde que fue bípedo por vez primera, hizo transacciones unilaterales con el poder—transacciones a fuerza de puños, azotes con huesos, azotes con obsidianas filosas, azotes con acero en melones, flechazos, plomazos…

En Dillinger è morto, el macho humano (Glauco) juega perversamente con mujeres—Ferreri no está diciendo nada nuevo, todo el mundo sabe que siempre ha sido así. El héroe de Ferreri es el macho más macho, el que más juega. Glauco—científico/ingeniero; harto de ocio; pletórico de poder & privilegio; casado con una bella esposa—vive lúdica & cómodamente. Juega cuando cocina; juega cuando seduce—espoileo demasiado si me pongo a decir cómo juega Glauco; por el momento, puedo decir que el héroe de Ferreri juega como la nueva iteración jipstérica hace arte.

Este macho es, por buena parte de la película, un tipo cool e interesante. Pero, poco a poco, la perversidad de Glauco (su síntoma) se va develando; se empieza a levantar el velo cuando el macho encuentra—envuelto en papel impreso con una columna sobre Dillinger—un viejo revólver. El héroe se encuentra con su mágico tótem; como cuando uno consigue la espada de madera en The Legend of Zelda (Miyamoto, 1985).

La pieza de Ferreri es un poema al cine—como muchas de las películas importantes de la época—y a la bella y perversa narrativa del deseo y el poder. En otras palabras, es un juego sádico entre director, cine, Glauco y la audiencia. Demás está decir que causó un revolú cabrón en la Europa sesentosa. No me sorprendería si hombres y mujeres abandonaron algunos de sus screenings. Uno se siente incómodo en varias escenas de la película. No pocos dirían—quedándose cortos por mucho—que la película es ‘fuelte’, como un plomazo…

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Michel Piccoli encarna al personaje de Glauco en Dillinger Is Dead (1969)

Hablando de cañonazos, ni Glauco ni Dillinger son los protagonistas de este filme. El privilegiado rol lo ocupa el revólver, hoyo negro de la galaxia que es Dillinger Is Dead. En la pieza de Ferreri, el revólver está cargado—literal y figurativamente—de frustración sexual, pues estoy casi seguro de que a Glauco no se le para.

Dicho esto, no veo difícil usar Dillinger è morto en algún currículo de posfeminismo radical; su filmoteca también pediría The Company of Wolves (Neil Jordan, 1984 – basada en un cuento de Angela Carter con el mismo título). Un ensayo de 20,000 palabras se necesita para aprobarlo—el mío se llama The Toothless Predator: Breast-Feeding as Sexual Assault.*

Dillinger è morto es incómoda, también incomoda. Provoca provocando.

El falo—o mejor dicho: su vacío, un vacuum, un hoyo—es el revólver de Dillinger, quien murió 35 años antes que saliera la película. Todo lo que carece Glauco está en el revólver de Dillinger—símbolo del badassness que el héroe de Ferreri no posee, pues el mafioso era glorificado por sus proezas ilícitas—las que mejor corresponden a la relación deseo/poder.

Ferreri usó la fuerza poética que hubo en la nueva ola del cine europeo—como el color rojo en momentos clave del filme, ‘mise en abyme’, entre otros artificios —pa’trolear el zeitgeist posmussolini, lleno de macharranerías vacías que el feminismo aún señala, pues todavía existen machos alfa con pingas mongas. 

Es justo & necesario ver esta película una vez al año, por los próximos 60 años.


* Cabe señalar que mientras escribo esto, Kiara Niarelys Tapia, boxeadora boricua, acaba de ganar una pelea por decisión en los Centroamericanos del 2014.

† Sufre, Yulín.

∞ Hay una película adentro de Dillinger is dead. También están Lord Byron y un ciclista—símbolos de lo que Glauco nunca será: nunca será un byronic hero, tampoco ganará épicamente una carrera.

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Maestro, lector y esposo. Amo y odio a Puerto Rico. El arte para mí es un tónico nietzscheano pues la realidad es kafkaesca.