The Song Remains the Same: Culmina ciclo de remasterización del legado de Led Zeppelin

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Por: Enrique Vélez
Especial para PuertoRicoIndie.com

Ya no sonaba igual. No la música en sí, claro –nunca menos gloriosa– si no los discos como tal. Y, no estrictamente hablando, los discos originales –aquellos vinilos clásicos donde, en su mayoría, esa música fue originalmente transmitida para una generación entera, y sobre la cual influyo desmesuradamente– si no su traslado al formato del mp3. Jimmy Page ya lo sabía.

Led Zeppelin re-editó y remasterizó su música para el formato digital por primera vez en el 1990, con la presentación de un compilado homónimo que reunía sus grandes éxitos en CD, y que luego fuera seguido por una segunda colección combinada con la cual se presentaba una gran parte de la obra del grupo en este nuevo medio. Y aun así, no fue hasta 1994 que se presentara la discografía entera de la banda, álbum por álbum, en disco compacto –lo cual supuso, para otra nueva generación, un primer encuentro con este mítico conjunto que ya había cambiado el rostro del rock, y la música en sí, para siempre.

Pero este nuevo formato digital, y el propio Page es el primero en reconocerlo, nunca le hizo verdadera justicia sonora al gigante que fue Led Zeppelin. Y no estamos hablando de cosa de puristas, ni de audiofilos. Lo cierto es que aunque en la década de los 90 el formato del CD fue casi obligatorio para un grupo de su jerarquía, el sonido a través del medio digital no era más que, en el mejor de los casos, un mero facsímil razonable del legendario conjunto –y, en el peor, una mera sombra. Cabe recordar que Page no sólo tomó las riendas del grupo desde su creación, sino que también ejercía control artístico absoluto sobre la producción de sus grabaciones. Y ha discutido, en numerosas ocasiones, la importancia que ejerció en los discos de Zeppelin el que a la batería se le permitiese “respirar,” –es decir, grabarla de una manera orgánica que resaltara tanto los matices como la majestuosa tormenta percusiva que brindara su también legendario baterista, John Bonham. Una cosa era pinchar la aguja y escuchar el estallido de Bonham en temas como “When The Levee Breaks,” donde parecía casi brotar de una caverna y asaltar los sentidos. Otra muy distinta era oprimir el botón de play en un CD Player o iPod y escuchar la misma gran música, pero con la leve impresión de que ésta brotase de una lata. Al menos, hasta ahora.

Cuando Jimmy Page anunció, a finales del 2013, que estaría reeditando y remasterizando la obra entera de Led Zeppelin nuevamente, para una variedad de formatos y registros en físico, parte de mí escuchó la noticia con cierto escepticismo. No era porque pensara que el poder ni la mística de la banda habían disminuido en lo absoluto. Led Zeppelin, a pesar de la enorme fama que acumuló en su no tan breve existencia (1968-1980) –a tal grado que llevó a críticos musicales de la época (con quienes mantuvieron siempre una notoria relación de resentimiento mutuo y secretismo) a acusarlos de haberle vendido literalmente el alma al diablo tanto a nivel comercial como metafísico– siempre me ha parecido un grupo musicalmente y artísticamente honesto. No empece a vender millones de discos, y haber adquirido una reputación simultáneamente infame en algunos sectores pero asimismo indudablemente admirada, sus discos son la representación de cuatro genios que juntos creaban una quinta esencia. Sin embargo, no sería cínico de parte de nadie percibir este nuevo empaque de su música como una mera trampa de marketing para no sólo reinventar la rueda sino revenderla. Pero cualquier duda que tuve se disipó como humo tan pronto escuché el intro de batería de “Good Times, Bad Times” –el primer corte en el primer disco de Led Zeppelin, Led Zeppelin I— en su nueva versión remasterizada. Y valga la aclaración, lo escuché en mi teléfono digital.

El ciclo remasterizado del catálogo de Zeppelin comenzó el año pasado el 3 de junio con Led Zeppelin I, II, y III. Los subsiguientes Led Zeppelin IV y Houses of the Holy aparecieron el 27 de octubre, y el titánico Physical Grafitti (siendo el único LP doble de la banda) le siguió un año más tarde, el 24 de febrero de 2015 –exactamente 40 años luego de su debut. El pasado 31 de julio se completó el ciclo con los finales Presence, In Through The Out Door, y Coda. Page, a cargo de todo el proyecto, ha hecho la música nuevamente disponible en prácticamente todos los formatos de uso actual –desde Spotify hasta nuevas ediciones en vinilo– la cúspide de ellos siendo los llamados Super Deluxe Edition box sets, una caja enorme y pesada que incluye la gama completa: desde libros detallados, B-sides, rarezas y versiones previamente inéditas de los temas, hasta las nuevas versiones de los discos de pasta y CDs cuya calidad sonora es comparable a la de producciones actuales.

La virtud de estas reediciones ha sido traducir efectivamente la magia de Led Zeppelin –música concebida y grabada en el medio analógico, para medios de reproducción analógicos– a la tecnología digital actual; las cintas master originales han sido transferidas a 192 kHz/24 bits y el resultado es una experiencia sonora digna del legado del grupo. Como menciona en recientes entrevistas promocionando el esfuerzo, Jimmy Page le ha dedicado estos pasados años de su vida a darle un nuevo aliento a las grabaciones de Led Zeppelin. Ha valido la pena.

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