Noches de electrónica salvaje en una isla oscura y tropical

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Por: Joel Cintrón Arbasetti
Especial para Puerto Rico Indie

Salvajes está tocando. A mi lado la gente se mueve como zombies electrificados o robots que solo responden a los botones que aprieta el dúo de música electrónica. En sus primeras presentaciones solían llamarse “Prepucio Galáctico” –en su vida cotidiana se llaman José Iván Moreira y Gerardo Segarra. Pero qué importan sus nombres ahora que actúan como Salvajes, sudando mientras manipulan pedales, samplers, cajas de ritmo, secuenciadores y teclados… No hay laptop. Es sábado, 24 de enero, estamos en El Local en Santurce y ésta es una de esas noches en que hay gente aglomerada, no para escuchar a una banda, si no para succionar electrónica sucia y extremadamente bailable.

De los performance de música electrónica en vivo que actualmente suceden cada semana en San Juan, seguramente Salvajes es de los más certeros en la ambición de querer hacer que la gente se rompa los huesos como cuando se entra al mosh de una banda punk. La combinación de los aparatos sonoros que usan Gerardo y José Iván denota cierta meticulosidad ‘tecnofílica’ y los géneros que abordan no pueden describirse con las etiquetas tradicionales de la música bailable –¿será techno, house, IDM, industrial, jungle o qué? Aquí hay mucho bajo punzante, glitches, resonancias, filtros y fragmentación –esquizofrenia pura.

Foto: Salvajes por Jaere, editada por José Iván Moreira

Foto: Salvajes por Jaere, editada por José Iván Moreira

Salvajes será un dúo ineludible dentro de la escena de música electrónica subterránea de Puerto Rico, pero existen decenas de artistas más, con variadas texturas, ritmos y colores. Hay solistas que se paran frente al público con tan solo una laptop, destilando beats que flotan junto a sus voces etéreas, sonidos ambientales y sintetizadores espaciales como en el caso de La Bajura, uno de los proyectos musicales de Derick Joel, también de los grupos GRLS, Dan Siego y Dogos –y conocido anteriormente como parte del dúo Youvultures.

Otro usa un teclado Korg con patch panel, un micrófono con pedal de efectos para alterar su voz y una guitarra eléctrica para solear sobre loops de samples rítmicos. Éste es un hombre bajito con chaqueta de cuero y boina negra que lleva por nombre Bairoa (Luis Valentín). Bairoa tocaba en El Local el viernes, 3 de abril como acto de apertura para la banda de rock Los Manglers, con la casa llena de un público que se dejó bañar de un sonido que evoca fantasías tecno-tropicales, como el bordear la costa en un Chevrolet Impala descapotado una tarde rosa del ’87. La noche siguiente, a pocos bloques de El Local, La Bajura se presentó en el club La Respuesta, donde fue colocado en una esquina de la tarima principal y donde en algún momento la banda que le seguía hizo soundcheck por encima de su set. En esas condiciones no mucha gente pudo apreciar la música diligente y sensual de La Bajura, pero en su Soundcloud hay cinco tracks que se dejan poner en repeat todo el día.

En el circuito de la música alternativa en Puerto Rico el nicho de la electrónica es una especie de underground dentro del underground. Compartir tarima junto a una banda –que suelen atraer a un mayor público– puede hacer tanto que la música electrónica brille, como también que se pierda por completo. En muchas ocasiones si hay algún tipo de música electrónica como parte de un show, se limita a un set que puede quedar relegado a música de entre medio, de fondo o de after party. Pero últimamente hay más y más presentaciones difíciles de obviar.

Una de esas presentaciones fue precisamente en La Respuesta, donde en la noche del 6 de enero tocaron Buscabulla y Los Wálters. Esa noche salí tarde y a paso lento desde la Parada 22 de Santurce, no esperaba que al llegar a La Respuesta hubiese una fila que formara una ele desde la puerta del club hasta su parte frontal en la Avenida Fernández Juncos. No pude entrar. Afuera quedaron decenas de personas, entre ellas Moreira, uno de los Salvajes. Nunca he visto a Buscabulla ni a Los Wálters en vivo, pero escuchándolos imagino que son de los grupos perfectos para bailar en una Respuesta llena hasta el tope.

Foto: Rebecca Kill, suministrada

Foto: Rebecca Kill, suministrada

Visión Nocturna

Aún antes de aquel exitoso concierto en La Respuesta, comenzaba un 2015 electrónico en la noche del 2 de enero en El Local con un set de Rebecca Kill, luego de la presentación de dos de las bandas más prometedoras de la escena local —Nosotro y Dada Berlín— y antes de que tocara la banda de Brooklyn Future Punx. Rebecca Kill comenzó a presentarse consistentemente durante el pasado verano. En vivo usa una laptop, un teclado y en ocasiones una guitarra eléctrica para reproducir lo que graba en largas noches de encierro e insomnio: melodías sintetizadas que van y vienen entre los 80’s y principios de los 90’s, beats pesados, rasguños de guitarras funk y bajos penetrantes. Sus temas están cubiertos de un hálito goth reforzado por el tono de voz oscura que oscila entre soul y pop. Todo parece diseñado para bailar en una fiesta romántica del fin del mundo.

Poco después de esa presentación en El Local Rebecca Kill desapreció de la ciudad y se recluyó en la montaña para grabar lo que podrían ser los mejores tracks de electrónica de este año. Desde que comenzó a tocar no había publicado música en ningún medio y se limitó a compartir vídeos de sus artistas favoritos y a escribir mensajes esotéricos sobre su propia producción musical en Facebook:

Detrás de todo habrá un mensaje oculto… esconder el mensaje es solo tarea de uno. Llegará de la nada como en un sueño, lo encontrarás, te asustarás, te hará sentir incómodo… la pregunta es… ¿Cuando encuentres el mensaje, crees poder descifrarlo? Para los que se pregunten por qué he dado varios shows y no he publicado nada de música online… es porque todavía estoy en proceso de escoger los temas indicados… Igual, qué más da… Solo el escogido podrá ver a través de Rebecca Kill.

El primer mensaje de Rebecca Kill apareció la noche gloriosa del 5 de abril bajo el nombre de “Visión Nocturna”. El tema forma parte de la edición número 30 del compilado Batiscafo, cuya quinta parte es dedicada a la música electrónica emergente. Esa compilación, curada por el también músico de electrónica Furry Vowels (también de GRLS, Dogos) es otra prueba de la ebullición electrónica que se vive en Puerto Rico, donde por décadas se ha elaborado esta práctica sonora global que sale de los dormitorios a estremecer rincones de la ciudad donde la prensa tradicional no asoma su oído. Mientras los medios masivos se limitan mayormente a difundir los grandes espectáculos de la industria de la publicidad, en el subterráneo se sigue creando y bailando sin importar quién deje de enterarse.

Foto: Jean Nada por Eduardo Martínez

Foto: Jean Nada por Eduardo Martínez

Viernes, 13 de febrero de 2015. En la librería Libros AC en Santurce se preparan para tocar Rosamalia y Jean Nada. Al mismo tiempo en la calle lateral de la librería la policía ha trazado una línea amarilla –custodian un cadáver encontrado en el baúl de un carro que llevaba días estacionado frente a unos edificios de apartamento. En Santurce, barrio capitalino asechado por buitres del mundo financiero como el inversionista Nicholas Prouty, el nivel de violencia y criminalidad es tan alto como el de las drogas, el alcoholismo y –para nuestra suerte– la buena música.

Mientras la policía espera a la fiscal para levantar el cadáver, en la librería seguimos celebrando la noche de las almas solitarias, en una fiesta anti-San Valentín con las vitrinas decoradas de corazones negros. Jean Nada (Giovanni González) monta la batería que toca de pie junto al sintetizador y el micrófono que usa para cantar en uno de los actos solistas más versátiles de electrónica en vivo en Puerto Rico. Apareció por primera vez en 2012 en el compilado Hi-Life con el tema “Nilsson”, un track de ritmo lento, funky y tribal, entrecruzado por voces fragmentadas. Rosamalia es una solista que toca el piano y canta, una compositora multi-instrumentalista que no solo se sirve de la música electrónica si no que cuenta con temas que evocan el rock, funk, jazz y varios subgéneros de electrónica, como en la instrumental “Oh Baby What!”.

Foto: Rosamalia por S. Silva

Foto: Rosamalia por S. Silva

La noche antes un crowd que no deja de crecer baila en el Club 77 en Río Piedras. En la tarima, música electrónica en vivo por Furry Vowels y Mau Linx. La gente que se revolotea en el público es más o menos la misma que viene a ver a las bandas de rock, pero ahora se agitan al ritmo de Mau Linx golpeando una batería eléctrica como si quisiera romperla. Furry Vowels maneja los teclados y el controlador digital, por instantes agarra una guitarra y azota un tomb para acompañar a Mau Linx. Se escuchan líneas de sintetizador reminiscentes del synth pop, mientras la voz filtrada de Mau Linx se evapora en la oscuridad del Club.

El acto de apertura de este evento estuvo a cargo de DemonSleeper, alter ego de la compositora y vocalista Alexandra Buschman, que explora noise árido, dark ambient y beats de tesitura industrial. DemonSleeper se atrinchera con su ropa negra detrás del Moog, un sampler, pedales de efectos y un vibrador eléctrico de farmacia que funge como artefacto sonoro. La gente va acomodándose poco a poco frente a la tarima sin saber qué esperar. Algunos se quedan asombrados, otros desaparecen antes de que culmine el set continuo de entre 30 a 40 minutos, donde se escucha una voz como rezando a espíritus, luego como un demonio y finalmente como susurros sanadores en medio de una pesadilla de la que no se puede despertar.

Nostálgica, salvaje, sensual, romántica, tropical, pesada y oscura. Así es la música electrónica que nace en Puerto Rico en la actualidad, tal y como su entorno.


Foto principal: DemonSleeper por Milton Ramírez
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