El Sonido y la Furia de Caribbean Cinemas

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“And Alexander wept, for there were no more worlds to conquer” –Hans Gruber (Die Hard, 1988)

Por: José E. Fernández
Especial para Puerto Rico Indie

Siempre he imaginado que debe haber algún grado de tedio en manejar un monopolio comercial: te esmeras, llegas al tope, para luego aburrirte y convertirte en víctima de tu propio éxito. Cada vez que veo el logo de Caribbean Cinemas, recuerdo la retahíla de cadáveres que han dejado a su paso durante los treinta años que llevo yendo al cine. Wometco, United Artists y Cinevista son solo nombres que surgen como referentes de alguna indiscreción o payasada para mi generación, o como nota curiosa en archivos de periódico. Pocas cosas provocan tanta nostalgia en el cinéfilo puertorriqueño como el meterte a hacer una investigación en microfichas de hace 10 o 20 años y ver publicadas tandas de películas para cadenas de teatros que ya no existen.

Claro, quedan pequeños y raros principados independientes a través de la isla: el Cine Roosevelt de Baldrich, el Teatro Hollywood de Coamo, y el ya mítico Auto-cine Santana de Arecibo, entre otros. Sospecho que el negocio que generan estas salas es tan pequeño que poco le importa a Caribbean Cinemas el que existan –y por ende, aún existen.

La antigua UA Cinema 150 en Carolina

La antigua UA Cinema 150 en Carolina

Soy lo suficientemente viejo como para acordarme del UA Cinema 150 de Laguna Gardens en Carolina, una de un puñado de salas de cine en todo Estados Unidos que ofrecía al público entre sus características particulares una proyección en pantalla cóncava –variación del sistema Todd-AO llamada Dimension 150 de 69 pies de ancho y 26 pies de alto– que a mis ojos de niño parecía gigantesca. No recuerdo cuál fue la primera película que vi allí (recuerdo que mi primera película fue Bambi, cuando apenas tenía 3 o 4 años, pero no recuerdo si fue en esa sala)… Pero sí recuerdo bien la última: Attack of The Clones. Con todo lo mediocre que fue esa película, aún queda grabada en mi memoria la experiencia de haberla visto allí en el UA 150.

Tomándome el riesgo de que la nostalgia me traicione, me aventuraré a decir que comparado con el resto de los cines, el 150 de Laguna Gardens era majestuoso, ya que la sala hacía sentir cualquier película que se proyectara allí como todo un evento. Su deterioro y eventual cierre se dice que responde a que la gente prefería ver películas en las (ya desaparecidas) salas de CineVista en el centro Comercial de Plaza Carolina, y supongo que esa falta de asistencia no justificaba los costos de mantenimiento para Caribbean Cinemas, por lo que la empresa decidió cerrarla en el 2002.

Desde entonces, los que hemos tenido la suerte de viajar fuera de Puerto Rico habremos visto alguna que otra película en el famoso formato de pantalla gigante IMAX. El UA Cinema 150 habrá figurado en más de una conversación sobre porque no hay salas IMAX en Puerto Rico –y aún así, existe el afán de que existan en la isla. Dichos reclamos han sido escuchados por años por Caribbean Cinemas, sin que estos hayan actuado sobre los mismos, sospecho que porque al tener abrazada la vasta mayoría del bizcocho del mercado local, quizás no han sentido la urgencia de implementar cambios o innovaciones tecnológicas a sus salas mas allá de lo absolutamente necesario [Salvo el 3D, que bien sabemos lo poco necesario que ha resultado. -Ed].

Y es con todo este trasfondo que estaba parado yo un viernes por la mañana encima de un piso de acrílico con una tonalidad de anaranjado neón tan chillona como anacrónica. Al parecer, Caribbean Cinemas logró acceso a tecnología para viajar al pasado (¿Un DeLorean?), y decidieron llenar todos sus grupos focales con personas que secuestraron del 1994. Esa me parece sería la única explicación razonable del por qué están utilizando el término (y ese anaranjado) “EXTREME” –una de las palabras de mercadeo mas genéricas, trilladas y sobre-utilizadas de los últimos veinte años, revivida por la empresa para promover lo que presumo es la sala de cine más grande y tecnológicamente avanzada que existe en Puerto Rico.

Posible genealogía publicitaria de una sala EXTREME.

Posible genealogía publicitaria de una sala EXTREME.

Teniendo en cuenta que años de cinismo pudieran afectar mi apreciación de las mejoras, le pedí a la amiga Raysa Sánchez –quien ha fungido como asistente de producción y posee un entusiasmo por el cine (quizás) mas rabioso que el mío– que me acompañara para servir de contrapeso a cualquier prejuicio emocional que pudiese tener contra dicha sala. Exodus: Gods & Kings, el nuevo intento de Ridley Scott de atacar el lucrativo mercado de las épicas religiosas, fue la película que Caribbean decidió utilizar para poner a prueba su nueva sala “Premium Large Screen Format” en el Centro Comercial de Las Catalinas en Caguas. Así que, en resumidas cuentas, Caribbean Cinemas decide estrenar su nueva gran sala, con un “Bible Epic”. En Caguas. Tomen de eso lo que quieran.

Butacas de cuero numeradas (mejores que las de las salas regulares, pero no tan cómodas como las de Fine Arts), Proyección en 4K, sistema de sonido Dolby ATMOS, y una pantalla de 57 pies de ancho y 32 de alto, todo por un costo de $2.00 dólares mayor al precio de una taquilla regular en ese cine. A esto es lo que hoy día Caribbean Cinemas categoriza como “EXTREME”. Claro, las mejoras a la imagen y el sonido son notables y bienvenidas, pero de la manera en que está empacado todo como “CINE MÁS GRANDE, CINE MÁS DURO” fácilmente se traduce a mis oídos como “CINE MÁS ODIOSO”.

EXODUS EXTREME

EXODUS EXTREME

Durante la proyección de “EXODUS EXTREME”, pocos fueron los momentos en que pude apreciar con el asombro de un niño el espectáculo. Tampoco fue que ayudara mucho el hecho de que Exodus –la que se ha dado a conocer por su peculiar estrategia de casting— resultara una película bastante mediocre. Sin embargo, ello no quiere decir que no hubo momentos de puro asombro, como cuando pude apreciar los poros en las caras de Joel Edgerton y Christian Bale de una manera tan clara, que creía poder olerles su “after shave” desde mi silla. Ése es el poder de un proyector con capacidad para una resolución mayor a 1080p: El preguntarte en medio de la película cómo es que se lograba una rasurada tan precisa en el sexto siglo antes de Cristo.

En cuanto al sonido, mis oídos solo aceptaban que el sistema estaba demasiado alto, pero con mirar a la Srta. Sánchez me basto para darme cuenta de que mi sentido de audición está dañado por haber escuchado a Vanilla Ice demasiadas veces en mi niñez. La expresión que tenía en la cara era precisamente la que yo en varias ocasiones quería tener: la de alguien genuinamente asombrado. Y no era para menos. Un sistema de sonido que cuenta con una alineación de 60 bocinas (alrededor y en el techo) con capacidad para 128 canales de audio no es algo diminuto. Dicho sistema promete cosas como sentir las aspas de un helicóptero pasando por encima de la sala, un carro pasando por el lado, pero en el caso de “Exodus” iba a ser difícil apreciar dicho efecto por la evidentes limitaciones de transportación de la época. Pero bueno, para eso están los “special features” del DVD.

Parte de mí esperaba ser deslumbrado, lo cual no sucedió. Sin embargo, la experiencia sí logró cumplir con mis expectativas mínimas de lo que debe ser un cine “premium”: Una sala relativamente cómoda, con capacidad para proyectar películas en los formatos de la más alta calidad disponibles en el mercado. ¿Pero, por qué vender esto como especial o “premium”, cuando en estos tiempos debería ser la norma?

Tomando en cuenta el hecho de que Caribbean Cinemas actualmente carece de competencia directa en el mercado de “First Run Theaters” ( o “Teatros de Estreno”), es fácil imaginar que con esta promoción de “SALA EXTREME” Caribbean Cinemas simplemente intenta darte una razón más para despegarte de tu televisor LCD y suscripción a Netflix. Sin embargo, al parecer el mercado en la isla está por cambiar: Recientemente Caribbean Cinemas tuvo que llegar a un acuerdo de transacción con el Departamento de Justicia de Puerto Rico, como consecuencia de una investigación que la División de Asuntos Monopolísticos de dicho departamento llevara a cabo, donde identificaron aparentes violaciones a la Ley de Monopolios. Como parte del acuerdo, Caribbean Cinemas tuvo que anular las “cláusulas de exclusividad” que tenía en los contratos con varias entidades que operaban los centros comerciales donde Caribbean Cinemas tiene ubicadas sus salas de cine.

Uno podría realizar una conjetura informada de que la anulación de las mencionadas cláusulas de exclusividad puede poner en peligro su actual control del mercado de cine local, facilitando la entrada a la isla de cadenas como Regal Entertainment Group, o AMC Cinemas. Si eso resultara ser así, Caribbean va a necesitar muchas de estas salas “EXTREME” para evitar no correr la misma suerte que en alguna ocasión corrieron sus antiguos adversarios, y convertirse en el extremo opuesto: una curiosidad de archivo de periódico.

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