Reseña: Whiplash

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Al espectador toca ponderar la clásica pregunta (los clichés por algo lo son): ¿los fines justifican los medios? Whiplash es un filme que nos enfrenta al genio prospectivo, Andrew Nieman (Miles Teller), de diecinueve años, y a quien habrá de ser su mentor en sus estudios de percusión. Esa relación, cuando es una que raya en el sadismo pero da los resultados anhelados, ¿se justifica? ¿Se justifica cuando el mentor, Fletcher (J.K. Simmons), entiende lo que busca el joven baterista trascender, mientras que los familiares y allegados de Andrew no? ¿Se justifica cuando ya a otros en la posición de Andrew les ha costado su salud mental? ¿Puede haber trascendencia a través de la humillación? ¿Se puede llamar al mentor mentor cuando lleva a quien busca asistir al borde?

El arco de la trama de Whiplash no es particularmente espectacular. Hasta ahora me parece ser la única persona en comentar vía crítica que se recurre al cliché para enfatizar un punto en al menos una ocasión. Spoiler alert, pero no muy grave – ocurre un accidente, en el momento más inoportuno (por supuesto). Mas, no es la trama per se lo cual hace de Whiplash una buena película, si no las actuaciones de sus personajes principales y una calidad de imagen y filmación, y música y sonido, increíblemente bien trabajadas. No hay un momento en el cual la pieza pierda el ritmo, como no lo pierde Andrew (aun cuando Fletcher le diga que no es el tempo que él, Fletcher, busca).

¿Qué conlleva ser el nuevo Buddy Rich, el mejor baterista de jazz habido y por haber (para Andrew), cuyos pasos busca seguir? No es el tocar, desde niño, hasta sus diecinueve, incontables paradiddles. No es precisión, ni agilidad, ni rapidez extrema – aunque requiere de todas esas destrezas. Las actuaciones van revelando la respuesta. En un principio, Andrew llega a Shaffer (digamos en el mundo real sería Juilliard), muy seguro de sí. Toma poco el llamar la atención del mítico Fletcher – una especie de profesor/Dios tratado en filmes como The Paper Chase (Dir. James Bridges, 1973), salvo que ahí el temido Kingsfield es profesor en Harvard Law. Una vez logra Andrew entrar en el curso, y por ende la banda oficial de la institución, la contestación será una que no es la esperada, una en la que pierde esa seguridad, en la cual entra la duda.

2014-Whiplash-Poster-250En nuestros días, ya ciertos recursos antes entendidos como pedagógicos son rechazados del todo. Tanto así que comediantes como Jerry Seinfeld hablan del praise que reciben sus crías a tal nivel que les dejan en un estado de indefensión. En los EE.UU. hubo una reacción muy virulenta al libro de una madre que sigue el modelo tiger mom que era parte de la generación de su madre china con sus hijos americanizados, la cual rendía muy buenos resultados, pero que otros ven como abusiva. ¿Cuál es el balance a seguir? ¿Es posible tal balance? ¿Lo hay en las relaciones afectivas, además?

Whiplash nos lleva a reflexionar acerca de las relaciones más íntimas, acerca del potencial innato vis-a-vis la dedicación que conlleva el poder llegar a ser el o la mejor – lo cual no se logra ni simple ni sencillamente. La película fue escrita y dirigida por Damien Chazelle. Es su segundo filme, teniendo unos escasos 29 años. Whiplash es una buena película (no una grande), pero crea una gran expectativa en cuanto a las futuras carreras de Chazelle y Teller, que cuenta con 27, y que, aunque ya ha actuado, aquí entra verdaderamente en escena. A pesar de lo buena que es – recomiendo verla, sin lugar a dudas – no es genial. Mas, me parece, y espero, sea la plataforma para lo que serán dos grandes carreras. Hace mucho que no ponía a nadie en mi lista de los “ones to watch out for”. Enhorabuena. Eso es más que suficiente, Andrew. Lo es.

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Escribo sobre música, arte y derecho. Un cassette de Sonic Youth me cambió la vida a los catorce años. Sigo enojada con Thurston. Me tomo las cosas personalmente.