Reseña: Love Is Strange

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Hace mucho tiempo que no veía una película como Love is Strange. No puedo decir que esta cinta es como ninguna otra que haya visto antes, o que tiene una premisa o historia que rompe las barreras dentro de la industria cinematográfica -pero sí hay algo único que ofrece: el complejo amor que explora y retrata en su pareja protagónica, compuesta por Ben (John Lithgow) y George (Alfred Molina). Son pocas las veces que se nos da la oportunidad de presenciar en la pantalla grande un amor tan genuino y real como el de esta pareja, ese tipo de amor que causa hasta un poco de envidia por su pureza y fortaleza.

Luego de estar juntos por casi 40 años, Ben y George tienen la oportunidad de al fin casarse en la ciudad de Nueva York. Es tras darse la hermosa ceremonia –un momento único y de gran significado en la vida de la pareja– que despiden a George de la escuela católica en donde enseña música al darse por enterado de su matrimonio. Entonces Ben y George tienen que tomar la difícil decisión de mudarse del apartamento que comparten mientras encuentran un lugar más económico en donde vivir.

Ben se muda con su sobrino Elliot (Darren Burrows), esposo de Kate (Marisa Tomei) y padre de un hijo adolescente, enfrentándose con la realidad de que vivir con la familia no es lo mismo que tratarla ciertos fines de semanas; mientras que George se muda con una pareja gay que vive en el apartamento de al lado, chocándose con las diferencias entre la juventud y la vejez.

Love is Strange es uno de esos dramas en donde no hay grandes momentos de acción si no que nos lleva a la profundidad de sus personajes, para verlos encontrarse a sí mismos y cambiar. Y es ahí en donde está la magia de la cinta. Terminamos con una visión distinta de los personajes para darnos cuenta a la vez que en realidad son las pequeñas cosas en la vida –esos detallitos a simple vista insignificantes– los que pueden terminar transformándonos.

2014-LoveIsStrange-Poster-250Las actuaciones de John Lithgow, Alfred Molina, y Marisa Tomei son excelentes. Lithgow y Molina se sumergen totalmente en sus personajes al punto de que no son ellos a quienes vemos en pantalla, si no a Ben y George. No creo que hayan sido muchas las ocasiones en que haya tenido la oportunidad de ver a Molina en la pantalla grande y luego de Love Is Strange creo que eso debe cambiar. Alfred Molina tiene que ser uno de los actores más subestimados dentro del cine hollywoodense –es un talento que debería utilizarse constantemente. Por otro lado, la dirección del director americano Ira Sachs –quien ya ha explorado relaciones a profundidad en cintas como Keep the Lights On (2012), Married Life (2007) y Keep the Lights On (2005)– es impecable y logra transformar una historia bastante simple en un filme que en momentos es verdaderamente desgarrador, que nos obliga a pensar sobre la vida misma, sobre nuestras familias y amigos.

Hacía mucho que una película no me dolía tanto como Love is Strange. Y si es palpable que detrás de sus personas ocurren transformaciones verdaderas… ¿por qué dudar que estén ocurriendo dentro de cada espectador? La película nos extiende la invitación a explorarnos –sólo hay que mirar un poco más allá de la imagen.

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Amante del cine, lo suficiente como para atreverse a juzgar todo lo que ve y escribir al respecto. Actualmente estudia literatura y cultura caribeña. Se le va la vida entre libros, películas y el Food Network. Es de Utuado pero vive en San Juan, obsesionada con Martin Scorsese y Taxi Driver.