Sobre “Las vacas con gafas”

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En la soledad de nuestros pensamientos existe un mundo poblado de senderos que estoy muy seguro se bifurcan mucho más que aquel famoso jardín del cual escribió aquel famoso argentino. En el recién estrenado filme Las vacas con gafas, Daniel Lugo encarna a Marso, pintor y profesor, que es también viejo y terco, quien ha recibido confirmación de que se está quedando inevitablemente ciego.

Entramos al mundo de Marso a través de cámaras estáticas que se posan frente a sus rutinas con ningún intento de moverse. Estas cámaras fijas reproducen con rigor cada estampa repetida, como también los silencios que las rodean. Reproducen también los objetos que rodean a Marso. Y también, sin querer queriendo, nos dan una idea de que, en la aparente soledad que Marso escoge, existe un constante bullicio causado por la mirada a varios de esos sendero bifurcados de su vida.

Uno de esos senderos lo llama vehemente en medio de la crisis. El sendero donde se separó de su hija, quien es ahora una exitosa escritora de libros de autoayuda. En medio de los silencios, Marso comienza a intentar un re-encuentro. En el ínterin, nosotros nos vamos enterando de la terquedad de Marso y el secreto bastante público de por qué padre e hija no se hablan.

Claro, todo este drama familiar es excusa. También es excusa la ceguera. El guionista y director Alex Santiago Pérez usa ambas excusas para desplegar su fascinación como autor por las repeticiones, muchas de ellas en trípticos, para crear un interesante estudio sobre lo que la terquedad (¿macharrana? ¿humana?) puede alcanzar.

Hay largos trechos entre lo que uno piensa que uno es, lo que el otro construye que eres, y lo que en realidad eres. Marso se piensa único, grande y dueño de sí mismo. La inminente ceguera es solo el recuerdo de que nada de eso es cierto, que ya se está acabando el tiempo, que su grandeza es relativa, y que pronto va a necesitar de alguien para sobrevivir. Pero como les dije, ya eso es una mentira. Marso ya tiene una persona que le limpia la casa y la hace la compra cuando él no está. Una persona que, como todo el mundo en sus diferentes vidas, eventualmente se le va. Y es que Marso está ciego hace rato, hecho que está reforzado por todas las instancias donde él mismo choca metafóricamente con las realidades que están en su cara pero nunca ha querido ver: que su hija escribe libros y es famosa, y quien quiera leer su libro se puede enterar del pasado del cual no habla, que su hija se casó hace tiempo… y que aunque él piensa que el artista tiene que decir la verdad siempre, él nunca se ha aplicado el cuento realmente…

2014-LasVacasConGafas-Poster-250Las vacas con gafas llama la atención por el compromiso total a su estilo, logrado gracias a la cinematografía de Pedro Juan López y el atinado diseño de sonido de Maité Rivera Carbonell. Esos momentos casi estáticos, llenos de silencio, pero que denotan los sonidos claves de lo cotidiano y la repetición, ayudan fuertemente al guión de Sebastián Pérez, aunque a veces titubea cuando le toca a los actores hablar. Todavía siento esta tensión en las voces de los actores y actrices boricuas, donde están bien cerca de lo natural, pero de momento rayan en lo afectado. En una cinta donde los silencios se manejan tan bien, esas instancias de diálogo afectado resaltan aún más, aunque en balance no sean tantos como en otros filmes. Este escollo sin embargo no le resta a la riqueza de esos momentos donde solo reinan los sonidos de la ciudad y del desespero palpable de Marso por encontrar la manera de salir de su dilema real: ¿qué voy a hacer conmigo cuando ya no vea nada?

Es interesante ver una película puertorriqueña que se atreva a ser lenta, estática y no ruidosa. Es interesante ver un personaje orgulloso, terco y abusivo cerca del final de su vida aferrarse a sí mismo mientras intenta trazar una conclusión que no sea la que él sabe que él mismo se trazó. Es interesante porque en Puerto Rico hay muchos Marsos… hombres aferrados a su violencia del pasado, buscando excusas y razones, admitiendo culpas a medias, ciegos de sí mismos y de los demás.

Claro, hay quienes verán en Marso un bastión de dignidad. El mítico hombre que inmortalizaron las voces de Andy Montañez y Pellín Rodriguez en esa versión de “A mi manera” que todavía suena a la misma hora todos los domingos en al menos 75% de las velloneras funcionales del país, los que sonreirán solidarios cuando Marso se monta en su viejo Camaro y sueña que es “libre” otra vez.

En estas disímiles lecturas yace el valor de Las vacas con gafas y, a su vez, está también su gran problema: al final de la hora y media que pasamos con este hombre, no es fácil discernir cuánta verdad hemos encontrado. Y al igual que Marso, la molestia o satisfacción que se sienta sobre este hecho va a depender de cuánto en realidad nos importa ver y entender “la verdad”.

A continuación compartimos una entrevista con Alex Santiago Pérez, director de Las vacas con gafas, realizada por Ezequiel Rodríguez, Gabriel Sánchez y Mario Alegre del podcast Cinemánico.

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Ezequiel es un (todavía piensa el) joven de origen boricua que habla en un tono de voz demasiado alto y que le gusta expresarse aunque todavía no sabe acentuar. Es el líder del programa radial Frecuencias Alternas (que se transmite por Radio Universidad de Puerto Rico) y disfruta de la música, el cine, su familia y su perra Caprica. En algún momento fue parte de los conspiradores de CarbonoMúsica, #EnProfundo y la serie de eventos en directo El Independiente.