Reseña: Acopladitos y la máquina de las melodías

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En los últimos cinco años, al menos dos eventos han logrado cambiar mi percepción sobre la música infantil en Puerto Rico. La llegada de mi sobrino hace dos años me abrió los ojos al (¿increíblemente psicodélico?) mundo de Atención Atención y Shushybye; que mientras sirven el buen propósito de educar a los infantes sobre situaciones del diario vivir a través de la música (“vamos de paseo: sí, sí, sí”), sospecho que su tarea primordial es mantener a los niños embelesados para comprarle cinco minutos de silencio a sus papás.

Por otro lado, mi introducción el hermoso proyecto de la compositora Angélica Negrón, la etnomusicóloga Noraliz Ruiz (ambas miembros de Balún) y la artista visual Tatiana Arocha, Acopladitos, me enseñó que la música instrumental también puede servir de vehículo didáctico para servirle a los más pequeños una buena dosis de ritmos autóctonos y abrirle el paso a la imaginación.

Los miembros de Acopladitos llevan a cabo esta propuesta tipo “mommy and me” en Brooklyn, Nueva York desde el 2011, como una manera de llenar el vacío de programas de inmersión al español para los niños en esa ciudad. Según describen en su página web el proyecto está diseñado para crear un excelente primer encuentro con la música, ya sea a través de la creación de instrumentos, danza, movimientos creativos, canto, juego y drama.

Al escuchar su segundo disco de larga duración (y primero instrumental), Acopladitos y la máquina de melodías, no es difícil entender la misión, y a la vez dejarse llevar por los tambores, las guitarras, el acordeón que a veces se asoma y hasta los instantes de 8-bit que contienen cada una de las ocho canciones del álbum. La mayoría de ellas no pasan de los tres minutos, pero ese tiempo es aprovechado al máximo para crear una introducción súper divertida a los ritmos de bomba –tales como los tracks “Tuki tuki pa” y “Cha chaka cha cha”- la música pop, la clásica y hasta la electrónica. Son composiciones que, además de ser divertidas, también tienen el propósito de ser música funcional: para moverse, para pensar, para bailar, y hasta para dormir, como la delirante “Zzz zzz zzz”.

En Puerto Rico, el mundo de la música infantil es uno raramente explorado por los artistas de la escena independiente, por eso el proyecto de Negrón y Ruíz se hace urgente. No sólo sirve para educar a los niños, sino también para ofrecer una alternativa a las nuevas nanas del mainstream. El álbum igualmente provee a los adultos una oportunidad de acercarse nuevamente a sus raíces, re-aprender las canciones del repertorio puertorriqueño y latinoamericano que escuchaban en su niñez y aprender a jugar desde la adultez.

Pueden escuchar o adquirir Acopladitos y la máquina de las melodías a través de su Bandcamp.

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Escritora y periodista eternamente freelance, con un amor hacia la cultura de la música que raya en lo impropio. Siendo una persona terca y pasional, cuando me gusta un disco o una canción, los toco en repeat hasta que me harte y los re-descubra años después, de manera aleatoria, en mi carro a las 3am, probablemente sola o junto a gente bien extraña.