Reseña: Teatro Breve explora la economía subterránea en Picando Alante

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Por: Fernando Castro Álvarez
Especial para Puerto Rico Indie

El pasado sábado, 15 de marzo visité el Teatro Shorty Castro para ver la última función de Picando alante, la obra más reciente del grupo Teatro Breve. La obra trata acerca de la no tan buena situación económica en la cual se encuentra Puerto Rico, la cual obliga a una familia de clase media baja a recurrir a la siembra ilegal del cannabis para generar más dinero, invitando así una serie de problemas a su hogar que terminan en un fin desastroso. Sin duda alguna, una premisa muy original y peculiarmente interesante para la psiquis colectiva boricua.

La obra gira en torno a una familia disfuncional al estilo Royal Tenenbaums criollizada: una madre ingenua, un padre con problemas compulsivos de apostar, una hija “yale”, otra hippie, un hijo enfermo, decrépito y bajo probatoria, un novio policía deprimido y una agente encubierta. Este popurrí de personajes estereotipados –pero a la vez muy genuinos y excelentemente ejecutados– le dan vida a esta tragicomedia puertorriqueña moderna para el entretenimiento de todos y para el análisis de aquéllos que tengan el ojo para ver.

Hay que apuntar que había espacio para mejorar ciertas cosas como la relación entre ciertos personajes y el desarrollo de la trama al igual que ciertos aspectos técnicos; pero más allá de esto, al final del día son elementos secundarios los cuales prescriben ante la trama. El hecho es que Picando alante toca un tema que muy pocas veces es tocado en Puerto Rico con tanta chispa y humor: el tema de la economía subterránea en Puerto Rico y su estrecha relación a la narco-cultura.

La obra retrata con candidez la situación social contemporánea del país con tonos trágicos ocultos detrás de una trama cómica; un país que está en la bancarrota pero que subsiste a duras penas y de manera aparatosa gracias a una economía invisible del vicio y la enajenación. El grupo teatral logra de una manera muy verosímil retratar la modernidad de nuestra sociedad puertorriqueña à la Teatro Breve: con algo de chabacanería, pero la suficiente como para no entrar en el mal gusto y con algo de comentario social, pero lo suficiente como para no entrar en proselitismo o discursos trillados. Un balance tenue entre lo nuevo y lo viejo. En ella podemos ver cosas como la corrupción policiaca, el fetichismo materialista puertorriqueño moderno, la disfunción de la familia moderna y en sí, el deterioro social en el cual se encuentra flotando el puertorriqueño –pero siempre haciéndonos reír en vez de llorar. El grupo triunfa en algo que otros fracasan miserable, mediocre y repetidamente –y eso se tiene que celebrar.

Si tienen la oportunidad de ver esta obra en el futuro se las recomiendo. Además que fue verdaderamente ameno asistir al teatro y que la función iniciara puntualmente; es refrescante presenciar en Puerto Rico un evento artístico (o de cualquier tipo) que comience precisamente a la hora anunciada, ya que para desgracia de todos, usualmente no es la norma. Para terminar añado la opinión de que si Teatro Breve quisiera alguna vez aventurarse a hacer una película, aquí ya tienen el guión que deben realizar.

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