Video Place: La verdadera Filmoteca de Puerto Rico

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Cuando yo era pequeño, mi papá era un fiebrú de los sistemas de sonido y antes que se diera el boom de los home theaters ya él andaba montando el suyo en nuestra casa. Le encantaba mostrarle a toda la familia cómo resonaba aquella máquina durante Twister, Executive Decision, Die Hard y muchas otras películas de aventura y acción. A veces sonaba tan y tan duro que en una ocasión un amigo me confesó que andaba caminando por la calle cerca de casa y se tiró al piso al escuchar una ráfaga de tiros que resultó venir del home theater de mi padre. Y esa era el tipo de película que absorbía para este tiempo, películas que me disfrutaba con mi padre y el resto de mi familia.

Mis aventuras propias en el cine comenzaron para cuando estudiaba en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Fue entonces que empecé a adentrarme en el cine internacional, buscando recomendaciones en el Internet. En mis clases de sociales y humanidades siempre recomendaban unas que otras y comencé a conocer a través de éstas a gente con los mismos gustos. Me interesé exponencialmente por el séptimo arte, sumergiéndome en las historias y personajes de Michel Gondry, Quentin Tarantino, P.T. Anderson, Alfonso Cuarón, Woody Allen, y por ahí podría seguir nombrando directores…

Me acuerdo bien aún cuando, en uno de mis viajes al “Área Metro” para visitar a mi novia Lourdes, ella me preguntó: “Oye… ¿Sabes de un video club que supuestamente tiene muchas películas de todas partes del mundo?” Había escuchado de él, así que gracias a la magia del Internet encontramos el lugar, llamamos a ver si estaba abierto y tras recibir un fabuloso “sí”, nos dirigimos al mismo. Video Place parecería de afuera un lugar cualquiera, como cientos de negocios en Bayamón –pero una vez adentro fui recibido con un par de sonrisas memorables de la hermosa pareja de dueños del local, Don Miguel y Doña Carmen.

Simplemente no podía creer de lo que estaba siendo testigo. Miraba con asombro a mi novia, recordando cuando me había contado sobre El Aleph de Borges, mientras me paseaba de pared en pared, todas cubiertas de historias de alrededor del mundo. He aquí un cuarto en donde miles y miles de películas te susurran con ansias para que veas de lo que están hechas (esto parecerá una referencia a Fiel A La Vega pero no lo es).

Naturalmente comienzo a tener una conversación con Don Miguel sobre películas y yo, el más que mea, creyéndome que sé de cine, le digo que me encantan las que tienen que ver con la mafia y con gangas callejeras –mi favorita siendo City of God. Don Miguel me pregunta: “¿Has visto Once Upon A Time in America de Sergio Leone? Le contesto que aún no la había visto y sus palabras fueron como un marrón en el pecho, seguido por un abrazo: “Tú estás virgen todavía”. Sabía que acababa de encontrar a un mentor en el séptimo arte. Tras casi tres horas de búsqueda y conversación me llevé ese día La Luz Silenciosa de Carlos Reygadas y Temporada de Patos de Fernando Eimbcke. Aún no podía creer que en mi isla existiera un lugar como ese.

Mis idas a Video Place se convirtieron en rutina durante ese período de mi vida que iba a visitar a Lourdes a San Juan. Pasé horas conversando con Don Miguel y Doña Carmen, un matrimonio ejemplar lleno de amor y basado en la colaboración. Mientras yo me dejaba llevar por la historia del cine a merced de Don Miguel, Doña Carmen estaba pendiente de que el lugar permaneciera en orden. Inclusive me di cuenta con el pasar del tiempo que Doña Carmen sabía más aún que Don Miguel, pero los dos juntos son un verdadero “tour de force” –su amor y pasión por el medio se evidenciaba en la cantidad de gente que entraba y salía de ese negocio.

Pero como dicen, “all good things come to an end”, y Don Miguel lleva anunciando ya hace unos meses su búsqueda por un relevo. ¿Qué hacer con la preciada colección de años y años ahora que Don Miguel y Doña Carmen quieren pasar a otra etapa de su vida? La última vez que viajé a Puerto Rico pasé por Video Place a despedirme de ambos y me fui con un gran dolor en mi corazón. Sin duda es un lugar de gran significado para mí y escribiendo desde el escritorio en New Jersey donde edito mi próximo cortometraje de ficción, se hace aún más evidente ese hecho.

Video Place es mucho más que un negocio –se trata de un patrimonio nacional. Como Henri Langlois con la Cinémathèque Française, Don Miguel y Doña Carmen crearon un punto de encuentro para gente que ama el arte y la expresión, atreviéndose a hacer algo diferente para su comunidad y para su país. Sea lo que sea que pase finalmente con Video Place estoy seguro que será para bien. ¿Qué los extrañaremos? ¡Por supuesto que sí! Pero Don Miguel y Doña Carmen sembraron muchas semillas a través de décadas como dueños de la mejor colección de películas en Puerto Rico y su cosecha se seguirá recogiendo.

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Damián es ingeniero graduado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez; programador de día y cineasta de noche. Actualmente recide en los Estados Unidos, por lo que va a mejores conciertos que el resto del equipo de Puerto Rico Indie con frecuencia.