Reseña: Unochoskeptic

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El 14 de febrero fue un día muy activo para las escenas musicales caribeñas. Las Acevedo estrenaron su ya esperado compilado de San Valentín, y el rapero puertorriqueño Unochosiete estrenó junto al productor Skeptic su nueva producción, el EP Unochoskeptic. En tan sólo 15 minutos, ambos juegan, de manera novedosa, con técnicas populares como el chopped and screwed y el breakbeat, para ofrecernos una oferta variada de ritmos y rimas que giran en torno a lo carnal y lo romántico.

A primera vista, Unochoskeptic asalta tus sentidos a través de una propuesta de imágenes destinadas a apelar a lo primal del ser humano. El sexo –en imágenes (a cargo del artista Silvino Edward), en beats y en letras- es el tema que hilvana la mayor parte de la producción. Ambos artistas se encargan de explorarlo de diversas maneras, desde su versión más cruda hasta su vertiente más romanticona. Incorporando estilos de percusión como el boom bap, y explorando una de las bibliotecas de samples más variadas dentro de la producción de trap y otros estilos similares en la Isla, Unochosiete y Skeptic nos dejan saber que parte de la misión del álbum es crear una lista de tracks bastante cohesiva y consistente, que conspiren para hacerte mover las caderas.

El uso del soul y elementos del tech-house favorecen muchísimo al estilo de los artistas, ya que los lleva a explorar otras vertientes sónicas que le dan intensidad y variedad a su narrativa. Canciones como “Balance perfecto” y el cierre, “No te quitas”, son las sorpresas de un álbum bastante centrado en fluir de una manera suave y constante. Ambas canciones rompen abruptamente con el sentimiento de “playlist para un cuarto oscuro a las 4 am” para convertirse en tracks perfectos para la pista de baile. Unochoskeptic se nos presenta como un disco delicado, con un concepto claro y una producción madura para nuestro deleite.

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Escritora y periodista eternamente freelance, con un amor hacia la cultura de la música que raya en lo impropio. Siendo una persona terca y pasional, cuando me gusta un disco o una canción, los toco en repeat hasta que me harte y los re-descubra años después, de manera aleatoria, en mi carro a las 3am, probablemente sola o junto a gente bien extraña.