Her: Más que una historia de amor entre humano y teléfono

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Desde finales del siglo pasado, el cine contemporáneo ha recibido en sus filas a una camada de creadores que se criaron con la ciencia ficción infiltrada en sus vidas de varias maneras. Ya fuera en la TV de sus salas, en los estantes de sus bibliotecas públicas o personales, y hasta en las sábanas que los arropaban, estos niños y niñas se encontraron con muchos futuros, naves especiales y computadoras más inteligentes que los seres humanos. El cine que estos hijos e hijas de la Ciencia Ficción han producido no es uno que se conforma con demostrar más futuros imaginados y tecnologías imposibles. No –es uno que en realidad entendió que los autores y proponentes de la mejor ciencia ficción siempre usaban sus creaciones para re-pensar problemas del presente, provocar y especular sobre alternativas, o condenar prácticas ruinosas.

En años recientes, varios creadores noveles han decidido usar la ciencia ficción para mirar al humano del siglo XXI, pero no a gran escala. Más bien usan la especulación futura para darle un vistazo a las relaciones íntimas e interpersonales, a los problemas del alma. Desde lo íntimo extrapolan hacia sentimientos universales sobre la memoria, la pasión, el amor y el deseo de tener. Michel Gondry, con Eternal Sunshine of the Spotless Mind, un guion de Charlie Kaufman; el mismo Kaufman, dirigiendo uno de sus propios guiones en Synecdoche, New York; y Spike Jonze, quien también dirigió un guión de Kaufman, Being John Malkovich. Todas estas son películas que usan pizcas de elementos fantásticos propios de la ciencia ficción para explorar a profundidad las dolencias del alma. No es sorpresa entonces ver el regreso de uno de estos creadores con una nueva entrada en esta filmografía. Se trata de Spike Jonze, esta vez dirigiendo un guión propio titulado Her.

Según la sinopsis oficial de Her, la película nos presenta la vida de un escritor solitario que desarrolla una relación inesperada con el sistema operativo de su teléfono móvil y su computadora, un sistema operativo que está diseñado para satisfacer todas sus necesidades. Esta sinopsis, les adelanto, es una trampa. Una trampa de la cual deben huir. Sí, Her trata de esto, pero, al igual que las películas que les mencioné antes, este filme está usando esa premisa como pretexto para hablar de otras cosas, con un concepto genialmente realizado que nos lleva a un futuro que bien podría ser dentro de cinco o seis años, o quizás dentro de cincuenta.

Theodore Twombly (Joaquin Phoenix) es un escritor solitario que redacta cartas personalizadas a nombre de otros que no quieren pasar el trabajo de escribirlas. Con la ayuda de fotos y mementos que la gente le envía para describir las relaciones y personas quienes le quieren escribir, Theodore se sienta frente a su ordenador en el trabajo y va dictando en voz alta hermosas cartas que la interfaz de su computadora va redactando como si fuera el puño y letra de quien pidió la carta. Al llegar a su casa, Theodore se encuentra solo, entre videojuegos, chats y recuerdos de su esposa (Rooney Mara), de quien se está separando. Un día encuentra la oportunidad de comprar un nuevo sistema operativo para sus dispositivos que promete ser diferente a los demás, ya que el mismo está potenciado por Inteligencia Artificial. Theodore llega a su casa, instala el sistema, y, luego de varias preguntas, el nuevo Sistema Operativo, que se autonombra Samantha (Scarlett Johansson), le habla y lo saluda de manera efusiva y muy humana. Samantha está encantada de estar viva y poder ayudar a Theodore a arreglar su vida. Según Samantha evoluciona, Theodore queda cada vez más fascinado por la manera tan refrescante de este sistema operativo de ver el mundo. Vemos crecer la empatía y los sentimientos.

Her es mucho más que la “extraña historia” del afecto entre un ser humano y su teléfono, como la sinopsis-trampa nos hace pensar. Uno de los triunfos de esta película es precisamente usar esa idea como analogía para otros asuntos más “reales.” Jonze efectivamente yuxtapone nuestra obsesión contemporánea con los celulares y sistemas operativos avanzados, con los preceptos más aceptados de la relaciones de pareja, los cuales son más antiguos que cualquier dispositivo electrónico. La yuxtaposición de nuestro concepto del amor entre pareja como uno de crecimiento y encuentro, donde se debe liberar lo mejor de cada uno, vis a vis la expectativa de pertenecer y ser el objeto exclusivo del deseo de una persona. La yuxtaposición de querer vivir vidas plenas y alcanzar los sueños, versus el sacrificio de dejar que el otro florezca con el objetivo de que la relación de pareja se preserve. El prospecto de mantener una relación sin perder lo individual, de ser libres mientras se está atado a un sistema. La idea de mantener una relación a larga distancia con honestidad, obviando el deseo básico de sentir el otro cuerpo cerca.

Her es una ruminación sobre todo esto bajo la hábil pero simple idea de que esa “otra” persona no tiene cuerpo pero comparte todo lo necesario para convertirla en una persona que siente y padece porque puede pensar y pensarse. En otras palabras: Si las emociones no pertenecen al universo físico, ¿qué nos impide amar a un ser incorpóreo? ¿Es necesario tener contacto físico para querer y amar alguien? ¿Por qué pensamos que la otra persona en una relación nos pertenece?

Her-Poster-300Her funciona perfectamente cuando nos está haciendo estas preguntas a través de las complicaciones en la vida y las interacciones entre Theodore y Samantha, en un mundo donde la tecnología es tan transparente que su relación se convierte en una muy tangible y similar a cualquiera de las relaciones que hoy en día podemos experimentar, especialmente en esas que se mantienen a distancia. Y para mi sorpresa, Jonze logra trabajar también con el crecimiento de Samantha de manera lógica y provocadora. ¿Qué pasa cuando una entidad artificial que tiene acceso a tantos conocimientos continúa creciendo y desarrollando sus sentimientos?

Her cuenta con un excelente diseño de producción realizado por K.K. Barret (Lost in Translation), que es magistralmente captado por Hoyte Van Hoytema (Let the Right One In) con el uso de diferentes tonalidades del rojo, que representan tanto a Samantha OS como los sentimientos de Theodore ante una ciudad futura donde los espacios, aunque grandes y amplios, se sienten íntimos. Esto ayuda a desplegar la lograda actuación de Joaquin Phoenix mientras interactúa con solamente una voz. Johansson hace también una eficaz interpretación de su papel como un sistema operativo que va descubriendo el mundo a la vez que descubre su verdadera naturaleza y potencial. La película también cuenta con Amy Adams en un papel secundario que es realmente la contraparte de Theodore, y que, aunque no cuenta con mucho tiempo en pantalla, dispensa la tesis central de la película en una conversación con Theodore. Por su parte, la colaboración entre Arcade Fire, Owen Pallett y Karen O es acertada, creando al menos dos pasajes musicales sólidos que cargan mucho del peso emocional de la trama.

Donde Jonze falla es en la ambición de un tercer acto que introduce grandes conceptos que no son explorados del todo y nos llevan a un final que se siente un tanto anticlimático, aunque no deja de estar muy bien logrado. Si esto suena contradictorio, me atrevo a decir que es por diseño: Her es, al final de sus créditos, una afirmación de que las cosas del amor están siempre atadas a los momentos, a los instantes. La experiencia nos mueve a lugares extraños que parecen contradictorios y nos confunden. Crecer, amar, avanzar… nada está quieto, nada se puede atrapar. La ambición es más grande que la realidad siempre, y que algo termine mal no significa que no fue bueno y bonito.


Mírala: Si te intriga su excelente concepto, uno que ha sido realizado de manera consistente, con una cinematografía impresionante, un diseño de producción de primer orden y colaboraciones musicales muy acertadas.

Evítala: Si no aguantas ni la voz de Scarlett Johansson; si te cierras ante muestras de amor que se alejen del tradicional “Sad Sam” en San Valentín.

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Ezequiel es un (todavía piensa el) joven de origen boricua que habla en un tono de voz demasiado alto y que le gusta expresarse aunque todavía no sabe acentuar. Es el líder del programa radial Frecuencias Alternas (que se transmite por Radio Universidad de Puerto Rico) y disfruta de la música, el cine, su familia y su perra Caprica. En algún momento fue parte de los conspiradores de CarbonoMúsica, #EnProfundo y la serie de eventos en directo El Independiente.