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El evento antes llamado concierto: Por qué decidí no ir a ver a Café Tacvba

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Cada vez que Cafeta anuncia nuevo disco, nosotros los tacvbos puertorriqueños entramos en alerta, pendientes al anuncio de su inevitable visita a la isla. Y efectivamente, casi un año luego del lanzamiento de su séptimo disco – el denso y reflexivo El objeto antes llamado discoCafé Tacvba regresa como parte de su gira norteamericana, esta vez al Coliseo de Puerto Rico.

Es ese último detalle el que levanta las primeras dudas acerca del evento, pues el “Choli” no es el venue más económico en la isla. A menos de 24 horas del concierto acabo de hacer una búsqueda por 2 taquillas lo más cerca posible al escenario y el total aparece como $188 y unos centavos. Recuerdo haber pagado menos de la mitad ya en varias ocasiones para ver al grupo, sin tener que limitarme al espacio de un asiento, revolcándome entre amistades al ritmo de “Las Flores”. Pero no se trata sólo de dinero.

Aprovecho para abrir un paréntesis y contarles una anécdota sobre mi formación musical (les prometo que es relevante). El 17 de julio de 1993 asistí a mi primer concierto: Duran Duran en el Estadio Juan Ramón Loubriel de Bayamón como parte de The Dilate Your Mind Tour (con Terence Trent D’Arby como acto de apertura). Yo no sabía muy bien en lo que me estaba metiendo, sinceramente – se trataba de una salida familiar. Para entonces escuchaba lo que pusiera mi hermano mayor en el carro y resulta que Duran Duran reavivaba para entonces su carrera con un par de éxitos masivos dentro de su nuevo disco.

No olvido lo peculiar que me estuvo la separación entre los artistas – allá en su tarima, en el campo de pelota, a la distancia – y el público, sentado en las gradas, detrás de la malla que nos protegería de un pelotazo en otra ocasión. A Simon Le Bon le habrá resultado curioso el arreglo también, porque en algún momento de la noche incitó a su audiencia a que saltaran de las gradas e insistió hasta que la gente rompió la malla protectora aquella y se tiró al parque corriendo hasta llegar a la tarima. Lección aprendida: así se disfruta de un concierto de rock.

Lo que nos regresa al Choliseo y a la insistencia reciente de los promotores que utilizan ese espacio en sentarnos toditos en sillas, como si se tratara del teatro. ¿No ven que vinimos a rockear y pasarla bien entre amigos? ¿Acaso no saben que ocurre una retroalimentación con la energía del público y que el estar sentados en filita atenta contra tan sagrado intercambio entré músico y audiencia? La realidad del caso es que el espacio es inmenso y la opción de sentarse en un silla siempre va a estar allí para quien la prefiera, pero no entenderé hasta que me expliquen con dibujitos por qué es que en el piso – el de “arena” – se paga tanto por tan poca libertad de movimiento.

El hecho de que múltiples sillas adyacentes en la cuarta fila (ni en la quinta, ni en la…) de la primera sección de arena no se hayan vendido aún para un concierto de Café Tacvba a menos de un día del evento apunta a que muchos de los fanáticos del grupo en la isla compartan algunas de estas u otras reservas.

Sin embargo, aún con éstas, llegué a considerar asistir al concierto cuando me enteré por Twitter gracias a uno de nuestros lectores que Alegría Rampante serviría de acto de apertura para Café Tacvba. ¡Por fin se animaba un promotor a minar el talento local por músicos a la altura del evento! El veterano cantante, compositor y teatrero Eduardo Alegría, con su impresionante repertorio de canciones y pulido grupo musical no sólo hacía perfecto sentido en el contexto musical particular, si no que ofrecía de las mejores oportunidades para sorprender con sus canciones y profesionalismo a un público condicionado a ignorar por décadas a los actos de apertura locales. No me cabe duda de que Alegría Rampante hubiese sorprendido incluso a Rubén, Meme, Joselo y Quique.

Pero no había de ser. Por razones que no me están aún del todo claras, los promotores del evento se retractaron del anuncio al día siguiente. Y como mucho en Puerto Rico, los detalles del malentendido se comenzaron a discutir de manera privada, en suspiros y entre dientes. Lo que sí queda claro es que el trato que reciben nuestros artistas por parte de los promotores de espectáculos a mayor escala merece ser discutido de manera más abierta tanto por la comunidad artística como por el público que patrocina estos eventos. ¿O es que nuestro patriotismo – tan flamante y excesivo como en ocasiones puede ser – es exclusivo a certámenes de belleza y eventos deportivos?

Esa discusión es esencial para el continuo desarrollo de nuestra clase artística, que con la experiencia adquirida en oportunidades como ésta, lograría – en teoría – mayor proyección dentro y fuera de la isla. Sabemos que no ha sido el caso. Y es que la curación musical de un evento requiere la misma atención que una exhibición en el museo o la programación de un festival de cine. Más aún, requiere esa pasión y obsesión por la música que se cristaliza en los mejores mixtapes (ahora playlists) y que demuestran los mejores DJs.

De lo contrario, lo que queda por motor de estos eventos es el dinero. Del que cada vez pagamos más por menos concierto.


UPDATE: Entonces apareció esto en la página de Facebook de la productora del evento…

BRP-Cafe-01

Y un poco más tarde…

Gracias a @rockinricopr por compartir la imagen.

Gracias a @rockinricopr por compartir la imagen.

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.