En el cine: Blue Jasmine

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Blue Jasmine no es solamente la historia de una esposa afectada por el terrible crimen de su marido. Es la historia de la “nación” afectada por el terrible crimen de sus líderes y sus banqueros. Es una historia de cómo la complacencia de unos destruye lo sueños de otros; de cómo la comodidad abre la puerta para aceptar o ignorar las mentiras que la sostienen.

Woody Allen ha intentado muchas cosas en su su carrera. Una de ellas ha sido demostrar que la tragedia y la comedia pueden, de distintas maneras, develar mucho de la condición humana. Esto no es algo que Allen ha descubierto; al contrario, es una convicción que está atada a la creación artística humana desde sus comienzos. Las famosas máscaras que representan la tragedia y la comedia adornan de manera simbólica muchos teatros alrededor del mundo y tienen un efecto poderoso e instantáneo en nosotros. Lo que Allen ha perseguido a través de su carrera cinematográfica, en cierto sentido, es una confirmación mordaz y segura de este principio.

Luego de asegurar su rentabilidad en el cine mediante sus dotes cómicos, Allen comenzó a trabajar tonos dramáticos en sus filmes tan temprano como 1978, cuando decidió seguir su premio Oscar con Interiors, un drama pesado que en su momento sorprendió y disgustó a muchos, pero que con el tiempo ha demostrado ser una de las mejores películas de su época. Desde entonces, Allen ha alternado proyectos “cómicos” y “dramáticos” a través de su prolífica carrera fílmica.

En el 2004, Allen se lanzó a confrontar ambos enfoques en Melinda and Melinda. Esta película encuentra a un grupo de amigos en una mesa discutiendo sobre la comedia y el drama, y cuál es más poderoso en demostrar la conducta humana. Dos artistas del teatro, uno que se especializa en comedias y otro en dramas, defienden a rajatabla cada perspectiva hasta que otro de los amigos los lanza a un experimento hipotético. Él les cuenta una anécdota que le sucedió a un conocido y les pide que ambos imaginen como esa historia podría verse a través de sus rúbricas favoritas. Es un experimento encomiable e interesante que no logra ser grandioso para el espectador pero que, a mi entender, preparó a Woody Allen para la película que hoy nos compete…

Blue Jasmine sorprendentemente logra demostrar lo trágico a través de lo cómico y lo cómico, a su vez, nos lleva a momentos dramáticos y potentes que encierran contradicciones y verdades que a veces se nos hace difícil ver. Y lo hace de una manera directa, sin el gimmick de Melinda Melinda, y con mucha bravura de parte de todos los involucrados en su creación.

Mientras menos sepas de Blue Jasmine cuando la vayas a ver, mejor; así que seré bien breve con mi sinopsis: Jasmine (Cate Blanchett) sale de la vida ostentosa de los ricos en Nueva York y se muda a San Francisco para comenzar una nueva vida con la ayuda de su hermana Ginger (Sally Hawkins), luego de que el Gobierno se quedara con toda la fortuna que su esposo Hal (Alec Baldwin) ganó mediante manejos turbios e ilegales de cuentas de inversiones e hipotecas. Durante un poco más de una hora y media, Allen se concentra en contarnos cómo Jasmine llegó allí y cómo su interacción con este nuevo mundo y su hermana van afectándola cada vez más.

Blanchett habita a Jasmine de una manera espectacular, y Sally Hawkins tiene la difícil labor de funcionar como su contraparte, lo cual logra muy bien. Mucho se ha dicho del estilo directoral de Allen, y su filmografía habla por sí sola de sus éxitos y sus “fracasos”. Allen suele darle libertad a sus actores para abordar sus personajes, y eso a veces funciona magistralmente (Interiors, Another Woman) y otras veces no trabaja tan bien (September, Cassandra’s Dream).

En este filme, Allen triunfa y sorprende con un elenco muy diverso de actores que logran mezclar sus “idiosincrasias” muy efectivamente con el material, dándole fuerza a cada escena. Van a leer mucho sobre Blanchett y estoy seguro de que la verán nominada a muchos premios. Las razones serán justas, pero dentro de la vorágine de hipérboles que se suelen crear durante la carrera de premios en Hollywood, caeremos en la horrible trampa de olvidar que su trabajo funciona en la medida en que el resto del elenco cuaje y se conforme a su alrededor. Andrew Dice Clay, Bobby Cannavale, Alec Baldwin, y Louis CK, actores que conocemos como comediantes en la “vida real”, logran jugar con sus reputaciones y presentarnos personajes breves pero tonalmente correctos que le dan un marco claro a la historia y nos abre la posibilidad de una poderosa lectura analógica.

Blue Jasmine no es solamente la historia de una esposa afectada por el terrible crimen de su marido. Es la historia de la “nación” afectada por el terrible crimen de sus líderes y sus banqueros. Es una historia de cómo la complacencia de unos destruye lo sueños de otros; de cómo la comodidad abre la puerta para aceptar o ignorar las mentiras que la sostienen. Ya sea a propósito o por pura casualidad, Allen nos ha dejado aquí una de sus películas más abiertas a una interpretación política poderosa que funciona como psicoanálisis grupal de una nación quebrantada, desde el corazón de su símbolo más reconocido: Wall Street, en la tan amada e idealizada ciudad de Nueva York.

Jasmine es la nación huyendo del dolor, “hacia el oeste” en pos de una vida nueva, re-tomando un camino ya tomado. Jasmine está, precisamente, “blue” porque le duele su pasado, pero más le duele su presente, que la acerca cada día más a la gente trabajadora de la cual se distanciaba. Su hermana adoptada, casi su contemporánea, y su pareja, que arregla carros de otros; gente que suda y molesta cuando van a visitar. Gente que “no sabe nada de dinero” y le entrega sus ahorros a esos otros hombres lanzados que desde Wall Street hacen magia y mantienen muy bien los secretos de su riqueza. Jasmine esta “blue” porque la gente la acoge cuando ella pierde todo, y le dejan acostarse en una cama que es quizás demasiado pequeña para su gusto, y la dejan beberse su Vodka barato falto de limones y citronella, todo a pesar de que en algún momento fueron lastimados por su esposo y, claro está, por ella misma, porque ¿cómo pudo ser tan ciega? ¿Cómo no vio las cosas que pasaban? ¿Cómo ahora, sabiendo lo que pasó, sin embargo extraña tanto el espacio y el confort de su casa en Park Avenue?

Pero no digo más, como dije al principio. Mientras menos sepas, mejor para ti. Mejor ten esto en mente: Allen ha logrado crear un drama con momentos muy cómicos que provocan esa risa única que viene directo de la realidad. Esa risa que viene del reconocimiento, como dicen los gringos, “it’s funny because it’s true” (da gracia porque ES cierto). Y es así como Allen demuestra otra cosa: que sus películas malas no son tan malas ná’.Tengo la impresión de que Allen quizás no hubiese llegado a darnos Blue Jasmine tan fácilmente si no hubiese explorado tan explícita y literalmente la dicotomía de lo trágico y lo cómico en Melinda and Melinda, y eso definitivamente sería una verdadera tragedia…

cuatro estrellas

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Blue Jasmine
98 min | Drama

Director: Woody Allen
Cate Blanchett, Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Sally Hawkins, Andrew Dice Clay y Louis CK

• Véanla • Si quieres ver buenas actuaciones y un buen balance entre lo dramático y lo cómico. Woody Allen (el guionista y director) en total dominio de sus dos facetas.

• Evítela • Si no soportas a Woody Allen. En serio, si no lo soportas ¿qué haces leyendo esto? Sabes que ese odio es amor solapado. Arranca y vete a verla. Te hará olvidar “To Rome With Love”.

Exhibiéndose ya en las salas de Fine Arts de Puerto Rico.
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Ezequiel es un (todavía piensa el) joven de origen boricua que habla en un tono de voz demasiado alto y que le gusta expresarse aunque todavía no sabe acentuar. Es el líder del programa radial Frecuencias Alternas (que se transmite por Radio Universidad de Puerto Rico) y disfruta de la música, el cine, su familia y su perra Caprica. En algún momento fue parte de los conspiradores de CarbonoMúsica, #EnProfundo y la serie de eventos en directo El Independiente.