REPLY ALL: Las carpetas

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Bienvenidos a Reply All, una nueva columna en donde nuestros editores y colaboradores discuten algún tema de interés a través de un email en cadena para luego compartir la conversación con ustedes. La misma surgió luego de una discusión por Twitter que resultó muy larga para ese medio. ¿Qué discutíamos?

El documental Las carpetas, dirigido por Maite Rivera Carbonelle, presenta a cuatro víctimas de la persecución policiaca que se vivió en Puerto Rico durante una de las épocas más oscuras de nuestra historia reciente. El mismo se exhibe actualmente en la isla.

Participan: Mario Alegre-Femenías (Sin subtítulos, Cinemánico); Alfredo Richner (Editor, Puerto Rico Indie); Gabriel Sánchez (Puerto Rico Indie, Cinemánico)

Alfredo: Tengo que empezar esta discusión sobre Las carpetas con la siguiente confesión: Yo no había pisado un cine desde que salí de ver The Dark Knight Rises el verano pasado… Ambos saben que tengo grandes reservas con esa película y aunque sería fácil para mí acusar a Nolan de haberme “quita’o del cine”, la verdad es que le he perdido cariño a sus ritmos y cadencias, optando en vez por las series de televisión – y los documentales.

Digo esto para aclarar dos cosas de entrada: (1) Quería ver Las carpetas lo suficiente como para marcar con ella mi regreso al cine (no me caso para nada con el sentir de que “HAY que apoyar al cine de aquí”, voy si me interesa la película), y (2) He visto más documentales en los últimos dos años que cualquier otro género. Me gusta escuchar a la gente hablar y contar sus historias – y me puedo disfrutar un documental aunque la calidad de la producción no sea la mejor o la dirección deje algo por desear.

Ahora… No me disfruté el 90% de Las carpetas. Salí de la sala molesto y desilucionado. Más que cuando fui a ver The Dark Knight Rises. ¿Me quito del cine otra vez?

Mario: Hablas con un devoto cinéfilo ortodoxo, así que la respuesta corta a tu última pregunta obviamente sería un rotundo: ‘NO’. Pero claro, ese soy yo. No hay nada – mal servicio, pobre proyección, celulares, meteoritos ni la multitud de inconsideradas bestias sin modales que frecuentan ese espacio – capaz de hacerme negar el cine. Qué puedo decir… soy masoquista.

Hay varias vertientes a explorar en tu comentarios:

1. Cuando dices “quitarte” del cine, ¿te refieres al cine, el lugar, o el cine, el medio narrativo?

2. ¿Cuáles fueron tus reservas con Las carpetas. Acepto que el documental tiene issues (unos que no pude abordar a fondo en mi crítica por falta de tiempo y espacio), pero en general lo disfruté, aún cuando no encontré que descubrí nada nuevo de ese bochornoso periodo de nuestra historia. De hecho, diría que el conocimiento previo con el que tú entras a la sala es fundamental para poderlo apreciar, ya que hay muchas lagunas en su exposición de los hechos.

Gabriel: Aunque comparto con Mario la visión romántica de ir al cine, lo cierto es que ya las experiencias negativas están sobrepasando las positivas. A veces es por la proyección (pantalla, sonido), otras veces por el pobre estado general de los teatros (aire, butacas, servicio), pero principalmente es la desconsideración del público en general. Ahora trato de ir a tandas donde sé que el cine estará vacío para evitarme malos ratos, aunque tengo que admitir que nunca podré dejar de ir al cine por completo porque hay demasiadas películas que se tienen que ver en pantalla grande para poder apreciar mejor.

Tengo las mismas dudas sobre tu comentario de quitarte del cine; no sé si es el acto físico de visitar un teatro o si estás aburrido y desilusionado con el medio (como me lo has hecho saber antes). Si es el primer caso, te entiendo. Si es el segundo, me gustaría que dieras razones. Te he escuchado hablar anteriormente sobre la superioridad de escritura para TV y aquí mencionaste que ya no toleras tanto los “ritmos y cadencias” pero ¿qué más te hace preferir una sobre otra? Tengo mis sospechas pero quiero leer tus comentarios.

Sobre Las carpetas, estoy igual de frustrado que tú. La cinta no aporta nada nuevo a la conversación del asunto, más allá de mostrar pedazos de historias de algunos individuos carpeteados. No hay ningún tipo de hilo narrativo que los una, no se contextualiza el tema y hay serios problemas de estilo que distraen aún más. Esto último lo pudiese ignorar si la sustancia estuviera (como hice con Oso Blanco) pero aquí no hay carne en los huesos y no me quiero imaginar como alguien que desconoce la historia (o sea, la mayoría de las personas) va a poder agarrar bien lo que sucedió. ¿Estamos por la misma linea?

Alfredo: Pues realmente es un poquito de ambos. Alguna vez – y por mucho tiempo – el cine fue mi principal modo de entretenimiento y vehículo de inspiración artística. Las doble tandas constantes en la escuela superior (algunas de las más memorables: Rumble In The Bronx y Mortal Kombat, LA Confidential y The Game) abrieron paso a las premieres a media noche, las visitas al cine solo y clases de la historia del medio en la universidad… Supongo que ya no soy la misma persona con esa pasión por el medio – y esa falta de entusiasmo se traduce a menos visitas al cine (y menos películas vistas en mi casa).

Pero volvamos a Las carpetas, que bastante nos he desviado del tema ya – y es el más interesante de los dos. Las fallas del documental que menciona Gabriel son las mismas que me inquietaron durante la proyección. Luego de mirar mi reloj por la primeros 30 minutos de duración del mismo, le digo incrédulo a Gabriel: “estaba pendiente al tiempo para ver cuándo iban a contextualizar las entrevistas, pero ya veo que no va a suceder”. Sin entrar mucho en la técnica y las aspiraciones cinematográficas detrás de este esfuerzo, las mismas parecen haber distraido a los cineastas de la tarea de informar al público sobre las carpetas. Podría quejarme de como tenemos que esperar hasta el final para pasar unos escasos minutos conociendo muy poco sobre el contenido de las carpetas, pero lo triste es que este documental ni se interesa por presentarnos a sus protagonistas – ni tan siquiera poniendo sus nombres completos en pantalla por unos segundos. Sin embargo los vemos lavarse los dientes, limpiar la cocina, jugar dominó… despilfarran su tiempo humanizando a las personas que no necesitan ser humanizadas de entrada – las víctimas.

Esas “lagunas” de exposición resultan en un documental difícil de recomendar tanto a personas que no sepan nada del tema como a los que ya conocen “algo” del mismo. Pero Mario, tú pareces haber disfrutado más de “Las carpetas” y hasta lo recomiendas abiertamente en tu reseña… ¿Nos tratas de convencer?

Mario: Convencerlos está difícil, conociéndolos. Pero en realidad no estoy en desacuerdo con prácticamente ninguno de sus argumentos, simplemente no me molestaron al mismo nivel.

Sí, el documental no profundiza en este tema del cual fácilmente se pudo haber desarrollado una miniserie. Como dije en la reseña, me dejó con las ganas, y el lado de los que realizaron el carpeteo no está bien representado. Me habría encantado ver a algún político de esa época hablar – aunque dudo que alguno hubiese dado la cara – o que el documental contextualizara el periodo histórico del carpeteo (¿quiénes fueron los gobernadores? ¿cuáles eran los partidos? ¿por qué luchaban los que luchaban?). Sin embargo, conozco alguito de esta época y me fue suficiente como para entender lo que estaba ocurriendo.

Me dejé llevar por los cuatro protagonistas y por el estilo que se le dio a la narrativa. Estoy seguro que no he visto tantos documentales como ustedes dos (mea culpa), por lo que valoro mucho su apreciación. Supongo que respondo más al estilo, y el de Las carpetas, con su cámara desde la perspectiva de los que monitoreaban a estar personas, pues no le agregará sustancia al material, pero sí le da un toque que me gustó.

Cabe señalar que vi el documental en mi casa, mediante un screener, y estaba en compañía de alguien con quien mantuve una discusión acerca de lo que estábamos viendo de principio a fin. Eso pudo haber influenciado mi apreciación, al ser una experiencia totalmente distinta a estar en un teatro donde el silencio es mandatorio, aunque muchos idiotas no lo sepan.

Alfredo: Ahí hay una discusión muy interesante sobre la manera en que vemos las películas. Por un lado podríamos aventurarnos a decir que en parte he perdido el encanto con el producto del cine por dejar de ir al espacio para el cual se hicieron las películas – el teatro. Por el otro estoy seguro que apreciaste mejor la cinematografía de Las carpetas desde tu laptop – ya que el efecto “verité” de “espiar” a los entrevistados se multiplicaba en pantalla al punto de molestar (algunos habrán sentido náuseas, otros el deseo de que parte del dinero se hubiese invertido en un monopod u otro tipo de estabilizador).

Pero tampoco estoy de acuerdo con que fue un buen uso del estilo – al menos no parece haber sido muy pensado. Me parece problemático desde la primera toma, la cual nos posiciona dentro de la casa de una de “las carpeteadas”, primero detrás de ella mientras se lava los dientes y luego haciendo quehaceres en el hogar. Si bien recuerdo así comienza el excelente Shut Up And Play The Hits de LCD Soundsystem – y miles de otros documentales que no tienen que ver con el carpeteo. La idea no se establece claramente hasta que la persona sale del hogar, cuando la cámara simula puntos de vista más a tono con las personas que en algún momento le vigilaron. La técnica de perseguir a los entrevistados (junto al aburrido y lento sónido de una maquinilla) se utilizan tantas veces que pierden su función estilística y se convierten en una manera de inflar la duración del documental, ya que no contribuyen nada luego de esa primera impresión (“ah, es como si los estuvieran persiguiendo”).

Gabriel: Si vivo el resto de mi vida sin ver el efecto de maquinilla en una película, viviré feliz. Estoy completamente de acuerdo con Alfredo en el fracaso del estilo: distraía y no aportaba nada. Quizás funcionaba si lo hubieran utilizado mejor y en menor cantida; se sentía demasiado como filler. Las historias podían tener más resonancia si nos brindaban más contexto sobre los entrevistados. Y la entrevista con Julio César Andrades fue una oportunidad desperdiciada: aquí tienes uno de los arquitectos de la mafia policiaca de la época y tenemos tomas del crew preparándose para grabar y a él tomando agua. Maybe I’m nitpicking, pero un documental que se llame Las carpetas debe hablar más sobre el tema y no dejarlo a la insinuación.

Mario: Bueno, pues creo que con eso cerramos el tema. Quisiera que me hubiera encantado el documental para poder defenderlo con tanta fuerza como ustedes lo atacan, pero en verdad no puedo debatirles ninguno de los puntos.

Alfredo: Y para aquellos que nos leen: Si quieren aprender más sobre el carpeteo en Puerto Rico, me recomendaron el libro Las carpetas: persecución política y derechos civiles en Puerto Rico por Ramón Bosque-Pérez y José Javier Colón-Morera. En cuanto al cine, recomiendo cómodamente a The Lives of Others (2006) como una alternativa a Las carpetas.

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.