Reseña: Girls

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Aún recuerdo el momento exacto en que decidí que continuaría viendo la serie de HBO Girls. Fue al final del primer episodio: el tiro final de la cámara sigue a Hannah por una calle de Nueva York y luego se abre para abarcar más espacio, una mejor vista de la ciudad, más gente. Fue fácil para ellos enamorarme de esa manera. Confieso que soy fan de “all things New York”, desde Woody Allen hasta 30 Rock, así que a lo mejor mi punto de vista es menos objetivo.

Solo recientemente es que me he percatado de que tengo gente en mi grupo de amistades que también ha visto Girls. La mayoría lo ama. No, estoy siendo injusta, digamos que es la mitad. Pero quienes odian el programa realmente lo odian. En una ocasión, por pura casualidad, terminé participando en un debate acerca de los méritos y las desgracias de Girls. El vitriol es mucho, y se basa más que nada en dos hechos: los personajes de la serie no son agradables y sus problemas son predominantemente primermundistas. Son hechos que no voy a refutar, pero quiero demostrar por qué en lugar de ser un problema, son el método (a stroke of genius!) para lograr una mejor dinámica entre la serie y su público.

Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna. Si las miramos con un ojo crítico y menos involucrado, definitivamente son personas con las que uno no se identificaría. Marnie es una joven preciosa, con un trabajo de ensueño y un novio guapo y super dulce. Shoshanna es lo que mucha gente llama una airhead, con dinero suficiente para gastar y un fashion sense envidiable. A Jessa la podríamos describir como una wild thing: con un acento inglés que le procura ese cierto edge en su entorno social y una actitud de despreocupación total por su futuro y el de los demás. Y Hannah… ella es la que se gana la mayor parte del odio de sus detractores. ¿Por qué? Porque demuestra desde el principio un self-entitlement endemoniado. Exige de sus padres un apoyo que no se ha ganado, anda detrás de Adam como perrito faldero, toma por sentada su amistad con Marnie… En general, Hannah es lo que todos despreciamos en una persona. Hannah es lo que despreciamos en nosotros mismos. Y creo que he ahí el problema de los que odian Girls: ven en estas mujeres los rasgos que quisieran erradicar de sí mismos y de las personas que los rodean. Todos hemos tenido una Hannah, una Marnie, una Jessa o una Shoshanna en nuestras vidas. Y todos hemos exhibido algún rasgo de estas personalidades en algún momento de nuestras vidas. Lo que le molesta a muchos es que Lena Dunham (la creadora de Girls) presenta a sus personajes con sus defectos en todo su esplendor y sin remordimiento alguno. Esta es la historia de un grupo de anti heroínas, aquí no hay revindicación que valga.

La historia del anti héroe pertenece a una tradición antigua. Todos hemos conocido su origen: el Lazarillo de Tormes. Bueno, todos los que prestamos atención en la clase de español; los que no, pónganse a leer, que el libro es corto. Este género literario nos presenta un protagonista imperfecto que pasa por una serie de acontecimientos y desgracias que no lo cambian en lo absoluto. Al final, la vida del anti héroe termina trágicamente inalterada. Hannah, Marnie, Shoshanna y Jessa son nuestras anti heroínas modernas: imperfectas, incluso desagradables, e inalteradas por sus errores y tragedias. Pero a la hora de la verdad, ¿a cuántos héroes conocemos nosotros realmente? ¿A cuántas personas conoces tú que hayan cambiado en esencia gracias a un corazón roto o a la pérdida de un trabajo? Lo que podría cambiarnos así suele ser precisamente un suceso life-changing: una muerte, un incendio… y solo si tenemos suerte. A muchos les pasan estas cosas y siguen su vida igual. ¿Por qué esperaríamos algo distinto de Hannah & Co.?

Donde yace el genio de esta serie no es en su capacidad de cambiar a sus personajes, si no en su capacidad de enamorarnos de ellas a pesar de sus defectos. Al igual que pasa en la vida real. Claro, cuando la mayoría de nosotros se enamora, solemos ser ciegos a los defectos de la otra persona. Todo nos parece una chulería en pote, y es después de un tiempo que empezamos a ver los pequeños defectos (y luego los más grandes). It’s the story of our lives. Con Girls es al revés: empezamos por verle los defectos a todos estos personajes y poco a poco le vamos descubriendo sus redeeming values: lo cariñosa que puede ser Shoshanna, la feroz valentía de Jessa, la capacidad de Marnie para mirar más allá de las apariencias, y la inusitadamente buena autoestima de Hannah. La fidelidad de quienes hemos seguido la serie desde su comienzo ha sido premiada con la sensación de haber conseguido cuatro amigas más. A veces sufrimos sus tragedias y nos alegramos por sus logros, pero más son las ocasiones – como nos pasa en la vida real con nuestros amigos – en que pensamos “¡Bueno que le pase!” o “¡Uh-oh! Esta se jodió”. La relación de Girls con su público se ha tornado en un sentimiento genuino de participación, y esto es algo que no muchas series de este tipo logran.

Muchos también se han quejado de que la serie es una representación de los first-world problems de la juventud de hoy día: se quejan de todo, pero cuentan con un techo, un trabajo, amistades, familias que los apoyan y una vida social activa. Pero las joyas de esta serie son los momentos en que nos muestran que este estilo de vida que uno ve a primera vista es meramente una fachada, y que las protagonistas sufren los mismos problemas que nosotros, aunque en un escaño económico más alto. Shoshanna tendrá dinero para gastar, pero sufre de una ansiedad social que la deja a la deriva en medio de un mar de gente. Jessa tiene un caso serio de daddy issues, lo cual explica su historial de abuso de drogas y comportamiento sexual irresponsable. Marnie, a pesar de que tiene un trabajo y una relación estables, no tiene ni idea de lo que quiere hacer con su vida. Y Hannah, me parece, a pesar de estar rodeada de gente, se siente sumamente sola y duda mucho de sus talentos. Todos hemos tenido problemas similares en algún momento, y posiblemente hemos sufrido de ellos a pesar de los elementos positivos que nos rodean. The grass is always greener…

A mí también me han tocado personalmente en una que otra ocasión. El aborto de Jessa fue duramente criticado por cómo se abordó el tema: hubo un dejo de liviandad y despreocupación en este capítulo. Pero es que no todo el mundo lleva una procesión fúnebre a cuestas cuando se va a hacer un aborto. A lo mejor esperaban un episodio preachy o solemne, pero ya de eso hemos tenido suficiente por otros medios, y no todo el mundo comparte esa perspectiva de abortion = bad life decisions. El personaje de Jessa quedó mejor definido luego de ese episodio. Ahora sabemos de qué es capaz y qué le afecta realmente.

En el episodio 4 de esta temporada (“It’s a Shame About Ray”), vemos a Marnie desmadejándose finalmente, y se nos presenta una visión distinta de Charlie, su ex. Ella le confiesa que no sabe lo que quiere con su vida, contraviniendo por completo a la definición previa de Marnie como “the girl who has her shit figured out”. Charlie comienza a besarla, a pesar de que su novia actual está de camino a la calle en un ataque de celos justificado, y Marnie lo detiene para decirle que está saliendo con alguien más. Aquí es que a Charlie se le brota lo de macharrán: claro, él puede estar con Marnie y su novia, pero Marnie bajo ningún concepto puede salir con otro tipo. Este es el cuento de nunca acabar para quienes hemos cometido errores en nuestra vida sentimental, especialmente cuando una persona para todos los efectos es genial, pero de momento surge ese detalle, ese deal-breaker. Aún estoy esperando a que Marnie se dé cuenta de lo basura que Charlie es.

Y en el episodio más reciente, “It’s Back”, se presenta la recurrencia de un problema viejo de Hannah. Lena Dunham, que también protagoniza como Hannah, mencionó en su espacio de Twitter que este problema particular tiene base en su vida real. Ella también ha sufrido de OCD (Obsessive Compulsive Disorder), y esto es muy evidente en la forma en que lo representa en el episodio. Leí una que otra crítica absurda a este capítulo, pero como alguien que ha sufrido de trastornos mentales, puedo decir que la actuación de Dunham fue spot on. Tenemos nuestra enfermedad, lo sabemos, pero no lo queremos admitir, mucho menos ante la gente que tenemos más cerca. Nos encerramos en nuestra angustia, una angustia que más allá de afectar nuestra interacción social, afecta nuestra visión de nosotros mismos. Sentimos que por el mero hecho de sufrir de esta imperfección, estamos fallando en algo y demostrando una debilidad que no queremos tener. Lena Dunham me dejó en llanto con este capítulo, y esto es algo que muy pocas series han logrado.

Girls puede que no sea una serie genial en cuanto a sus diálogos y camarografía, el diseño de sus personajes o sus actuaciones. Hoy día tenemos esa obsesión hipster de que todo debe ser original y genial y único. El genio de Girls no está en eso. Su genio está en hacernos sentir a pesar de los defectos en su realización y sus personajes. Su genio está en lograr que nos identifiquemos con gente con quienes compartiríamos muy poco si nos encontráramos con ellos cara a cara. Muy pocos congeniaríamos con jóvenes del jet set niuyorquino, pero Girls logra que, más allá de congeniar, veamos a estas personas más allá del maquillaje, el posturing y el pariseo intenso, y nos veamos reflejados en ellas. Girls derriba las barreras de los escaños sociales para que nos veamos tal cual somos: como seres humanos.