En el cine: Cloud Atlas

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La ambición es lo más evidente en Cloud Atlas, el nuevo filme de los hermanos Wachowski (The Matrix Trilogy) y Tom Tykwer (Run Lola Run). Entre sus múltiples partes existen miles de fallas, y a la vez podemos ver visiones magníficas de lo que pudo ser, o lo que los directores querían que fuese. Esas visiones, aunque escazas y repentinas dentro de una obra de casi 3 horas, son impresionantes. Delatan no sólo el gran esfuerzo requerido para montar este espectáculo gigante, sino la pasión de los involucrados en querer realizarla.

Desafortunadamente esa pasión no es suficiente para mantener la nave aflote. Cloud Atlas se queda corta en muchas situaciones mientras que en otras nos da más de lo que necesitamos. La cinta es masiva, 6 historias estrechamente relacionadas en temática, más vinculadas por motifs y la recurrencia de actores entre cada una. Es el pobre manejo de esa masa de historias la que ocasiona que sea un filme deficiente.

La adaptación de la novela y la dirección estuvieron a cargo de la troika de Lana y Andy Wachowski y Tom Twyker. Hay dos historias que funcionan, solas o dentro del conglomerado: un relato de amor y ambición en el 1936 sobre un joven músico (Ben Whishaw) que abandona a su amado para trabajar su obra maestra, una sinfonía titulada “The Cloud Atlas Sextet”, junto a un compositor desquiciado (Jim Broadbent). La otra historia certera se lleva a cabo en el 2144 en la ciudad de Neo Seoul, Korea y trata de una “fabricant” (por no decir “replicant” – de todos modos, un clon) que se rebela contra su rol establecido en la sociedad y ayuda a la resitencia a combatir el orden totalitario.

Estas dos historias sobresalen por la calidad de los personajes, que sufren verdaderos cambios y se establecen en un contexto concebible, con sentimientos reales ante situaciones adversas. Con todo y sus fallas, son muy efectivas y mantienen la atención del espectador.

Por otra parte, las otras cuatro historias restantes fallan drásticamente en conectar con la audiencia: una historia de mediados del Siglo 19 sobre un joven abogado que se encuentra en altamar y se ve forzado a ayudar a un esclavo escapado (con todos los clichés que eso implíca), un thriller político en los 70s con Halle Berry como reportera investigativa que no contiene suspenso y no nos lleva a ningún lugar, una comedia poco cómica sobre unos ancianos que desean escapar de una casa de retiro en el 2012, y un futuro post-apocaliptico en donde Tom Hanks habla como un muppet mientras Berry tiene piercings raros y un vestuario bien blanco.

Todas estas historias fallan porque no contienen material redimible ni conectan entre si. El hecho que los directores decidieron entrelazarlas en vez de presentarlas tipo antología es otro desacierto que le quita vigencia a las historias: cuando por fin empiezas a entender los personajes de una, te tiran a otra sin necesidad, mas los vínculos entre segmentos que los cineastas nos muestran son forzados y muchas veces no hacen sentido. Menos sentido hace el gimmick de reusar actores a través de las historias cuando muchas veces no le corresponden los papeles y no funcionan en sus roles obligados. Un ejercicio totalmente innecesario.

Como ya he mencionado, Cloud Atlas contiene varios momentos que demuestran el talento de los directores. Hay que tener valentía, o quizás egos inflados, para intentar hacer una cinta tan fantástica y gigante. Apostaron alto, pero inevitablemente fallaron. Hay actuaciones que sobresalen, principalmente Jim Broadbent en dos interpretaciones, Ben Whishaw y James D’arcy. Pero Berry no es nada especial, Hanks es risible y Hugo Weaving hace de villano 6 veces (¡vaya originalidad!).

Mientras más quiero que me guste, más fallas le encuentro y más me distancio de elogiarla. Siempre tengo serios problemas con películas que intentan predicar algo de manera obvia y trillada. En vez de dejar que la historia y el desarrollo transmitan el mensaje, te obligan a que veas lo que te están tratando de decir, te lo deletrean, como si no tuvieramos la capacidad de entenderlo a nuestra propia manera y ritmo.

¿Cuán difícil es permitir que el espectador llegue a sus propias conclusiones? ¿Se le ha perdido tanto el respeto a la audiencia que hay que masticarle todo para que sea fácil de digerir? Esto demuestra una crasa falta de confianza por parte de los cineastas, pensando que sus talentos como artistas no sean suficientes como para transmitir el mensaje o que la gente no tiene la aptitud necesaria para entender. Estamos todos conectados; las decisiones que tomamos o evitamos tienen repercusiones directas en otras personas en el presente y en el futuro; tratemos de ser tolerantes y genuinos; amemos sin pena; blah blah blah. We get it. No necesitamos que los personajes repitan las enseñanzas durante las resoluciones de los últimos 30 minutos de cinta, no necesitamos un tatuaje de un cometa ni que los actores se pongan narices de goma y ojos rasgados. Darnos demasiado es igual de malo que darnos muy poco.

Es seudo-intelectualismo de primera categoría; pretende profundidad donde no hay. Una de las moralejas forzadas en Cloud Atlas busca enaltecer lo genuino sobre todo lo demás; ser fiel a sí mismo como lo más importante. Sin embargo el filme traiciona esa máxima y termina siendo poco genuino en sus métodos de transmitir sus mensajes. Contradicciones del cine.

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Cloud Atlas
172 min | Drama, Ciencia ficción

Directores: Lana y Andy Wachowski, Tom Tykwer
Tom Hanks, Halle Berry y Hugo Weaving

• Véanla • Si te interesa el cine ambicioso, aunque esa ambición no resulte en un clásico del cine.

• Evítela • Si no tienes paciencia para una cinta de casi 3 horas y estás cansado de moralejas forzadas.

Exhibiéndose ya en las salas de Fine Arts.
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