Todos somos Pussy Riot

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Por: Ana-Irma Patete y Alfredo Richner

El viernes, 17 de agosto, la corte en Moscú sentenció a tres miembros del grupo de punk Pussy Riot a dos años en prisión. ¿El cargo en contra de las jóvenes Maria Alyokhina, 24, Nadezhda Tolokonnikova, 22, y Yekaterina Samutsevich, 29? “Gamberrismo motivado por odio a la religión”. El diccionario de la Real Academia Española define como “gamberro(a)” a aquella persona “que comete actos de grosería o incivilidad” – un “libertino, disoluto”; o una “prostituta”. Pero que quede claro: estas tres muchachas permanecerán dos años de su vida en una cárcel rusa, lejos de sus hijos, esposos y demás seres queridos, por expresarse en contra del estado a través de su arte.

El grupo, de corte feminista y revolucionario, se formó en Rusia en agosto del 2011. Durante su corta carrera, llevaban su mensaje a una audiencia global a través de Youtube, en donde colgaban sus vídeos tipo “performance art” – intervenciones en espacios públicos desde donde sonaban sus canciones, ya fuera arriba de trenes, andamios, y en febrero de este año, en una catedral de la Iglesia Ortodoxa en Moscú.

Fue allí que las chicas de Pussy Riot cantaron “Virgen María, hazte feminista. ¡Virgen María, líbranos de Putin!”, una especie de oración al estilo punk en desaprobación del régimen actual y la reelección de Putin. La intervención duró unos minutos – suficientes para grabar su vídeo – y ante los ruegos de los guardias, la banda terminó su manifestación. Arrestaron a tres (el grupo dice contar con algunos trece miembros), quienes permanecían encarceladas desde marzo – y ahora por dos años más. De éstas, Maria y Nadezhda son madres.

Las jóvenes declararon su lamento ante la posibilidad de haber ofendido a algunos creyentes de la fe ortodoxa, pero igual irán a la cárcel. Mientras en Puerto Rico, la ex-presidenta de la Cámara de Representantes, Zaida “Cucusa” Hernández, y Heidi Wys, asesora de la actual presidenta cameral, están libres a hacer expresiones públicas de corte racistala segunda en contra del Presidente de los Estados Unidos – sin repercusión alguna.

¿Y qué tal las ofensas políticas que los miembros de Pussy Riot, y muchos de sus compueblanos, han soportado? ¿Por qué, como sociedad, tendemos a privilegiar la religión sobre moralidades laicas, como las propuestas y mensajes de estas rusas? ¿Y la gran ofensa e injusticia que ahora ellas encaran? ¿Quién se responsabilizará de eso? Seguramente, no será Putin, ni el Kremlin, ni la religión ortodoxa. Como expresó el esposo de Tolokonnikova al salir de corte: “Lo que Putin quiere, Putin consigue. Es lo único que decir”.

No obstante, las chicas, aún encarceladas, han podido galvanizar a una miríada de gente. Amnesty International se ha involucrado en el caso, calificándolo como un gran golpe a la libertad de expresión. El senado de los Estados Unidos calificó las medidas de la corte rusa como “desproporcionadas”. Hoy día hay grupos movilizándose bajo la idea de que “todos somos Pussy Riot”. Protestas organizadas han estado en plena vigencia en las plazas de Berlin, Warsaw, Londres, Nueva York y París, entre otras ciudades alrededor del mundo. Artistas como Paul McCartney, Madonna, Yoko Ono, Bjork, Peter Gabriel, The Beastie Boys, Red Hot Chili Peppers, Kathleen Hanna y Patti Smith han expresado sus deseos de poner en libertad estas tres mujeres.

La cuestión es sumamente bizarra. En el fondo, tiene que ver con la falta de verdadera libertad de expresión en la Rusia actual. Y no sólo se experimenta allá. Se puede detectar hasta en los países supuestamente más “libres”, incluyendo en los Estados Unidos, y por ende, en Puerto Rico. ¿Recuerdan a la alumna universitaria arrestada por quitarse la camisa como parte de su manifestación? Y eso que en Nueva York, desde el 1992, la mujer tiene el derecho de andar sin camisa en lugares públicos…

Todos con los ojos bien abiertos. Todos atentos a los deseos de nuestros líderes. Todos somos Pussy Riot.