En el cine: Pagafantas

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Lo primero que hice cuando escuché el título de la película – Pagafantas (Borja Cobeaga, 2009) – fue googlearlo. Significa “friend zone”; esa zona abstracta – casi como una singularidad – de la cual, una vez estamos ahí, difícilmente podremos escapar.

La película apela a muchos; ya que – gracias a los príncipes azules de Disney, y a las sedientas contorsionistas del porno – nuestras expectativas reproductivas son casi inalcanzables. Muchas mujeres quieren réplicas del David de Miguel Ángel – con PhD’s, musicales apellidos, entre otros atributos análogos a las plumas de un pavo real. Muchos hombres quieren amazonas mudas – pero expertas felatrices; quieren despertar todas las mañanas al lado de jugadoras brasileñas de volibol playero.

Todas estas expectativas han contribuido a la creación de dos categorías en los rituales reproductivos humanos: los chingables y los no-chingables (los inofensivos; los que ponen a’ lante; los que escuchan; los que contestan los mensajes de texto bien rápido; los que arreglan carros, computadoras, neveras… En fin, los que contribuyen poco al pool genético).* Dicho esto, Cobeaga hizo muy bien al representar al pagafantas como el sujeto de una investigación antropológica; ya que el hecho de que hayan hombres que nunca experimentarán el friend zone, mientras otros no conocerán otra condición, remite a lo antropológico (Hecho lamentable y quizás por ello cómico. El pagafantas debe ser tan viejo como un orgasmo de Lucy, por tanto, merece un abordaje antropológico).

Estos no-chingables, por no decir undesirables, pudieran encontrar un mártir en Chema (Gorka Otxoa). Y es que mucho de lo que hace la película un éxito, gira en torno a la frustración del protagonista. Chema – guiado por un mentor pagafantas, el Tío Jaime (Óscar Ladoire), quien lleva décadas enamorado de la madre de su pupilo – se encuentra en una especie de infierno chino, torturado por una bella inmigrante argentina, Claudia (Sabrina Garciarena). La tortura de Chema va desde ser el instrumento pedagógico de una aprendiz de peluquería (Claudia es estudiante de estilismo), hasta ser su teddy bear humano.

La química entre Chema y el ‘Tío’ Jaime es uno de los aspectos más notables de la comedia de Cobeaga; los leí como una re-imaginación de la relación entre Ben Kenobi y Luke. Por otro lado, percibí entre Claudia y Chema una relación masoquista; la que tortura, la diosa del friend zone – aún cuando su chulería es innegable, pues aparenta sentir genuino aprecio por su gimp – no sabe que es la dueña. She’s an oblivious dominatrix, y como siempre pasa en este tipo de relaciones, no tiene idea de que Chema se mea por ella.

Pagafantas es una comedia, pero no puedo decir que es una comedia romántica. De hecho, teniendo en cuenta por todo lo que pasa Chema, se puede decir que es una película de horror. Sin embargo, no todo en el filme de Cobeaga es el absurdo de Chema y su constante sufrimiento, ya que él no es el único pagafantas de la película. La condición del Tío Jaime tomó un giro bienvenido; se sugiere la posibilidad de que, a veces, la luz escapa la fuerza gravitacional de un friend zone. Y yo puedo dar cuenta de ello, pues fui el mejor amigo de mi esposa por dos años.

tres estrellas

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Pagafantas
80 min | Comedia

Director: Borja Cobeaga
Gorka Otxoa, Sabrina Garciarena y Julián López

• Véanla • Si en algún momento de sus vidas tuvieron un episodio de epididymal hypertension – vía algún evento asociado con ser un pagafantas. Si quieren pasar un buen rato; la película es bien divertida.

• Evítela • Si tu apariencia sugiere que en la pre-historia 7 de cada 10 bebés hubiesen sido tus hijos; si pareces un futbolista europeo; si no entiendes por qué las precuelas de Star Wars son una mierda; si eres fanático de Enrique Bunbury… en fin, si al ver a Patrick Bateman chichando, mientras se mira al espejo en American Psycho (Harron, 2000), dices: “Ese soy Yo.”

Exhibiéndose ya en las salas de Fine Arts de Puerto Rico.
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Notas:

* Por aquello de no llevarme un ticket con el gender police, para efectos de esta reseña me refiero al género masculino; ya que el fenómeno de los pagafantas – aunque no dudo que puedan existir mujeres pagafantas – debe ser más común en los hombres.

Maestro, lector y esposo. Amo y odio a Puerto Rico. El arte para mí es un tónico nietzscheano pues la realidad es kafkaesca.