MAMÁ INDIE: La lactancia y la guerra social contra la Teta

Comparte:

Foto: Daquella manera via flickr

Mamá Indie, protagonizada por Limari Colón, es una columna que pretende demostrar maneras alternas de crianza y cuidado de bebés e hijos. Esta mamá alternativa dedicó cinco años de su adultez temprana a tocar y cantar en la banda de Pop Rock, Mabel. En un mundo donde predomina la homogeneidad, Limari decidió crear su propio molde cuando tuvo a su primogénito el 19 de noviembre del 2011, animándose a romper con mitos, y adentrándose a un mundo de temas controvertibles relacionados a nuestras crías. Estas son sus experiencias personales.

Jamás imaginé en mis años de adolescencia que sería una madre lactante. No es algo de lo que nos educaban en la escuela, y todas mis muñecas tenían un bibí. Cuando me estaba preparando para dar a luz a mi primogénito, me encuentro con una avalancha de información a favor de la leche materna, y me propuse lactar a mi pequeñín. He aquí un recuento.

Primeras dos semanas:

Sin dormir, con incomodidad pos-parto y descifrando las señales de bebé, sobreviví con el bebé en el pecho la mayoría del tiempo. Cada vez que lloraba si tenía el pañal sucio, lo pegaba a mi pezón, y como arte de magia desaparecía su llanto. En muchas instancias se quedaba dormido. Aprendí trucos para despertarlo y asegurar su máxima nutrición: cambiarle el pañal, hacerle cosquillas en la planta de los pies, cambiarlo de seno, entre otras. Faltaba reconciliarme con el sueño. Liam dormía en un moisés al lado de mi cama, y cada dos horas lloraba. Aprendí mediante mi pediatra, que si dormía junto a mí descansaría más. Gracias a ese consejo, seis meses después aún lacto a mi pequeño.

Dos semanas a los tres meses:

Durante las primeras semanas de mi relación con mi hijo, lo menos que quería eran visitas. Me urgía ayuda para descansar, pero muchas personas equivalía a tener que conversar, arreglarme, y a un momento awkward tratando de lactar a mi nuevo bebé (la lactancia es un proceso de aprendizaje entre mamá y bebé que tarda aproximadamente seis semanas en regularse). Mi bebé lloraba mucho en manos ajenas, y empezaron a catalogarlo como un “llorón” ó “niño malcriado”. A todas estas yo pensaba, ¿cómo puedo malcriar a un recién nacido? Por estas incomodidades, tardé casi dos meses en llevar a mi bebé a la iglesia, y era bien selectiva con quién cargaba a mi hijo (todavía lo soy). Me topaba con personas que apoyaban la lactancia en el camino, y eran los mejores momentos para amamantar después de los privados.

Todas las madres que lactamos a nuestros hijos exclusivamente notamos que crecen a una velocidad increíble. Al mes y medio mi hijo usaba ropa de tres meses, y a los tres meses usaba ropa de seis. Ya al final de este cuarto trimestre, empezaron las preguntas: “¿Y tu hijo, ya come baby food?”

Tres meses a la actualidad (6 meses +):

Aquí oficialmente comenzó la guerra contra la Teta. Ya mi Liam había perdido las características de recién nacido, y las personas no entendían por qué seguía lactándolo. “Ay mija, yo no sé como tú puedes”. “Tanto sacrificio, si ya lo que botas es agüita. La mejor leche es el calostro”. “Llora porque tiene hambre”. “Necesita un buen cereal, o un buen plato de viandas majadas”. “¿Ese nene siempre tiene que estar en la teta pegao’?” Una tras otras, decenas de amistades y familiares me atosigaban con comentarios y preguntas. Cordialmente le sonreía con las muelas de atrás, porque ya me había cansado de explicarles. ¿En qué se basa la ciencia de estas personas para decir semejante disparates?

Manual de supervivencia con contestaciones a preguntas/comentarios ignorantes:

.
1.) Pregunta/Comentario: “Ay mija, yo no sé como tú puedes”.

Contestación: Puedo porque es hermoso, porque amo a mi hijo y porque fomento el vínculo entre mi bebé y yo. Puedo porque la lactancia tiene excelentes beneficios. Porque quiero. Porque sí.

2.) P/C: “Tanto sacrificio, si ya lo que botas es agüita. La mejor leche es el calostro”.

C: No me digas. ¿Y de dónde sacas esa información? ¿Sabías que cada leche materna, de cada madre, es específica a las necesidades de su bebé? La leche materna protege a mi bebé contra la obesidad, regula su crecimiento y promueve una relación saludable entre ambos. ¿Por qué lo voy a dejar de lactar?

3.) Pregunta/Comentario: “Llora porque tiene hambre”. A este se le puede añadir que está “mal acostumbrado”.

C: Ajá. Porque los bebés solamente lloran porque tienen hambre. No lloran porque necesitan calor, amor, tienen miedo o el pañal sucio… ¿Cómo voy a mal acostumbrar a mi hijo por cargarlo si llevo cargándolo nueve meses en mi vientre? No cargarlo sería el error. Los bebés recién nacidos que lloran son saludables. Si no llora, preocúpate.

4.) Pregunta/Comentario: “Necesita un buen cereal, o un buen plato de viandas majadas”.

C: Los pediatras recomiendan que se amamante a un niño exclusivamente por los primeros seis meses. Su estómago no está desarrollado para tolerar distintos alimentos durante esta primera etapa de vida. ¿No lo ves? Esta gordo y sabroso. ¿Quieres que sea obeso?

5.) Pregunta/Comentario: “¿Ese nene siempre tiene que estar en la teta pegao’?”

C: [Silencio sepulcral y seriedad funciona mejor que cualquier otra cosa.]

.

La lista podría continuar… Les confieso que estos pasados seis meses me he sentido tentada a mandar para el mismo centro del infierno a las personas que más quiero por su insistencia en destetar a mi hijo. ¡Algunas personas me han dicho que lo mejor sería que mi cuerpo deje de producir leche! Ahí se me suben los ácidos gástricos y recuerdo que carecen de educación. Mi gordito no necesitó más nada que la leche de mami. Hace un par de días comencé a darle frutos del país, majados y hechos en casa. Les cuento que la diferencia ha sido nula. Casi ni los quiere. Es un proceso de aprendizaje. Duerme lo mismo. Llora lo mismo. Ese cuento chino de que una vez que coma duerme toda la noche y deja de llorar se lo creen solo los desesperados.

Yo hice las paces conmigo, no tanto con el mundo. Mi hijo es un bebé de alta demanda. De esos gritones, llorones, que no quieren que los sueltes, y quieren ver todo y hacer todo acompañados. Esos que exploran el mundo, y que todo se lo gozan. Esos que pelean y gritan cuando quieren hacer algo y no pueden. A mí me fascina la personalidad de mi bebé. Es fuerte y temperamental. Demuestra carácter, y por nada del mundo intentaré cambiarlo. Lo más curioso es que culpen a la Teta por esa conducta. A lo que yo les digo, si lactarlo lo ha hecho más exigente… Si lactarlo lo ha hecho más dependiente del calor humano… Si lactarlo desarrolla más su intelecto, y ya tiene la capacidad de ser tan demanding… Lo lacto hasta que él quiera, y por amor a Dios, ¡lacto a todos los bebés del planeta!

.

Comparte:

Reside en Arecibo, Puerto Rico entre perros, gatos, gallinas, caballos y otros animales encontrados en el campo. Estudió música durante once años y ahora cursa una maestría en Creación Literaria en el Sagrado Corazón. Escribe para el Huffington Post, su página personal y este magnífico blog independiente...