En el cine: We Need To Talk About Kevin

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Como toda buena película, We Need To Talk About Kevin se puede interpretar de varias maneras. Podemos verla como una reflexión acerca del argumento de qué define cómo nos comportamos: la genética o el entorno. Pudiéramos verla como un ensayo cinematográfico sobre el sentimiento de culpabilidad que el ser humano carga a diario, por la razón que fuera. O la podemos ver simplemente como una obra intensa, llena de imagenes memorables y con actuaciones extraordinarias. En esencia, sin embargo, es un filme aterrador que, paradójicamente, tiene como tema central el amor incondicional.

La película – dirigida por Lynne Ramsay y basada en la novela de Lionel Shriver – nos demuestra la evolución del personaje titular desde recién nacido hasta la adolescencia, a través de la perspectiva de su madre, Eva Khatchadourian (Tilda Swinton). Eva es una viajera profesional, experimentando plenamente cada ciudad que visita. En uno de sus viajes conoce a Franklin (John C. Reilly) y de esa unión (o desliz) sale Kevin. Ramsay utiliza una estructura narrativa no lineal que, a la vez que nos enseña el crecimiento de Kevin, también nos revela el desenlace de ese desarrollo y las repercusiones para él y su madre.

Desde el comienzo Eva demuestra un desapego hacia el niño, lo que impulsa una guerra de voluntades encontradas entre él y la madre y crea el contexto para el desarrollo de las… idiosincracias del muchacho. Los enfrentamientos entre ambos sobresalen debido a las interpretaciones de los actores. Swinton añade otra excepcional actuación a su resumé, demostrando una circunspección inimaginable para ciertas ocasiones. La dinámica entre ella y su hijo (protagonizado estelarmente por tres actores de diferentes edades) siempre arrastra un presentimiento de peligro, una tensión palpable en cada escena, ya sea por la terquedad del Kevin niño (Jasper Newell) o el sarcasmo y la petulancia del Kevin adolescente (Ezra Miller).

Me consterna no poder escribir cosas buenas sobre la actuación de John C. Reilly pero lo cierto es que su personaje (aunque no necesariamente su interpretación) no provee mucho excepto ser un esposo bueno en la superficie, aunque errado y voluntariamente ciego a lo que sucedía a su alrededor. Al igual que la madre y el hijo, no es un personaje agradable. Esta falta de simpatía puede ser problemática para el espectador.

Lo que sí se puede apreciar es la atmósfera, pesada y fértil, creada por Ramsay. Entre la fotografía y las secuencias de cámara, los motifs repetidos y el uso de música (con un banda sonora por Jonny Greenwood), no cabe duda que estamos viendo una película de terror. Mas sin embargo todo ese tono es delicado, no se le impone a la audiencia. No hay (casi) sangre pero hay una explosión de rojos durante toda la película. Una escena en particular, la de Halloween, es el ejemplo perfecto de crear un estado de incomodidad y estrés agudo sin recurrir a enseñar nada gráfico o morboso.

Ese manejo de tensiones, de tratar un tema un tanto incomprensible (la madre que parece no querer a su hijo) le da un toque casi sobrenatural a la película. Es posible que uno salga de la cinta queriendo investigar las opciones de esterilización disponibles, y no es por menos. Pero el hecho que el filme haga preguntas difíciles y trate temas tabúes la hace digna de ser vista.

cuatro estrellas

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We also need to talk about this Kevin... (Bacon en Footloose)

We Need To Talk About Kevin | 112 min | Drama, Suspenso
Director: Lynne Ramsay | Tilda Swinton, John C. Reilly y Ezra Miller
Exhibiéndose desde el 8 de marzo en Fine Arts Café de Puerto Rico.

• Véanla • si estás deseoso de disfrutarte un buen “thriller” tenso y sin elementos de fantasía – éste es tu filme; si aprecias la buena dirección y actuaciones sólidas.

• Evítala • si estás buscando entretenerte con algo ligero y llevadero – y por otro lado, si buscas una cinta de horror más convencional; y será muy importante considerar otras opciones en el cine si estás a punto de parir o recién tuviste un hijo.