En el cine: Shame

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Fuera de considerarse un asunto serio, la adicción sexual es por lo general convertida en chiste por quienes no la entienden. Shame – segundo largometraje del director británico Steve McQueen – intenta mostrarnos la otra cara de la burla: la desesperación, la enajenación y, por supuesto, la vergüenza.

Michael Fassbender protagoniza a Brandon Sullivan, un treintón soltero, apuesto y con un trabajo que le permite darse la buena vida en Manhattan. Esa buena vida incluye abandonarse sin restricción en todo tipo de desenfreno sexual que le plazca. La repentina visita de su hermana Sissy (Carey Mulligan) lo trae cambios a su rutina establecida, lo que causa fricción entre ellos. De ahí, vemos como se va deshaciendo ese mundo paralelo en el cual vive Brandon, obligándolo a enfrentar ciertas verdades que había preferido ignorar.

Fassbender hace un trabajo excepcional en su rol como adicto. La fortaleza que le demuestra al mundo – a las mujeres en particular – esconde una ansiedad e incomodidad con él mismo. Fassbender alterna entre casanova y niño consentido de un momento a otro, mas sus explosiones de violencia cuando no puede tolerar ciertas situaciones son alarmantes y estremecedoras. La incapacidad de Brandon en mostrar cariño o ternura ponen de relieve su caracter patético, consecuencia trágica de su enfermedad. Fassbender seguramente merecía más atención de la organizaciones que otorgan premios. Así de buena y difícil es su intepretación de Brandon.

Carey Mulligan, en su segundo rol impresionante del 2011, hace muy buena labor como la hermana desquiciada. La interacción entre ambos es muy natural, verdaderamente fraternal, y de las pocas veces que vemos ablandar al caparazón de Brandon.

Por su lado, Steve McQueen dirige de una forma sombría un asunto tan serio como la adicción. Ninguna de las (muchas) escenas sexuales es estimulante – se tratan como curas para la enfermedad del personaje, sin valor redimible fuera de la gratificación instantánea y efímera.

La película es visualmente impresionante también. Contrastan muy bien las noches frías de la ciudad y del subway, con la atmósfera estéril de la oficina y del apartamento de Brandon, que nos recuerda un poco al de Patrick Bateman de American Psycho (de hecho, hay varios paralelos evidentes entre ambos personajes).

Las deficiencias que tiene la cinta se pueden encontrar en el guión, también escrito por McQueen en colaboración con Abi Morgan. Con tanta profundidad que Fassbender y Mulligan le brindan a sus personajes, la verdad es que nunca nos enteramos de por qué son así. Sabemos que no tuvieron la mejor crianza del mundo, pero ese pasado no se nos explica y nos deja con dos personajes difíciles de entender o aceptar. Sería fácil no sentir nada por ellos, pero atestigua al talento de los actores que elevan los personajes a un nivel donde podemos identificarnos con ellos aunque sea un poco.

El filme es a veces arduo y costoso de ver, tiene muchas situaciones incómodas para el personaje que se proyectan hacia la audiencia. Es evidente porqué se le aplicó el sello de NC-17. No es una cinta para todo el mundo pero vale la pena verla, aunque sea una vez, por las actuaciones de primera y por la perspectiva que nos da sobre algo que pocos entendemos.

cuatro estrellas

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No Shame: Fassbender como Magneto en X-Men: First Class (2011)

Shame | 101 min | Drama
Director: Steve McQueen | Michael Fassbender, Carey Mulligan y James Badge Dale
Exhibiéndose desde el 9 de febrero en Fine Arts Café Popular Center.

• Véanla • para presenciar un drama poderoso sobre la adicción; por la gran actuación de Michael Fassbender.

• Evítela • si le ofenden ls escenas sexuales gráficas; si prefiere evadir temas “fuertes” y prefiere divertirse en su salida al cine.