Reseña: Hugo

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Hugo (Scorsese, 2011) me tomó por sorpresa. No esperaba algo así de Scorsese; sin embargo, también sorprendió a muchos cuando hizo The Last Temptation of Christ (1988). El director confirma que la marca de un buen artista yace en su habilidad para sorprender. Hace un trabajo genuinamente amazing porque lee, vorazmente; The Last Temptation of Christ también es un resultado de ello. El director es un book worm. En el 2007 leyó la obra The Invention of Hugo Cabret de Brian Selznick – un libro de 533 páginas. Se enamoró de la trama y del curioso formato del libro (tiene imágenes; se le considera un medio mixto — con elementos de novelas gráficas, picture books, ficción histórica, etc.); y terminó asegurando los derechos para adaptar la obra a la pantalla grande ese mismo año. Ya sé qué libro quiero para Santa Claus.

Hugo me hizo re-vistar el ocaso del siglo XIX y los albores del siglo XX; una época nutrida por avances científico-técnicos, a raíz de la Industrialización. Entre estos avances se pueden mencionar la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, las aportaciones de Sigmund Freud, la luz eléctrica, la fotografía, etc. Hugo se da en plena Modernidad. Ya la Primera Guerra Mundial había desencadenado en trágicos eventos, eventos que reverberaron en el día a día europeo (hambruna, depresión económica, soledad, enfermedad, etc.). No era una época fácil. En este contexto se da la historia de Hugo Cabret (Asa Butterfield) – un niño huérfano de 12 años, que vive abandonado por su tío alcohólico – en una estación de trenes parisina.

Vive en sus paredes, dándole mantenimiento – trabajo que hereda de su tío – a las piezas más importantes de cualquier estación: a sus relojes. Lo que sabía – lo que usaba para asegurarse de que los relojes estén al día – lo aprendió de su padre (Jude Law), un hábil relojero. Por lo tanto, el chamaquito es una jodienda; ve al mundo como a una máquina que necesita mantenimiento, cada una de sus piezas con un propósito.

Su padre murió en un accidente y de él hereda un automaton. El automaton de los Cabret es un poderoso tótem – un fucking androide (me he visto tentado a desarrollar una referencia al mito de Pigmalion y Galatea, pero me reservo el delirio interpretativo). En este androide – pre-cursor de las computadoras y con la capacidad de escribir un texto, guardado en su memoria – está contenido un mensaje; o por lo menos así lo entiende el niño. Hugo necesita reparar el automaton para poder leer el mensaje, dialogar una última vez con su papá, pero no puede solo. La trama de él, su padre y el automaton, convenientemente, se da en Paris del 1931. Ya los Lumières habían demostrado que era posible soñar despierto – con luz y celulosa. Afortunadamente, creció con los sages del cine; su padre era un cinéfilo.

Scorsese trata el cine en Hugo con cierto romanticismo autorreferencial; pues este curioso medio – en el cuál el tiempo y la luz pueden jugar con lo épico – es el punto focal de la película. Este sage contemporáneo, hace muy bien al darle rienda suelta a su obsesión con la historia del cine. Lo hace mejor aun cuando enaltece, en una bella oda, a Georges Méliès. No pocos pueden afirmar que el cine ha perdido parte de la magia que lo caracterizó, y con razón. Por lo tanto, es un verdadero stroke of genius hablar de un Cinemagician en el 2011 – usando el formato 3D con elegancia lírica.

Scorsese cree en su medio. También se atreve a gestarlo con bravura, llevándole la contraria al canon que sugiere el 3D como algo rígido. El director italo-estadounidense apostó al 3D; como mismo hizo otro legendario cineasta, Werner Herzog, con Cave of Forgotten Dreams (2010). Scorsese, como Méliès, quiere hacer su arte con toda la vanguardia tecnológica posible. Es bienvenida esta referencia contemporánea al creador de, posiblemente, la primera película de ciencia ficción.

El Méliès en Hugo (Papa Georges, interpretado por Ben Kingsley), como es conocido por cualquier cinéfilo comprometido, sufrió las consecuencias de la guerra. Papa Georges es un hombre frágil, atormentado por la memoria de perderlo todo; arregla juguetes en la estación de trenes que Hugo mantiene; y apadrinó, con su esposa (Mama Jeanne, interpretada por Helen McCrory), a una niña: Isabelle (Chloë Grace Moretz).

No puedo dejar de apuntar a la maestría técnica que hizo posible escenas como la del peculiar estudio de la compañía de Méliès (Star-Films): una edificación de cristal, construida con el fin de hacer cine, el híbrido perfecto entre un estudio de fotografía y un escenario. Hugo funciona porque trae estas referencias históricas – haciéndolas parte natural de la narrativa del filme. No entran a nuestro nervio óptico como un simple gimmick, están diseñadas con un propósito, como cada una de las piezas del automaton. De la misma forma trabajó Méliès; y Scorsese no pierde tiempo en hacer mención a sus proezas técnicas – proezas que el director reconoce como fundamentales al momento de contemplar el cine como un medio artístico.

Además de los evidentes triunfos técnicos de Hugo, el libreto y las actuaciones merecen mención. El trabajo de John Logan – libretista – también abona a la grandiosidad de la película. Se entretejen la historia y la ficción sin perder el aire de la aventura; y sin caer en un tono didáctico – o sea, una clase simplista de la historia del cine. Los niños actuaron muy bien. El desarrollo de su relación, en el contexto siempre constante de una aventura, fue creíble, bastante natural. Es evidente que la pasaron cabrón en la película; pues estaban jangueando con Borat y con GhandiOlympe Maxime también estaba por ahí.

La combinación de un buen libreto, buenas actuaciones y el dominio excepcional y divergente del 3D, hicieron que la gente en la estación cobrara vida. Hasta los perros le metieron — el hocico de Maximillian quedó épico –; la cabeza de Sacha Baron Cohen, magnificada y tridimensional, arrancó genuinas risas; las actuaciones de Emily Mortimer, Christopher Lee, Frances la Tour, Ray Winstone, etc. hicieron del reparto de Hugo uno excepcional – cada uno de ellos aportó a que Hugo tenga el carácter de un divertido adventure drama.

En fin, Hugo me gustó. La adherí a lo que entiendo por «reloj», «amor», «padre», «tren», «cine», etc. El automaton me impresionó mucho… la idea de que algo, totalmente artificial, tenga un recuerdo.

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El trabajo de Georges Méliès continúa influenciando a otros artistas.

Hugo | 126 min | Aventura, Drama, Familiar
Director: Martin Scorsese | Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz y Christopher Lee
Exhibiéndose desde el 15 de diciembre en los cines de Puerto Rico.

• Véanla • si eres un cinéfilo. Si llevas desde “Avatar” esperando por una película que justifique el uso de 3D.

• Evítala • si tienes poca tolerancia a lo sacarino que puede ser un “blockbuster” de solsticio invernal.

Maestro, lector y esposo. Amo y odio a Puerto Rico. El arte para mí es un tónico nietzscheano pues la realidad es kafkaesca.