Definiendo “Lo Cool”

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Lo Cool:

No me queda más remedio que abordar lo cool a través de mi fetiche con la lengua. En otras palabras, uso el lenguaje escrito; una torpe herramienta para describir lo que tan fácilmente se puede apreciar en una buena pieza de arte. No obstante, aún impresiona el poder de una palabra como texto – especialmente en la era del Internet. Si voy a tratar de explicar lo cool en un ensayo, entonces será híper-textualmente — aprovechando la geekería que me consume y la tecnología que la enmarca.

¿Existe idea tan confusa y a la vez abarcadora? Hacer un ejercicio etimológico de la palabra cool, casi inevitablemente, conduce a la estética – vía África. No es difícil encontrarse con encrucijadas entre ideas de lo inocuo, purificación, limpieza, balance, etc: “(…) coolness has to do with transcendental balance, as in Manding divination, were good outcomes are signaled by one kola half up, one down, and this is called “cool”.” Muchas culturas de África occidental tienen como pívot sociológico lo cool – véase la voz Yoruba itutu. Gran parte de las nociones contemporáneas de lo cool nos llegan a través de este legado* – especialmente el afroamericano (se pudiera decir lo mismo con el caso del legado afroantillano).

No se puede hablar de lo cool sin hablar de jazz; tampoco se puede hablar de jazz sin contemplar la figura de Lester Young – a quien se le atribuye, según la leyenda, uno de los primeros usos contemporáneos de la palabra. Un cortometraje dirigido por Gjon Mili – famoso por su trabajo en la revista Life y por sus técnicas vanguardistas en la cinematografía – llamado Jammin’ the Blues (1944), puede poner en perspectiva el vínculo entre jazz y lo cool. Al ver esta joya de la cinematografía, no es difícil entender por qué se le atribuye a Young la palabra. Mili capturó la esencia de lo cool:

Lenny Bruce es uno de mis pensadores favoritos. También es la transición discursiva más natural en este ensayo; pues su arte, su particular uso del lenguaje, como ocurre con Kerouac, tiene como referencia el jazz. En torno a su vida gira toda una mitología que lo pone en una trinidad – junto a George Carlin y Richard Pryor. También su abogado lo compara con un dramaturgo griego – un contemporáneo de Sócrates: Aristófanes. Claro está, estoy haciendo referencia al abogado en Lenny (Fosse, 1974). Bruce siempre estaba hip** – al tanto de lo que pasaba. Tenía una opinión para todo y le sacó el mostro a mucha gente que se vio amenazada por sus mordaces discursos – siempre apuntando a la hipocresía de las hegemonías.

Es difícil categorizarle. Muchos afirman que no era un comediante, que el contenido de su acto se volvió casi incomprensible. Decía lo que le salía de los cojones – en los sesenta. Hablaba de homosexuales, religión, niños oliendo pega, mierda, etc. A raíz de esto, sus presentaciones quedaron limitadas al área de San Francisco; inclusive, policías fueron a su show para velarlo. Bruce se echó encima todo el peso de la censura de su época, a través de batallas que libró con las cortes. Por esta razón su acto se convirtió – justo hasta antes de morir por una sobredosis – en sardónicas y épicas narraciones; fuertes y bien fundamentadas críticas al sistema legal estadounidense. Este es otro aspecto de lo cool: señalar, poniendo el dedo en la llaga. Lenny Bruce señaló hasta convertirse en el mártir más cool de todos – un mártir del lenguaje:

The Law, Language and Lenny Bruce

Ser cool“the proper way to represent yourself to a human being.”*** – requiere esfuerzo, cojones y maestría, sin invertir muchas energías… to make difficult things look easy; without breaking a sweat. En Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) vemos esta prescripción de lo cool (esfuerzo, cojones y maestría). El Driver, personaje de Gosling, exhibe precisión, valentía, excepcionalidad y badassness – categorías que comparte con Lenny Bruce y Lester Young. Como Bullit (Peter Yates, 1968), el Driver también es representante de los que no les tiembla la mano — el auriga ideal de Platón. Calmly Audacious, pero con el potencial de causar daño; con un aura de lo inesperado y lo peligroso.

Dicho esto, no sorprende por qué muchos – incluyéndome – quisieran tener el drive para guiar como cualquiera de estos gladiadores del bitumul. Ser un badass y no pensarlo dos veces antes de dar un shotgonazo, que lleve a quien lo reciba al techo de un cuarto; o pisarle la cara al que rompa con algún paradigma digno de cuidado. Ser un héroe.

¿Pudiera existir un jacket más cabrón que el del fucking escorpión dorado? ¿Lo están vendiendo? ¿Se puede mercadear lo cool? Lo cool se vende, se empaca, se repite, se duplica y se disemina según el entramado globalizador. Ahora con el Internet esto es bien evidente. Por ejemplo: yo soy un geek y, por que tengo una laptop, me pongo a explicar lo cool vía un diálogo hípertextual con Young, Bruce, Mili, Refn, etc. Consumí lo cool y iTunes es un perfecto medio para ello. También Netflix ayuda a satisfacer mi voracidad mediática.

Un geek hablando de lo coolCool is dead.

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Referencia:

African Arts, Vol. 7, No. 1, otoño, 1973, An Aesthetic of the Cool, Robert Farris Thompson

Notas:

*Lo cool también ha sido graficado aquí. Es un fenómeno pluricultural.

**Lo hip también tiene vínculos con lo cool.

***Robert Farris Thompson – vía un #researchwikipédico

Maestro, lector y esposo. Amo y odio a Puerto Rico. El arte para mí es un tónico nietzscheano pues la realidad es kafkaesca.