Reseña: Piaf, el musical

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Muchas veces he fantaseado con ver en vivo alguno de mis músicos favoritos que han pasado al más allá. Desde Keith Moon detrás de su batería en The Who, hasta Hector Lavoe y Michael Jackson han sido algunos de los protagonistas de esos sueños despiertos que nunca se harán realidad. Sin embargo, el fin de semana pasado sentí que una de mis fantasías musicales se hizo realidad: vi a Édith Piaf en vivo.

¡No se asusten! La Piaf no ha resucitado (no hemos llegado a esa tecnología todavía) y tampoco estoy alucinando. Simplemente, tuvo una “reencarnación” en la actriz Ivette Rodríguez, quien le dio vida nuevamente en el musical Piaf.

Piaf fue llevado a escena en dos ocasiones anteriores. La primera fue en 1992, en el Centro de Bellas Artes, en San Juan. Todavía recuerdo el anuncio televisivo que lo promocionaba. A mis ocho años de edad había quedado impresionada con los visuales de las escenas de la obra, sin yo saber nada sobre Édith Piaf. Más tarde, mi madre empezó a hablarme de ella y cantaba La vie en rose por toda la casa (gracias, Mami, por introducirme a cosas buenas, incluyendo Batman), alimentando mi interés por todo lo relacionado a Francia. En mi etapa universitaria, Piaf regresó a mi vida gracias a las clases de francés que tomé, las cuales me hicieron explorar su discografía y su vida – incluso, hice una presentación oral en francés sobre ella. Desde entonces, ansiaba que volviera a nuestros teatros aquel musical, cuyos visuales se volvían borrosos en mis añejados recuerdos.

En julio del 2011, supe que Ivette Rodríguez regresaría en la piel de la Piaf. Sin pensarlo dos veces, compré dos boletos: uno para mi madre y otro para mí. No podía dejar fuera a mi progenitora, y más al ella haberme introducido a la música de la Piaf. Por fin, mi sueño de tantos años se haría realidad.

La obra, pautada para las 6:00 p.m., comenzó puntual. A las 6:07 p.m., se escuchaba en directo la voz de Rodríguez cantando, al estilo de la Piaf, La vie en rose. Luego de esto, se apagaron las luces y subió el telón. Se introduce a Édith agonizando por sus adicciones y sus dolores (físicos y emocionales). Luego, la vemos junto a su amiga Toine (Cristina Sesto) en las calles de París tratando de ganarse la vida por medio de la prostitución y cantando. Es así, cantando, que la descubre el dueño del club Le Gerny, Louis Leplée (interpretado adorablemente – no encuentro otra palabra – por el primer actor Axel Anderson). De ahí en adelante, vemos a Piaf triunfar en el club y más allá del mismo por su inconfundible voz, a pesar de que por poco queda en el olvido al haber sido involucrada en un asesinato.

Por medio de diálogos y de las canciones popularizadas por Piaf, recorremos junto a ella varias etapas de su vida, como su amistad con Marlene Dietrich (Linnette Torres), sus amantes (incluyendo al amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan, interpretado por Luis Gonzaga), sus pérdidas, sus adicciones al alcohol y a la morfina, sus triunfos y su entrada al mercado norteamericano.

Rodríguez cantó todos los temas en vivo, al igual que los otros actores, y junto a una orquesta en directo, dirigida por Miguel Cubano. La actriz se destacó en todos los temas. Entre los más memorables se encuentra Milord, el cual le dieron ganas de bailar a esta servidora. L’accordeoniste estuvo exquisita. Fue una de las canciones que más yo esperaba, y no decepcionó. Rodríguez le añadió ese tono desgarrador al tema, en especial al verso final: arrêtez la musique (paren la música), el cual me vivo cada vez que escucho la canción. L’hymme a l’amour fue una de las canciones más conmovedoras no sólo por la fuerza interpretativa de la actriz, sino por su significado en la vida de Piaf, quien la compuso para Marcel Cerdan luego de la muerte de él. Fue impresionante ver a Rodríguez arrodillada y sumergida en hielo seco que simulaba nubes, mientras cantaba los versos finales.

No podía faltar la clásica La vie en rose, la cual fue complementada con hermosos visuales coloreados de rosa. Estos fueron proyectados en unas pantallas modernas, las cuales sirvieron de escenografía y hasta de cortina, dando paso a las nuevas tecnologías en el teatro, pero sin perder la esencia de la época representada. La velada terminó con Non, je ne regrette rien (la cual recientemente cobró nueva popularidad por su importancia en la trama del filme Inception), canción que resume la manera brillante en que Piaf vio su vida en sus días finales, al no arrepentirse del camino recorrido.

Cabe destacar al elenco en general, el cual nos dio sorpresas muy agradables. Una de ellas fue el cantante Ektor Rivera, quien le dio vida a uno de los novios de Piaf. Aunque su personaje no existió en la vida real, sirvió como representación de los novios/cantantes a los cuales Édith ayudó para impulsar sus carreras artísticas. Ektor deslumbró al público al cantar Torna a Surriento, un tema popular italiano. Fue algo que me tomó por sorpresa, ya que él fue un egresado de Objetivo Fama y, como todos sabemos, es extraño encontrar verdadero potencial y talento entre tantos chicos y chicas con el mismo look de pelo planchado y que cantan igual concursantes.

Otra destacada fue la actriz Zara Beatriz Rivera Reyes, quien interpretó a Piaf cuando era pequeña, al cantar en vivo y a capella Je N’En Connais Pas la Fin para concluir el intermedio. Esta interpretación sin acompañamiento musical llenó la sala René Marqués con un ambiente melancólico y del más allá, el cual era requerido para lo que se quiso representar. Todos los actores intervinieron varias veces en conjunto, durante la obra, fungiendo como una especie de coro que nos recuerda al estilo del teatro griego.

Nuevamente debo destacar la labor titánica de Ivette Rodríguez, ya que no debe ser fácil gritar y llorar en escenas, para luego cantar de seguido y de forma impecable. Su recreación de la voz de Édith Piaf fue excelente. Capturó a la perfección el sufrimiento y el dolor que la desaparecida cantante transmitía en sus actuaciones. La orquesta también tuvo un sonido limpio y los arreglos fueron muy bien trabajados.

Sería maravilloso si este musical pudiera recorrer el mundo, ya que es una producción completa y que da cátedra. Es un espectáculo que el espectador nunca olvidará. Desde lo más profundo de mi corazón, le doy las gracias a todos los que están involucrados en esta producción por haberla traído de vuelta. Nos hacía falta. Merci beaucoup!

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Piaf, el musical se presenta nuevamente el 14, 15, 16, 21, 22 y 23 de octubre en el Centro de Bellas Artes, en Santurce. El 29 de octubre se presentará en el Teatro La Perla, en Ponce.

Escritora, editora y bloguera. Algunas de sus fuentes de inspiración son la música, el cine, la literatura, la arquitectura, el ballet y la ciudad. Para leer otros de sus escritos, visita su blog thepurplemixtape.blogspot.com.