Reseña: 50/50

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Como regla general no me gustan las películas manipuladoras. Love Actually, Forrest Gump, Patch Adams son para mí ejemplos de cintas que se desviven por conseguir de su audencia una reacción emocional extrema; lo hacen de manera falsa, poco sincera y forzada. Deja mucho por desear del cineasta si recurre a maniobrar con los sentimientos de nosotros sin permitir que salga natural del guión y de las actuaciones. 50/50 no es una de estas películas. Nos la venden como una comedia – y lo es – pero tiene escenas emotivas que le llegan a cualquiera sin tener que recaer en ñoñerías.

El filme, dirigido por Johnathan Levine (The Wackness), trata sobre un joven de 27 años que es diagnosticado con cáncer. Eso es basicamente todo lo que tienen que saber. Al diagnóstico le sigue el hilo narrativo usual, con los temas de siempre: las dudas con el tratamiento, la simpatía ajena, el coraje, la depresión, la inevitabilidad de la muerte, etc. Todo se ha trabajado antes en el cine. Lo que funciona en este caso es que el guionista (Will Reiser) pasó por la situación. Eso hace que todo momento serio cargue con importancia y una pesadez notable. Vivimos el momento con los personajes. Notamos la desesperación o la angustia o la impotencia.

Joseph Gordon-Levitt protagoniza a Adam, el susodicho paciente que, afrontado con el hecho devastador, tiene que decidir cómo y a quién decírselo. Su mejor amigo Kyle (Seth Rogen), su novia Rachael (Bryce Dallas Howard) y su madre Diane (Anjelica Huston) son los más cercanos a él y cada uno responde a la noticia en su manera particular. La interacción de Adam con ellos – y con su terapista Katherine (Anna Kendrick) – son el eje principal de la película, lo que nos sostiene interesados por los 99 minutos de duración. Son relaciones desarrolladas con sentido y con próposito; no hay escena desperdiciada, ni línea de diálogo innecesaria. El libreto cumple su misión: nos enseña que la enfermedad es un ‘game-changer’, que el status quo no se puede mantener, que el cambio es necesario.

Las actuaciones son excelentes también. Joseph Gordon-Levitt ya ha perfeccionado el papel de joven deprimido y desilusionado que aquí repite, esta vez con un giro de optimismo cauteloso. Rogen es el bufón de siempre pero funciona perfecto para equilibrar con las partes intensas, demostrando la necesidad de poder reir durante momentos difíciles (Rogen era amigo del guionista cuando éste batallaba contra la enfermedad). Dallas Howard funciona como la novia reticente del enfermo, encargada de ‘cuidar’ a Adam en sustitución de la madre de él (Huston) quien ya tiene mucho en su plato. El inigualable Philip Baker Hall hace de paciente recibiendo quimioterapia junto a Adam, un papel secundario que nos da otra cara de la enfermedad. Katherine (Kendrick) parece a primeras instancias débil e ingenua, pero la dinámica con Adam sirve de agente catalítico para los cambios que ambos personajes vivirán. Y aunque Kendrick no sea espectacular como actriz, este tipo de rol la sienta bien.

La cinta tiene muy poco negativo. Si esperas una comedia, no necesariamente vas a salir decepcionado porque las risas van a estar. Pero no es simplemente un ‘feel-good movie’ (la mercadean como un ‘feel-better comedy‘ y no mienten). Los momentos serios caen duro. Se nos hace fácil como público sentir lo que los personajes sienten gracias al guión y las actuaciones. No la vean si quieren algo liviano. Véanla por todo lo demás.

cuatro estrellas

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¿El "snack" oficial de la película?

50/50 | 99 min | Comedia, Drama
Director: Jonathan Levine | Joseph Gordon-Levitt, Seth Rogen y Anna Kendrick
Exhibiéndose desde el 6 de octubre en los cines de Puerto Rico.

• Véanla • por la autenticidad del libreto, las actuaciones y el cuidadoso balance entre los elementos cómicos y dramáticos.

• Evítala • si estás buscando una comedia liviana.