La Mesa Redonda 13: Nevermind

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Cada dos semanas el equipo editorial de PuertoRicoIndie.com se “reúne” (gracias a la magia de la Internet) para discutir un tema en particular a través del cual podamos compartir nuestras experiencias, preferencias, recuerdos y sugerencias con ustedes, ya sean musicales, fílmicas o de algún otro renglón de la cultura popular. Bienvenidos a la Mesa Redonda.

Conmemoramos esta semana el XX aniversario de Nevermind, el segundo disco de estudio de Nirvana, publicado el 24 de septiembre de 1991. Nadie se imaginaba en ese momento que el disco vendería sobre 30 millones de copias alrededor del mundo, ni que el eternamente joven Kurt Cobain se convertiría en una de las figuras trágicas del rock menos de tres años después.

Se une a nuestro panel de escritores el Profesor Elidio La Torre Lagares del blog Minucias Desde Genérika y escritor de novelas como Correr tras el viento. ¡Tomen asiento!

Nevermind

@oniricvonnegut (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Cuando salió Nevermind yo tenía 11 años; por lo tanto, me es imposible describir su impacto en el ’91 como una experiencia vivida. Sí había escuchado de Nirvana, pero de la boca de compañeros de clase, refiriéndose a la banda como “música del diablo.” De hecho, no es hasta los 18 años que me pongo a escuchar la banda – vía Napster (soy un johnny come lately, #YQCP). Para esa misma época mi Winamp tenía aproximadamente 300 canciones – la gran mayoría de ellas eran alternativas al reggaetón, alternativas que se hicieron accesibles a un proto-burgués de Trujillo gracias al Internet y, en gran medida, a Nevermind.



Este álbum ha sido un gateway drug a lo alternativo para millones; como mismo el marxismo fue un gateway ideology para muchos académicos contemporáneos. En ambos casos – tanto para el consumidor de ideologías, como para el consumidor de música – existe un distanciamiento dirigido a encajar en el canon o las tendencias actuales. Dicho esto, por más desprecio generador de coolness que salga de nuestras híper-antagónicas sensibilidades – vicio a veces vinculado al hipsterism contemporáneo – ; Nevermind es importante. Las categorías como “indie” o “alternative” son viejísimas; pero – para bien o para mal de la música o la cultura contemporánea – Nevermind es un referente a ellas, imposible de evadir.



”Lithium”, “Smells Like Teen Spirit”, “In Bloom”, el artwork del LP… Todos estos son signos de la producción que aún reverberan. En el caso particular del artwork, la controversial foto es un meme cultural famosísimo que da cuenta de nuestra condición actual, especialmente en el contexto del clima financiero de hoy día, marcado protestas como las de Wall Street y las de nuestro entorno local.

Las cuestiones de relevancia del grunge, el Kurt histriónico y tecato – nevermind them; el álbum estuvo cabrón.

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In Bloom

Elidio La Torre Lagares (Escritor, @elidiolatorre)

Allí estuvimos: y nos entretuvieron

El 24 de septiembre de 1991, Armenia se separaba de la hoy inexistente Unión Soviética y aquello era el puntillazo final al llamado bloque socialista. Take your time; hurry up. En la TV estadounidense, Doogie Howser, niño precoz y médico protagonista de la serie a la que le daba nombre, perdía la virginidad. As a trend; as a friend. El fantasma de la guerra nuclear, el virus del SIDA, el apartheid, precisaban la atención del mundo y Nirvana lanzaba su segundo álbum, Nevermind, sin ninguna otra promoción que la de un video musical. Come as you are; as you were. Entonces: el fin de las utopías. Dowsed in mud; soaked in bleach. Los ’80 se despidieron de una vez por todas. El Breakfast Club se perdió y el fuego de San Elmo se apagó. Memoria.

Tras Nevermind, mi mundo no sería igual, aunque el álbum no era muy innovador que digamos. Al contrario. El mismo Kurt Kobain admitía que querían parecerse a los Bay City Rollers pervertidos por Black Flag. Es obvio que canciones como “In Bloom”, “Come as You Are” y “On a Plain” se distinguen por los cambios de acorde mayor a acorde menor, que son recurrentes en muchas melodías del pop. Pero lo que sí tenía era furia, energía y rebeldía: power chords melódicos combinados con riffs disonantes, un bajo gordo y una batería rabiosa. Pero sobre todo, Nirvana tiró por la borda los trucos de estudio del hair metal, con toda la banalidad comercial y la artificialidad de pose que dominaron los ‘80, según consignado en Less than Zero, de Bret Easton Ellis. Here we are now: entertain us. Nirvana era poesía. Era un novelar intacto. Y pactó un despertar en mí y dejé salir mi Kurt Cobain – poeta interior, un cambio que todavía cruza con sus estridencias en las páginas de la novela más conocida de mi autoría, Correr tras el viento: nirvana de chocolate, un violín y una mujer, así como en varios de mis poemas. Oh, well; whatever – nevermind. Total. Con las luces apagadas, es menos peligroso.

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Smells Like Teen Spirit

@reed_rothchild (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Mi madre sabía quienes eran Nirvana antes que yo. Un día que me fue a buscar a la escuela, yo apenas con 10 años de edad, conversabamos de camino a casa y casualmente me dice: “Tu hermano se compró el CD ese que sale el bebé nadando”. Yo no entendía de lo que estaba hablando. “No sé cómo se llama, pero está vendiendo mucho”. Al día de hoy desconozco por qué mi madre estaba al tanto de las ventas de Nevermind, más aún cuando consideramos que lo que sonaba (constantemente) en casa para aquella época era Bachata Rosa de Juan Luis Guerra.

Pero tan pronto llegué a casa le pregunté a mi hermano cuál era el CD y me dijo. Escuché las canciones. Me gustaron. Vi el vídeo de “Smells Like Teen Spirit”. Me pregunté qué significaban las “A” en los uniformes de las porristas. Mi introducción a eso llamado alternative habría comenzado.

Años después me daría cuenta que In Utero es un mejor disco. Pero no puedo negar que Nevermind fue mil veces más importante. Me salvó de “Ice, Ice Baby” y me preparó para bregar con “Informer”.

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In Bloom

@sire_damiano (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Napster, una de las mejores invenciones en la Internet – y el terror de Metallica y la industria discográfica – fue mi Aleph de la música. Siempre que llegaba a casa de la escuela intermedia aprovechaba para buscar todas esas bandas que me introducían mis amigos y trataba de bajar cuanta música podía. No era como que podías hacer un milagro – en esos tiempos de 56k te tardabas como treinta minutos en bajar una canción de 5MB de memoria.

Una tarde mi vecino “Koli” – le decíamos así porque se parecía a Colibrí – me puso una canción donde ese primer riff de guitarra por poco me deja calvo. Así fue que conocí a Nirvana, con su “Smells Like Teen Spirit”. Y ahí comenzó la jornada: abrimos Napster y comenzamos a tratar de bajar todo Nevermind (no tenía el dinero para comprarlo). El proceso tuvo que haber durado por lo menos un día entero, pero valió la pena.

“In Bloom” fue de esas canciones que tuve en repetición por mucho tiempo, una de mis favoritas del disco. Sus coros retumbaban como eco en mi cerebro (“He’s the one who likes all our pretty songs…”) mientras solía imitar a Dave Grohl en la batería con puro “air drumming”. Las letras arremeten contra el hacer cosas que sin significado y por vanidad. En fin, es la canción perfecta para seguirle al himno nacional de Nevermind.

Nirvana fue unas de esas bandas que me hizo indagar más en la música ya que por ellos comencé a adentrarme más en el punk, hardcore, metal y todas estas vertientes.

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Lithium

@PurpleMixTape (Escritora, PuertoRicoIndie.com)

Da la casualidad que unas semanas antes de que se me informara el regreso de La mesa redonda, tuve la revelación de explorar el repertorio musical de Nirvana. Había llegado el momento de adentrarme e ir más allá de los singles, porque el escuchar música requiere devorarla hasta más allá de la saciedad, de comerse hasta el hueso. Por tal razón, conseguí los discos de Nevermind e In Utero. He estado escuchando solamente el primero, a propósito de esta edición de la mesa.

Aunque todavía me falta por desmenuzar el disco y hacerlo mío, esta Nevermind-virgin está más que satisfecha. El icónico “Smells Like Teen Spirit” sirve no sólo de introducción para su toda la discografía de Nirvana, sino para Nevermind y su estilo, ya que es su primer corte. En Nirvana encontramos un sonido que sigue fresco y una energía vocal e instrumental que hoy en día no se consiguen en ninguna banda mainstream. Esta energía y la necesidad de expresarse me recuerda a bandas como The Who, cuyo vocalista Roger Daltrey afirmó recientemente que la música actual carece de lead singers, con la excepción de Adele. Esto confirma mi pensamiento de que uno de los últimos lead singers legítimos del rock fue Kurt Cobain.

Quisiera haber escuchado este disco cuando era adolescente. Creo que me hubiera servido de consuelo en esos años difíciles. Sin embargo, también pienso que la música llega a uno en el momento preciso y cuando se está listo para apreciarla al máximo. Kurt, Krist y Dave tenían un genuino deseo de expresar algo que se perpetuara, y lo lograron.

Otro ejemplo de ese legado es un cover de “Lithium” realizado en agosto por Joseph Gordon-Levitt, como parte de una de las presentaciones de su espectáculo hitRECord at the Movies. En relación a cómo la gente se empeña en traer a colación, de manera morbosa, la forma en que murió Kurt, Gordon-Levitt dice: “It doesn’t matter how he died. His songs are fucking awesome.” Sin duda alguna, mi experiencia reciente con este disco y con Nirvana es el principio de una relación hermosa y fucking awesome.

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Endless, Nameless

@redod (Editor, PuertoRicoIndie.com)

Se trataba de un balance entre extremos. Melodía y ruido. Sorpresa y repetición. Nirvana era más de lo mismo. Nirvana era un grupo como ninguno otro. La estrategia funcionaba a varias escalas – entre el verso y coro de una misma canción, pero también dentro de la secuencia del disco. En ningún lugar queda mejor evidenciado como en el final de Nevermind, cuando el triste y resignado lamento de “Something In The Way” da paso – luego de 10 minutos de silencio – al ruidoso tema escondido, “Endless, Nameless”.

Aunque decenas de miles de estos temas fueron el resultado de demasiado espacio para rellenar en un CD y seguramente pasaron totalmente desapercibidos – consideremos a “Endless Nameless” como una de las excepciones, dada su inclusión en un álbum clásico que ha vendido millones de copias. El mismo es una prueba del ruido que juntos Cobain, Novoselic y Grohl eran capaces de construir, amplificado por los gritos guturales que originaban en el estómago enfermo de Kurt:

“Silence / Here I am / Here I am / Silent”
“Bright and clear / It’s what I am”, pero era lo opuesto.

“Here I am / Take a chance / Dead! / Die!”, la trayectoria trazada desde entonces.

Este es el lado de Nirvana que no recordamos lo suficiente – carente de melodías pegajosas, de la influencia de los Beatles y los Bay City Rollers. Y es el lado que hemos echado a perder. Hace veinte años Nirvana se escuchaba en la radio, y el futuro sonaba a revolución. Pero no se trataba de la promesa comercial del alternative, si no de un ruido sin nombre que duraría por siempre porque transmitía verdad.

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¿Qué significa para ti Nirvana y Nevermind? ¿Cuál es tu canción favorita del álbum? Los invitamos a que se unan a la discusión y compartan sus opiniones y/o recomendaciones a través del sistema de comentarios.

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.