Reseña: Gigante

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¿En qué momento una obsesión se convierte en algo aceptable? ¿Cuándo se considera el acecho algo romántico? Quizás existe alguna línea, bien fina y poco definida, que demarque la diferencia entre una cosa y la otra. O tal vez depende demasiado de los sujetos y el contexto. Sea como sea, lo cierto es que en Gigante – obra debutante del cineasta uruguayo Adrián Biniez – nos encontramos apoyando los esfuerzos de Jara (Horacio Camandule) en enamorar a la chica de sus sueños (Leonor Svarcas). Esto a pesar de utilizar algunos métodos poco convencionales.

Jara, el gigante titular, es un guardia de seguridad nocturno para un supermercado en Montevideo. Un muchacho simple que disfruta del heavy metal, jugar videjuegos con su sobrino y beber mate. El pobre es un #foreveralone de la vida. Su otro trabajo, también nocturno, es de bouncer en una discoteca. Habla con sus compañeros de trabajo y es simpático pero usualmente se mantiene callado y no aparenta tener amigos cercanos, excepto su sobrino menor. Son todas estas características las que nos hacen encariñarnos de él. Es como un gran danés: inmenso, bobolón y adorable.

Un día mientras cumple su rutina observando la pantalla de cámaras de seguridad, se fija en una de las trabajadoras de limpieza quien está siendo amonestada por un gerente. El grandulón tiene un corazón blando, la soledad de su vida le pesa y encuentra en Julia (Svarcas) un espíritu afín, aunque ésta no lo sepa.

El resto del filme se desenvuelve enseñándonos como, poco a poco, Jara se va acercando a Julia. Escenas que ya hemos visto mil veces en otras comedias románticas: el regalo anónimo, el encuentro accidental fuera del trabajo, la posibilidad de que a ella le guste otro, malentendidos graciosos, etc. Pero Jara nunca logra presentarse directamente a ella; la timidez y su miedo al rechazo lo condenan a quedarse tras bastidores.

Resulta increible que Biniez y Camandule logren que la audiencia sienta la empatía necesaria hacia Jara y que no les parezca un total perdedor o un acosador peligroso. Acechar una mujer hacia su residencia, observar secretamente mientras la misma mujer está en una cita con otro hombre, buscar en los archivos del trabajo información sobre ella, son hechos que con cualquier otro personaje o caracterización hubiesen sido considerados repulsivos. Pero a Jara se lo perdonamos.

Aunque le tenemos cariño a Jara, también nos damos cuenta de la posibilidad latente de violencia. No solo por su parte sino también por la situación del supermercado, en donde los ánimos están caldeados por la posibilidad de despidos y una huelga obrera. Este hilo narrativo trabaja bien con el relato de Jara y Julia ya que se alternan los momentos serios y jocosos de la película. Aun así, hay una queja principal de la cinta y esta resulta ser el personaje de Julia. Nunca conocemos mucho sobre ella y se nos dificulta entenderla. El tiempo que ocupa en la pantalla siempre resulta como objeto de deseo de Jara, sin definición ni desarrollo. Sospecho que es un factor importante en que no nos sintamos incómodos cuando Jara la sigue a todos lados.

Gigante termina siendo una película amena. Es decir, no nos enseña nada nuevo pero logra su propósito como comedia romántica peculiar. No sobresale en ningún aspecto, mas las fallas no son devastadoras. El hecho de que sea un filme latinoamericano exitoso y bien hecho solo le añade a la recomendación de verla.

tres estrellas

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Otro gigante que encuentras en el supermercado.

Gigante | 84 min | Drama, Romance
Director: Adrián Biniez | Horacio Camandule y Leonor Svarcas
Exhibiéndose ya en Fine Arts Café.

• Véanla • si están buscando un filme latinoamericano bien realizado, con un personaje principal con el cual podemos simpatizar.

• Evítala • si valoras la originalidad en el cine sobre todas las cosas.