Reseña: The Rip Tide de Beirut

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Reseña: The Rip Tide (Beirut, 2011)
Por: Miguel Adrover Lausell
Especial para PuertoRicoIndie.com

Mi primera experiencia con Beirut fue The Flying Club Cup (2007). Con este álbum se estimularon todas mis pulsiones francófonas. No puedo negar que la francofilia  —en este caso, mediada por un revival de la chanson française— pueda ser interpretada como comemierdería; pues a muchos les puede incomodar oír una trompeta épica en pleno s. XXI. No me sorprendería si estas personas sangran por sus oídos — con jazz en sus audífonos…

*{Play, no click sound}*



The Rip Tide (2011) —que llegó a mis oídos gracias a un tweet de Puerto Rico Indie— abre con “A Candle’s Fire”. Recientemente, le metí de frente al monumental trabajo de Terrence Malick. Demás está decir que las velas, las llamas y las metáforas esprinkleás de metafísica y existencialismo, son caprichos cognitivos que me niego a abandonar — por el momento. La canción me recuerda al pie en el afiche de Tree of Life, al alumbramiento gracias a una llama; a flame that can be a campfire, un faro que guíe por la neblina — pero que también se puede apagar, como cualquier llama. El ukulele y las trompetas son prístinos; el acordeón y la percusión, impecables.

Con “Santa Fe” —la canción— sabemos que en la producción también está lo auto-referential; y esto es bienvenido, pues no quiero que me sigan contando lo grandioso que es ser un jetsetterI’m bitterly stuck in the Commonwealth of Saint John the Baptist. Es bueno ver una nueva oscilación creativa en donde la virtuosidad y el geekiness de Zach Condon convergen — nuevamente. Esta canción está por encima de los guineos. Es el mejor anuncio de turismo para Santa Fe — la ciudad. Probablemente, la canción más accesible del álbum.

Escucho “East Harlem” y agarro la diáspora ya sea objetiva, física, ideológica, subjetiva, etc. — una trama común en cualquier narración de la experiencia humana. El tiempo, la distancia y la espera se sugieren en este tema; una pieza genuinamente romántica, honesta y sin pretensiones. Estas líneas son bellas: “sound of your breath in the cold/and oh, the sound will bring me home again.” “East Harlem” es una de mis favoritas.

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East Harlem – Beirut

“Goshen” es el tipo de canción que te obliga a consumirla — una y otra vez, por todo un día. Las trompetas siguen ahí; pero ahora hay un piano. Me remite a lo semítico y al texto; pues es épica, sin lugar a dudas. Zach Condon deja bien claro que tiene una monstruosidad de garganta. La percusión, todo el tiempo presente, vincula a “Goshen” con la noción de un israelita guerrillero — no me refiero a Zohan. Tiene líneas verdaderamente memorables: “Why would you hide from such a glow? / If I had only told you so?” Es a través de mi wikipédica obsesión con la canción, que descubro otra joya de Santa Fe — Goshen.

La próxima pieza, “Payne’s Bay”, duele; pero es dolor del bueno: el dolor que provoca ser un cojonú: “Headstrong today/I’ve been headstrong”. También es una canción que se deja sentir; pues sugiere fortaleza. Las trompetas y la percusión son bien robustas — como si quisiera remitir a un barco en una tormenta. La canción, de momento, te deja a la deriva, con un curioso cierre. Una buena introducción a la próxima pieza. Me toca oír la que lleva el título del álbum. “The Rip Tide” es melancólica; es la pieza más contemplativa del álbum. Te invita a seguir las olas, zambullir y encontrar el rip-tide — entonces se hace evidente el por qué de la tempestad en “Payne’s Bay”, también eres un náufrago. Un rip tide es un peligro para el que nada. Son corrientes de agua salada que se han llevado a muchos, por miles de años; corrientes que también ayudaron al enriquecimiento — al devenir dialéctico de las culturas, una de las muchas obsesiones de Condon. La canción es críptica; pero invita cogerlo con calma. Aquí la trompeta de Condon es un genuino acto de caridad.

“Vagabond” es refrescante. Es más up-tempo que el resto de las canciones; y no viene mal como antídoto a una posible sobredosis de melancolía con The Rip Tide. Sin embargo, el héroe en esta épica aún parece estar perdido; pero capaz de aceptar su condición — con la misma gracia que Kerouac y Diógenes la aceptaron. Lo más notable de la canción es el arpeggio del clavecín — formará parte del soundtrack de tu día.

The Rip Tide cierra con “The Peacock” y “Port of Call”. “The Peacock” es emotiva e hipnótica, y es casi seguro tener el mantra “He’s the only one who knows the words” pegado al subconsciente por varios días. Nunca sabré ‘quién es el único que sabe las palabras’, pero la canción es un vivo ejemplo del poder afectivo de las trompetas en Beirut. “Port of Call” abre con el ukulele y las melodías metálicas de un xilófono; provocando una sensación de bienestar. Con esta canción concluye The Rip Tide. Es una pausa en el viaje; pero también es la promesa de que el viajero no puede evadir su condición — condición que permea como tema en toda la producción, por no decir en toda la gesta creativa de Zach Condon. Beirut parece querer hacernos inocuos con su creación, ponernos relax; y Zach Condon, sin lugar a dudas, es parte integral de ésto. This guy is a sick fuck. He dares to make something beautiful. God damn him. Una vez ignoramos el guilt trip que pueda provocar el pretentiousness de la banda —dejándonos acarrear por el ukulele, las trompetas, los clavicémbalos barrocos etc. — es imposible negar que la música de Beirut sea otra cosa. The Rip Tide es una excelente producción que deja claro el crecimiento y la madurez; a la vez conservando todo aquello que percibimos, de forma incipiente, en The Flying Club Cup. En este caso, Condon nos muestra fragmentos de su cotidianidad dentro y fuera del escenario:

“We get songs called “Santa Fe” (Condon’s original hometown, of course), “Payne’s Bay,” “Goshen,” and, as you know, “East Harlem.” They feel like snapshots of places Condon knows firsthand, not scenery pulled from from books (or Jacques Brel).” — Stereogum

Un álbum nuevo de Beirut siempre es una buena noticia.

Maestro, lector y esposo. Amo y odio a Puerto Rico. El arte para mí es un tónico nietzscheano pues la realidad es kafkaesca.