Entrevista: El Comedy Club – Tres artistas del ‘stand-up’ en su escena

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Mientras se preparan para su encuentro del 17 de junio en el Nuyorican Café de San Juan, Puerto Rico, los comediantes Carlos Ambert, puertorriqueño; Carlos Sánchez, dominicano; y Carlos González, colombiano criado en New York, hablan de la comedia ‘stand-up’ con Árvel Garay-Cruz, guionista y escritor – además de amigo de Ambert y productor junto a él del evento. Entre los temas que se discutieron están la audiencia multicultural de los tres comediantes y sobre cómo ya no son graciosos todos los cuenta-chistes.

¿Existe una tradición del género del stand-up comedy en tu país latinoamericano de origen? ¿Qué concepto del stand-up tiene el público de tu país?

Ambert: No existe tradición de stand-up comedy en Puerto Rico. Para hablar de tradición habría que hablar de generaciones, y en esa onda hay tradición de talladores, artistas gráficos, fotógrafos y fritoleras pero no stand-up comedy. Ha habido gente que lo ha hecho y yo, entre todos, saco a Antonio Pantojas. En Puerto Rico el concepto de stand-up está bastardamente ligado a la comedia de personajes, ponerse una peluca, maquillarse, vestirse con gangarrias y hacer alguna voz afectada; puro gimmick y nada de contenido, nada de historia y todo con el frostin de chistes de internet malamente adaptados por un tipo que no teme empezar a correr o hacer jumpin’ jacks entre el público pa’ tratar de resolver la cosa.

Sánchez: En mi país existe más un stand-up tradicional, que son los sketchs con los disfraces, los personajes, y también los cuenta chistes en tercera persona. La versión más moderna que es hablando en primera persona sobre cómo tú ves la vida, sobre las cosas que te pasan, no hay mucha tradición. Recientemente está surgiendo un grupo de jóvenes que ha comenzado y ha hecho que muchas personas muestren interés por el género, lo que quiere decir que en un futuro cercano podemos tener una generación de stand-up bien abundante.

González: Aunque me crié en New York, siempre me he integrado mucho a mi cultura colombiana y por igual la chispa que tiene mi gente. Esto se manifiesta en mi estilo y en mi material de stand-up. En los últimos años, comediantes colombianos como Andrés López han hecho el género de stand-up mucho más reconocido, versus el típico cuenta chistes que siempre ha existido. New York tiene un origen muy profundo de stand-up comedy. De hecho, muchos de los grandes artistas desde Billy Crystal, Jerry Seinfeld a Chris Rock empezaron sus carreras profesionales en New York. La gente de New York pueden ser muy crueles si no les gusta algo, especialmente lo relacionado al stand-up comedy; a ellos les encanta reírse, pero te dejan saber cuando no les gusta. Esto lo ayuda a uno como artista y comediante a mejorar su repertorio.

¿Cómo te diste cuenta de que podías ganarte la vida como profesional del stand-up? ¿Un comediante nace o se hace?

Sánchez: Me di cuenta porque hacer reír para mí es lo mejor en el mundo, por eso pensé que podía ganarme la vida. El comediante más que nada se hace, es una profesión de mucho trabajo constante, muchas decepciones y muchas noches de poca o nada de risa, que es muy desmoralizante, y si no tienes suficiente perseverancia y tenacidad, abandonarás al poco tiempo, por eso digo que se hace, porque es trabajo constante. Ahora, si además de eso naciste con el don, entonces ya eso es la combinación explosiva.

González: La verdad que no lo sabía. Tomé el riesgo porque me encanta hacer reír a la gente. Es el mejor regalo que le puede dar uno a los demás. Poco a poco fui ganándome el público. Eso me da mucho orgullo decirlo, especialmente en New York. Desde pequeño me ha encantado entretener. Creo que con esto se nace porque aunque trate uno de olvidarlo o esquivarlo, siempre te tocará la puerta. ¡Es mi pasión! Antes de haberme sumergido en stand-up y en la actuación, estuve involucrado en finanzas. Lo hacía porque pagaba bien, pero aunque me llenaba los bolsillos, no me llenaba el alma. Tengo solamente una vida y la quiero vivir a mi manera. Hoy en día trabajo en lo que me llena y no muchos pueden decir lo mismo.

Ambert: Pues eso de ganarme la vida como profesional del stand-up es algo de lo que todavía no me he dado cuenta en este país, pero se escucha bonito y hasta ahora llena de esperanza los bolsillos de mi corazón. Creo que un comediante es una combinación de las dos cosas y en cada comic es diferente la proporción. Una cosa es ser funny ocasionalmente por naturaleza, y otra intentar serlo a tiempo completo. Para hacerlo full time hay que hacer ejercicios y comer bien pa’ que se vea orgánico; lo otro es ponerse implantes y tú siempre te das cuenta de la jeva que se hizo las tetas aunque ella, tú, o los demás, se hagan los locos.

¿Cuánta disciplina hay en la creación de una rutina cómica? ¿Cuánto aporta el público al presentarla? ¿Se le puede sacar un chiste a cualquier cosa?

Ambert: Depende de cuán en serio te tomes como comediante, no es chiste hacer reír y, si es el oficio, la disciplina tiene que estar ahí. El público aporta la reacción con la risa y es la aprobación; si la gente no se ríe hay que hacer ajustes y, preferiblemente, al momento. Sí se le puede sacar un chiste a cualquier cosa, es un asunto de perspectiva, de quién lo escucha y sus sensibilidades pero el trabajo es construirlo, probarlo y seguir bregándolo.

Sánchez: Sí se puede sacar un chiste de cualquier cosa. Los métodos para crear rutinas varían. Muchos escriben a mano, muchos escriben en la computadora, muchos no escriben nada, simplemente van tirando las ideas al público y con la frecuencia el chiste va cogiendo forma. El público muchas veces le aporta al chiste. He tenido muchas rutinas en que el público está tan integrado y se está riendo tanto, que me da más libertad de improvisar porque sé que se están riendo de todo, y de ahí a veces salen cosas maravillosas que decido dejarlas en la rutina para siempre. A veces me salen cosas hasta sin querer, me equivoco y digo algo primero que tenía que decir de último, cambio una palabra por otra porque me distraje un segundo, le doy una mirada diferente al público porque ese día me salió así, y todas esas cosas le aportan una gracia que también decido dejarlo en la rutina. Hay que estar atento a todo lo que haces y a todas las reacciones. Los chistes siempre tiene posibilidades de seguir creciendo y cambiando. Son como los vinos que con los años van madurando.

González: Se necesita muchísima disciplina. No solo en cuestión de escribir constantemente, sino en volver a examinar diferentes posibilidades que existen para hacer cierto chiste mejor, más corto o más largo. También se necesita disciplina para comprometerse con lo que uno cree es chistoso en la hora del show. Si uno no cree en su material, el público menos. Todo depende del ambiente. Créalo o no, la energía del público es muy importante para un comediante. Es lo que lo pone a vivir a uno en la tarima. Yo creo que se le puede sacar chiste a casi cualquier cosa. Es poder ponerle sus ideas cómicas o como dicen en New York, “put your spin on it”.

¿Es importante retar la mentalidad de un público mientras lo haces reír o basta con entretenerlo? ¿Hasta dónde te permites llevar una idea cómica? ¿Te has descubierto autocensurando tu material ante la reacción incómoda de un crowd?

Ambert: Para mí definitivamente lo es y no hacerlo es subestimar al público, igual cuando estoy sentado en el público me gusta que me reten. El simple entretenimiento es música de fondo en un pub, no importa que la gente no le preste atención a “DJ iPod” por ejemplo. La autocensura es algo en lo que pienso cada vez menos, pero sí me he visto en ésas precisamente por reacciones de la gente. Eso pasa cuando invitan a uno a hacer un show en una boda o en alguna actividad corporativa mientras la gente almuerza y esas cosas que espero nunca volver a hacer porque me siento incómodo; entonces ellos se dan cuenta, yo me doy cuenta de que ellos se dieron cuenta y a fin de cuentas se jode la idea cómica porque incomodidad con incomodidad no cancela en ese caso.

González: A mí me gusta retar la mente de un público. No necesariamente tiene uno que hablar sobre la política, pero el modo en que uno cuente el chiste es muy importante porque por el mismo estilo o forma es que cautivas a un público. Dependiendo de la idea, me gusta desgastarla hasta no poder más con ella. Aunque siempre hay campo para más. También me ha servido reintroducir un punto o idea varias veces en el mismo repertorio. El material de un stand-up comic es una forma de arte. Es importante mantener eso en cuenta, especialmente cuando no reacciona un público como esperabas. También es imperial saber qué clase de público vas a tener. Es decir, ¿va a haber niños? ¿sólo adultos? ¿es un comedy club, teatro o TV? Así uno puede prepararse adecuadamente. Al fin del día, no es a uno, sino al material lo que están rechazando.

Sánchez: Retar la mentalidad del público depende del estilo de cada humorista. Algunos lo hacen con frecuencia y eso los caracteriza. Otros lo hacen a veces y otros nunca lo hacen. Todo es aceptable, lo que se ajuste al gusto de cada humorista. Ahí no decide el público sino el artista es el que decide cómo lo hace. Ya si la gente se ríe o no es problema del artista. Sí me he autocensurado muchas veces. Eso es parte de este negocio – a veces puedes tratar un tema un poco controversial y la gente responde bien, pero a veces sientes respuesta tensa y sabes que debes tratar otra cosa o, en el peor de los casos, tratar otro público.

Como comediante, ¿te consideras más un escritor o un performer? ¿Entretiene el cuento o el que lo cuenta?

Ambert: Para mí como stand-up comic es una necesidad escribir y performear aunque no siempre en ese orden, pero hacerlas las dos. Escribir es una manera de mantener la cosa corriendo, desarrollar material nuevo y más cuentos pa’ después contarlos. Entretienen las dos en el mejor de los casos y es cosa de gustos pero hay comediantes que escriben mejor de lo que cuentan y viceversa. El cuento puede ser aburrido pero el que lo cuenta puede hacerlo entretenido, algo así como escuchar un sermón de un sacerdote versus una predicación de un reverendo pentecostal. Hay un elemento espectáculo por encima de todo y eso es lo primero que ve el público.

González: Me considero ambos; como performer, uno tiene que, constantemente, escribir. Es poder ejercer las ideas de uno como escritor lo que hace a un buen performer. Es el que lo cuenta que entretiene. Si el que lo cuenta lo dice sin ganas o sin la misma chispa, no va a funcionar. El cuento puede ser muy bueno, pero saber contarlo es supremamente importante.

Sánchez: Me considero más performer, pero disfruto mucho la escritura. Incluso ya tengo un par de libros comenzados que pronto estarán en circulación. Hay que saber diferenciar qué tipo de comediante es, el que entretiene con lo que hace o con lo que dice. Ahí se podrá saber si entretiene lo que se cuenta o el que lo cuenta. Hay de todo en este negocio.

¿Cuánto te ha costado desarrollar una voz como comediante, un estilo? ¿Cuánto revelas de ti mismo en tu comedia? ¿Se puede hacer reír siendo cómicamente honesto o basta con improvisar cualquier payasada en escena?

Sánchez: Desarrollar mi propia voz me ha costado tanto que todavía 10 años después sigo buscando. Obviamente ahora me siento mucho más definido que hace 5 años, pero la verdad es que todavía me queda mucho por explorar en este negocio. Cada vez revelo un poco más de mí, cada vez me siento más yo, pero todavía siento que no he llegado. Lo que sí no se puede es hacer reír con cualquier payasada en escena. A veces sí se puede hacer y salen buenas cosas, pero el que se dedica a improvisar cualquier payasada sabe que tiene el fracaso asegurado.

González: Uno constantemente está desarrollando algo nuevo. Para poder establecer un estilo, toca experimentar con estilos diferentes al principio. Me ha costado no siempre complacer a un público. “It’s in the works” como dicen en New York. Es darse uno el tiempo de estudiar otras formas de expresar una sola idea y aplicarlas en cada oportunidad. Yo revelo un poco de muchas experiencias. ¡No hay nada más chistoso que la realidad de la vida! Lo bueno es que muchos pueden relacionarse porque al fin del día, todos somos seres humanos. Sí, las payasadas improvisadas son buenas también porque son orgánicas. No hay nada más original y chistoso como algo ocurrido en el momento.

Ambert: Creo que me seguirá costando tiempo dentro y fuera del stage; hacer stand-up depende en buena parte de la reacción del público y no todos los días tienes 30 personas dispuestas a escucharte de frente para seguir dándole forma a la cosa. Revelar de uno mismo es otra buena parte del chiste pero también hay otra parte de ficción, de cosas en otra dimensión y ahí está el asunto de escribir. La improvisación también tiene sus reglas y para payasadas la pista de circo, de todas formas los payasos de verdad ensayan… mucho. La honestidad es otra cosa y la gente se da cuenta de eso, todo el mundo sabe de “aquella vez que la maestra te preguntó: ‘Carlitos…’” y lo saben porque todo el mundo sabe el chiste de Pepito, ¿qué te hace pensar que eres el único que fue a la escuela con él? Entonces lo tuyo el público lo distingue de lo que han escuchado antes. Hacer chistes no es hacer stand-up comedy porque los chistes son un cuento generalizado, no es algo honesto.

¿Qué importancia juega el uso del lenguaje en la elaboración de una rutina de comedia?

Ambert: Cada día le doy más pensando en hacer comedia sin limitarme a un grupo particular de gente. Me gusta ver teenagers y “jóvenes del pasado” en el público riéndose de lo mismo que pueda reírme yo que estoy en el “in-between” por el momento, entonces qué digo y cómo lo digo es lo más importante.

González: Le doy mucha importancia. Es el lenguaje el que ayuda a cautivar a un público. También ayuda a expresar y agregarle énfasis a un punto.

Sánchez: Mucha, muchísima. Muchas de las rutinas solo dan risa por el uso de las palabras, la forma como armes la frase, la sílaba – como termines, el sonido que lleve el uso de las R’s y las P´s, etcétera. Es muy importante para mí tener un dominio grande del idioma para poder jugar con él como me acomode.

¿Qué futuro le ves a la comedia en español en tiempos de internet?

Ambert: El internet es la manera de viajar más legal y económica que conozco hasta el momento. Es una oportunidad de presentarme en otro país sin llegar allá y también es más barato y accesible para el que ve mi trabajo. Es una manera más rápida de conectar las diferentes voces del español. El internet hace más fácil el intercambio; pa’ decir más, por internet fue que conocí a Carlos Sánchez y gran parte de El Comedy Club se cuadró vía web. Ahora que tener internet en la palma de la mano es obligao si quieres el teléfono más cabrón que hay, no sólo veo el futuro, veo “to infinity and beyond.”

Sánchez: Mucho, el internet es una gran herramienta de gran utilidad y ventaja. Por un lado está matando unos mercados pero por otro lado está abriendo otros mercados. Hay que darse cuenta de eso y saber aprovecharlo.

González: Yo creo que el español es muy enriquecido. Por eso mismo hay muchas maneras de expresar una sola idea. El español es un idioma que va a seguir creciendo internacionalmente y por eso mismo pienso que crecerá más la comedia en español.

Todos ustedes se han presentado ante audiencias fuera de su país de origen. What makes your act work internationally? ¿Qué diferencias has encontrado entre el humor latinoamericano y el estadounidense, por ejemplo? ¿Qué aceptación tiene un comediante latino en un club de Estados Unidos?

Sánchez: Siempre traté de hacer humor para todos, siempre traté de que en mis shows nunca haya alguien que hable mi idioma y que tenga cara desubicada de que no me entiende. En muchos de mis shows trato cosas muy dominicanas cuando estoy con público dominicano para introducir o romper el hielo, pero después de un rato ya arranco con los chistes genéricos, para no acostumbrarme a trabajar para un sólo público.

González: Lo que ayuda a mi “act” es poder compartir con los demás mis propias experiencias o puntos de vista. Siempre tenemos algo que ofrecer. Yo tengo experiencias muy diferentes de aquellos que viven en Inglaterra, pero si hablo del corazón, la gente siempre se identifica con uno. Las diferencias que he encontrado entre el humor latinoamericano y el estadounidense vienen simple y obviamente en la cultura como en el idioma. Me ha tocado escribir nuevo material para mis shows en Latinoamérica porque no tienen el mismo sentido o simplemente un público en Latinoamérica no puede identificarse con ciertas cosas que sólo se conocen en New York o Estados Unidos. Es poder hablar sobre sus experiencias personales lo que ayuda a integrar y cautivar a un público. Los comediantes latinos son muy bien recibidos. No importa de dónde eres, pero sí importa si puedes llegarles al público. Especialmente si puedes llegarle de una manera inteligente, sincera y obviamente chistosa.

Ambert: Cruzar líneas culturales, buscar otros públicos y encontrar referencias comunes a pesar de regionalismos dentro del mismo español es un reto añadido, cualquiera que se ha monta’o en un avión sabe que en ninguna parte del mundo se habla español Univisión. En inglés es otra canción aunque para los puertorriqueños debería ser un poco más fácil de cantar by default, pero son dos idiomas distintos y se piensa al revés; creo que es la diferencia principal. Aunque la gente se ría de las mismas situaciones no se ríe de la misma manera; es como escuchar Hotel California en español y el cantante se tira el “Bienvenidos al Hotel California”, reconoces la melodía pero te conformas con tararearla o cantas el solo de guitarra. “Latino ‘is the new black’ and we are everywhere” con o sin verjas, con o sin papeles en español, espanglish o en inglés. Hay un latino-caliente wave con lo de la migración, la mezcla de gente y los latinos de segunda o tercera generación que requintan un apellido y hablan algo del idioma en sus rutinas. Entonces nombres como Paul Rodríguez, George López, Gabriel Iglesias, Pablo Francisco, Al Madrigal, Bill Santiago y el cross-culture que se produce en las ciudades grandes abre las puertas a eso también, sin perder de vista que cada día hay más gente que habla español en Estados Unidos, creo que cada vez será más común.

¿Qué sabes de los puertorriqueños? ¿Estás listo para hacer reír al público de Puerto Rico?

Sánchez: Estoy más que listo. Por más diferentes que seamos, somos dos países pequeños que estamos uno al lado del otro, compartiendo la misma región del mundo, hablando el mismo idioma, y con el mismo sabor y calor caribeño. Además, me han contado mucho lo bonito que es, sobre todo los dominicanos que ya estuvieron allá ilegalmente.

González: Los puertorriqueños son gente de ambiente, cálida y de buena energía. Tengo mucho en común con mi gente de la Isla del Encanto. De hecho tengo famila y muchas amistades
en Puerto Rico. Estoy super contento por la oportunidad de poder presentarme ante el público puertorriqueño. ¡Estoy listo y ready to go!

Ambert: Después de treinta y dos años viviendo con ellos todavía hay días que pienso que no sé nada y otras veces me gusta pensar que lo sé todo pero nunca dejan de sorprenderme en todos los sentidos. De estar listo pa’ hacerlos reír pues la mayoría del tiempo me gusta pensar que sí y siempre me gusta intentarlo, así que vamos pa’l agua.

Los tres Carlos: Ambert, Sánchez y González se presentarán juntos por primera vez en el espectáculo El Comedy Club, este viernes, 17 de junio, a las 9pm, en el Nuyorican Café del Viejo San Juan.

Entrevista conducida por @ArvelGC para Puerto Rico Indie / Árvel Garay-Cruz es guionista y director.

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