Reseña: Regresan The Strokes con Angles

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En el 2001 ninguna banda comercial sonaba como The Strokes. Is This It? parecía pertenecer a otra época – un album clásico que habría quedado en el olvido por generaciones poco capaz de reconocer su verdadero genio, para ser descubierto décadas más tarde por una industria (y en particular, un género) en busca de nuevas estrellas. Claro que éste no fue el caso. Cinco jovencitos de Nueva York llegaban al escenario mundial con una obra maestra, un sonido formado, una estética definida – listos para ser estrellas de rock. Como ocurrió diez años más tarde con la banda inglesa The XX.

Cuando el mundo – ya aburrido de los halagos que perseguían a la joven banda – comenzaba a dudar sobre su hazaña musical, The Strokes lanzaron un segundo disco, Room on Fire. “Más de lo mismo” decía el coro, buscándole fallas al grupo, pero “lo mismo” era igual de bueno. Tampoco era que no se escuchara un crecimiento musical – podemos escuchar la influencia de Bob Marley, Guns n’ Roses y la década de los 80’s a través de bandas como The Cars y Blondie en el disco. Pero el efecto de voz de Julian Casablancas parecía distraer a la crítica: “Otro disco bueno, pero…” Recepción similar a la que obtuvo Vampire Weekend tras lanzar su segundo disco.

Fue para First Impressions of Earth, editado a principios del 2006, que las sospechas de la crítica (y uno podría argumentar que las del público también) se hicieron cumplir. El consenso parecía indicar que la banda no sabía crecer y evolucionar el sonido que los había hecho famosos en primera instancia. Ahora sonaban a otra(s) banda(s), ninguna tan buena a la de los primeros dos esfuerzos. Aunque el disco tuvo – y aún tiene – sus defensores, resultó en un período de inactividad para la banda, seguramente cansada y sin dirección. De vuelta luego de una larga espera de cinco años entre producciones, espero que The Strokes estén preparados para aún más argumentos a favor y en contra de Angles, su cuarto disco que lleva fecha de lanzamiento para hoy 22 de marzo de 2011.

Tendremos que conformarnos con acordar de que Angles no es un disco que logrará el consenso.  Después de todo, el mismo título nos indica claramente que no lo hubo dentro de la banda: estamos escuchando a The Strokes experimentar con su sonido, cada canción trabajada desde un ángulo distinto. Lo que resulta en un álbum difícil de escuchar. Lejos de mostrar la cohesión que caracteriza al primer disco – una tesis musical trabajada a perfección – Angles es una colección de sencillos entorpecidos por una secuencia probablemente arbitraria (los reto a reorganizar estas canciones en un orden que haga sentido). No digo que todos estos experimentos sean una pérdida de tiempo, sino que de partida la forma en que se están presentando no les hace ningún favor. ¿Por qué hacerlo de manera tradicional a éstas alturas? Angles funcionaría mejor como un experimento de Internet, o una subscripción a un club de sencillos mensuales como han hecho The Smashing Pumpkins y Ash en años recientes. ¿No vivimos en la era del sencillo – del mp3 y de iTunes?

Pero dejando la estructura del disco atrás… ¿Qué tal las canciones? El primer sencillo “Under Cover of Darkness” dejará salivando a todo fanático de The Strokes. En éste, la banda se proyecta revitalizada y logra una versión moderna de su estilo que te hará olvidar – al menos por tres minutos – los acordes de “Last Nite”. Es una verdadera joya y habrá llenado a muchos seguidores de falsas expectativas para Angles, ya que todo lo demás que ofrece la banda en el disco parte con este sonido. Entre las mejores variaciones del “sonido Stroke” se encuentran “Machu Picchu”, una especie de reggae juguetón lleno de cambios pegajosos que abre el disco, “Taken For A Fool” y “Gratisfaction”, ambas alegres, bailables y fáciles de escuchar.

Entre lo demás hay menos que celebrar. Había un tiempo que por más que se mencionara a Television y a otros grupos de los setenta al hablar de The Strokes, las composiciones de la banda lograban trascender a la referencia musical. Curiosamente, es en un forzoso y difícil intento por definir su identidad (si nos dejamos llevar por las entrevistas que han concedido los miembros de la banda a la prensa) que The Strokes comienzan a sonar como otros grupos populares. Yo escucho a U2 en el coro de “Two Kinds of Happiness”, al Radiohead de “Paranoid Android” en “You’re So Right”, a los Red Hot Chili Peppers en el coro de “Taken For A Fool” y cada uno encontrará sus propios puntos de referencia… Ninguno de los demás temas ofende, pero tampoco cautiva de la misma manera que un “Under Cover of Darkness”, mucho menos un “Last Nite” hace diez años atrás. Lo que hace la experiencia de escuchar Angles una peculiar y única dentro de la discografía de la banda. Como fanáticos de la música y de los Strokes, podemos comprender esta lucha entre direcciones y los resultados variados que ha brindado – pero si me preguntas cual álbum vivirá más tiempo en mi tocadiscos, la contestación sigue siendo la misma de siempre.

¿Entonces qué tipo de banda quieren/deben/pueden ser The Strokes? Nadie podrá decir con seguridad pero me atrevo a especular que…

¡The Strokes serán como Weezer! Una banda de rock con estilo sencillo y pegajoso, adorada universalmente por sus primeros dos discos – uno un poco más popular, el otro un poco más querido – pero destinada a sus buenos sencillos, algo de experimentación y un grupo de fieles seguidores que sabrán apreciar el material ante expectativas ajustadas. Al menos eso me parece luego de haber escuchado Angles.

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.