Reseña: América, otro buen intento se queda corto

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Imagen: AmericaTheMovie.net

Por: @SindiSinDias

Hace un poco más de una semana atrás se estrenó en las salas de cine en Puerto Rico el filme “América”, la adaptación de la novela “El sueño de América” de la popular autora de la diáspora boricua Esmeralda Santiago. La misma fue producida por Isla Films y dirigida por Sonia Fritz. Da la casualidad (o quizás no lo sea) que coincide con la reciente firma de la Ley de Incentivos Económicos para la Industria Fílmica de Puerto Rico. Cuando se trata de algún proyecto cinematográfico realizado en Puerto Rico siempre surge el argumento de que “hay que apoyarlo porque es de aquí” o el también famoso “por lo menos tuvieron la iniciativa de producirlo” por parte de los más comprometidos con la industria local. También están sus detractores, quienes opinan que lo que se produce aquí no sirve y señalan a la pobre calidad de los libretos que terminan produciéndose.

Decidí entonces acompañar a mi amiga a una tanda de “América” (que no digan que no apoyé a la industria local) y aunque la película tiene sus buenos momentos y la audiencia en la sala (en su mayoría “baby boomers”) respondieron a la misma con aplausos y vítores no está libre de problemas, inconsistencias y una afinidad por lo aleatorio. El tema central de “América” resultará familiar al público puertorriqueño: el proceso de romper el ciclo de la violencia doméstica. Lástima entonces que la falta de detalle desarticule este relato, sobre una problemática a la que estamos expuestos con frecuencia – si no nos toca personalmente, a través de los medios nos enteramos.

“América” nos ubica en una isla municipio de Puerto Rico – entiéndase Vieques (con Marina estadounidense incluida). La protagonista, interpretada por la actriz Lymari Nadal (también productura ejecutiva y guionista del proyecto), comparte su nombre con la película. La joven tiene una madre que bebe (hablamos de eso más adelante), una hija adolescente llamada Rosalinda y un problema grande llamado Correa (como ven, los nombres carecen de sutileza). Este último, su amante y padre de Rosalinda, resulta ser todo un macharrán militar – con un gustito por la violencia y con esposa e hijos en el municipio de Fajardo, allá en la isla grande. Cuando Rosalinda decide escaparse de su hogar con un jevito, Correa responde con varios puños a la madre, luego de que ésta no lograra encontrar a su hija.

América recibe la ayuda de su madre y en particular de su esposo americano (Edward James Olmos, también productor ejecutivo y actual esposo de Lymari Nadal), quien le consigue un empleo en Nueva York como niñera. Una vez en la Gran Ciudad, América se enfrenta a la constante paranoia de que su victimario la encuentre hasta que la película finaliza precisamente con esa confrontación.

El filme cuenta con un buen elenco, la mayoría con carreras respetables, pero muchos de sus personajes carecen de la profundidad que requiere un tema como el de la violencia doméstica. Además, el trabajo de estos actores se encuentra opacado por el tono melodramático de la cinta, un libreto que busca predicar en vez de narrar su historia, una banda sonora opresiva y la dirección torpe de Fritz. Por ende, al público se le hará difícil experimentar el desarrollo emocional del personaje de América como víctima y sobreviviente de violencia doméstica.

Cabe mencionar que existen muchas otras películas que tocan este tema, siendo una de ellas “Te doy mis ojos” (2003), obra maestra del español Icíar Bollaín. “Te doy mis ojos” toca la cruda realidad de la carencia de poder y la prisión psicológica que sufre una víctima de violencia conyugal sin necesidad alguna para elementos melodramáticos. Y es que durante “América” a veces sentí que estaba viendo la serie de Televisa “Mujer: Casos de la vida real” y no la representación de un texto que repiensa el concepto de la violencia doméstica. Probablemente esté parcializada hacia el filme de Bollaín, así que dense la oportunidad de ver esta otra película si su reacción a “América” es similar a la mía (o si desea explorar más el tema de la violencia doméstica a través del cine).

Incluyo a continuación algunos elementos de la película – unos más superficiales que otros – que también obstaculizaron el disfrute de la misma:

• Mientras vive en la Isla, América utiliza vestiditos cortos y floreados – como una caricatura de “la chica isleña”. ¿Cuál será el propósito detrás de esta vestimenta poco común en una chica puertorriqueña ya sea de altos o escasos recursos? No es hasta que América se despide de su madre para mudarse de la isla municipio que la vemos vestir con mahones, t-shirt y tenis como la mayoría de las jóvenes en Puerto Rico. Si se esconde algún significado más profundo con esto del vestuario, no lo sé. Tampoco he leído la novela en la que se basa el filme así que no puedo precisar si se trata de una representación de ese Puerto Rico imaginario visto a través de una persona que no vive en él.

• Cuando América se lanza a buscar a su hija, descubre a su madre (la actriz Rachel Ticotin) bebiendo una cerveza en su casa. De esta manera, la película nos deja entender que el personaje tiene problemas con el alcohol – pero ahí se queda el asunto. Quizás sólo se deba el palo de vez en cuando. Pero el detalle contribuye a que el personaje luzca incompleto.

• En el aspecto visual, se nota cierto afán académico de parte de la directora. Habrán muchas escenas bonitas en composición, pero éstas no añaden o aportan a la historia necesariamente – como el vestido de florecitas que viste América en Vieques.

Y para finalizar en buena nota:

• Algo divertido a pesar de la película fue la aparición de James Callis (algunos lo conocerán como Gaius Baltar de Battlestar Galactica) como el empleador de América en Nueva York. Por poco me ahogo con el café que tomaba en el cine cuando lo ví. Uno de los beneficios que vienen con tener al Admirante Adama (Edward James Olmos) como productor ejecutivo de la película. SO SAY WE ALL!!!

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