Calle 13: Haciendo lo que no se supone

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foto(s) originales: Oscalito via flickr / diseño: @redod

El puertorriqueño David Gregory, candidato a doctor en Literatura para la Universidad de Notre Dame, se encuentra haciendo investigaciones para su tesis doctoral en Latinoamérica. Durante su reciente visita a Buenos Aires logró presenciar una del ahora histórico trio de presentaciones del grupo Calle 13 en el reconocido estadio argentino de Luna Park. Para más de sus escritos puedes visitar su blog, El silencio de las palabras.

A continuación su reseña de lo acontecido con Calle 13 en el Luna Park el pasado 18 de febrero.

Calle 13: Haciendo lo que no se supone
Por: David Gregory

Hace unas semanas tuve la oportunidad de presenciar nuevamente un espectáculo de Calle 13. No era la primera vez que los veía actuar, ya que los vi tocar anteriormente y de gratis frente a la Casa Rosada. Sin embargo, en aquel entonces se trataba de unas cinco canciones, mientras que la nueva oportunidad se dio en un concierto de su gira – sí, esa que los alimenta, dada las turbias naturalezas de los contratos con empresas como Sony (o la empresa que sea, que siempre se lleva la mayor parte de las ganancias de venta en los CD), hecho por el cual ellos mismos invitan a bajar el disco por Internet, y la censura que han recibido en Puerto Rico y Colombia, al menos por el momento.

Independientemente de los que estén de acuerdo con esa censura, salí del espectáculo con la sensación de haber visto – quizás – a un nuevo mito en la música latina. Y no es que hubiera sido el mejor concierto que haya visto. No era ni el más complejo ni el más sencillo, elementos que no necesariamente garantizan una experiencia magna de una parte u otra en esto de los conciertos de música popular. Pero aun así salí con esa sensación.

Ya sé que algunos dirán que es “la fockin moda”, que el tipo es un pendejo, un creído, un comemierda, o como escuché de un argentino en el público… “¿quién sos vos (para cantar de Latinoamérica)?”. Sin embargo, ahí estaban con el Luna Park hasta la coronilla en su primer concierto. Fue por esa exitosa venta por lo que tuvieron que abrir dos nuevas fechas que ya estaban vendidas el 18 de febrero, el día pautado para el concierto originalmente. Allí, ese Luna Park repleto, lleno de argentinos y uno que otro emigrante como yo, vio saltar todos esos cuerpos por dos horas, y en el interín, entender el tú en ves del vos, y entender la tragedia boricua, y su bellaqueo’, y su jerga.

También aplaudieron cuando se proclamó una sola Latinoamérica tal como lo soñara Bolívar y cuando René se proclamó por un Puerto Rico libre como otra parte incompleta de esa utopía. Fue el mismo corillo el que aplaudió (quizás con menos entusiasmo) cuando se dijo de incluir a todos, a los heterosexuales, homosexuales, transexuales y bisexuales…“que aquí no excluimos”, y el que aplaudió cuando se le dedicó “Pa’l norte” al extranjero (como figura), en un país que, como todo país dentro de la lógica de la nación, tiende a volverse xenofóbico, especialmente cuando se trate de la gente que viene a su país desde países que comparten frontera (¡y en Argentina son cinco! Pero mientras menos europeos se vean, peor les va).

Fue el mismo corillo el que le dio una bandera que mezclaba la de Puerto Rico y la de Argentina en una sola (¿se habrá visto tal cosa alguna vez? De hecho, parte de la escenografía del concierto era un bandera de Puerto Rico en un lado, y la de Argentina en el otro, diferenciando con un Rammstein por ejemplo, que cayó mal al abrir su concierto con la bandera alemana). Parecía que el nombre del último disco tenía resonancia y se entendía: entren los que quieran.

Y no solo parecía, sino que fue realidad que en esas dos horas y en un lugar tan remoto como el Sur se escuchaba y se saltaba y se bailaba y se debatía con un grupo que es rechazado por muchos en la isla que defienden y los vio nacer. Y vi también como sus ritmos reguetoneros de un comienzo se transformaron a rock y a batucada, a ska y a mera mezcla de géneros, desde el rap y los géneros mencionados, hasta el reggae y algo de salsa con un soneo que me pareció un poco forzado pero aun así perfecto para este mejunje, esta mutación unida entre el mero hecho de bailar y el llamado de rebelarse al mismo tiempo, de no conformarse con el mundo que heredamos, de soñar por medio de la música con unirse y trazar uniones que quizás sean imposibles.

Todo eso lo vi cocido (tanto por coser como por cocinar) por Visitante, quien a veces sumaba arreglos con sus instrumentos mientras alzaba la mano derecha, que no pedía turno, pero que parecía dar bendición a ese ritual de cuerpos que no se suponen entiendan ese lenguaje, ni el acento del Caribe ni la música. En medio de todos esos cuerpos, muchos de ellos sin camisa, incluyendo a mujeres que se habían quedado en bracieres, Visitante parecía una especie de brujo, hechizando a todos, incluso a mí, que me negaba a dejar de al menos mover las rodillas cuando estaba muy cansado para seguir bailando o brincando. Todo tal como en el cuento del flautista de Hamelín, al que se hace referencia en el video de “Atrévete-te-te”.

Y es que Calle 13 parece tener esa brujería de la que solo los grandes artistas pueden descifrar las notas. De hecho, el grupo debe ser el primer grupo con ritmos caribeños que es recibido en este país del sur. Otros portavoces de la voz en Puerto Rico nunca llegaron con tanta fuerza y en tan poco tiempo, desde Héctor Lavoe a El Gran Combo. Sólo Daddy Yankee y alguno que otro regetonero llegó a entrar en las villas (barrios o ghettos), pero no eran recibidos con el mismo respaldo en el resto del país, y si bien es cierto que Chayanne y Ricky Martin tienen su acogida, ellos no representan ritmos del caribe necesariamente, aun cuando el último trata de incorporar ciertos elementos en su música pop.

Con todo y eso, acá reconocen ahora mismo al boricua por Calle 13, y ni Martin ni Chayanne les dejaron claro saber lo que pasaba cultural y políticamente en la isla, que estamos jodidos y que somos colonia yanqui. He escuchado a personas en la calle diciendo que están interesadas de saber más del tema gracias a Calle 13, y vi a la Plaza de Mayo llenarse de gritos de argentinos coreando “¡Patria sí! ¡Colonia no!”. De los otros, desde Chayanne hasta Daddy Yankee, supieron que era de Puerto Rico… una isla ahí en el Caribe.

Y aun cuando en el concierto vi a artistas de Bajofondo, y a Calamaro, y al grupo performero Murga Zarabanda Arrabalera (cuyo acto folclórico era prohibido en la dictadura), y a trapecistas y belly-dancing, y videos y efectos de luces que marcaban la diferencia con la aparición gratuita en la Casa Rosada, no fue por eso que salí con esa sensación muy rara de que a lo mejor vi a uno de los grandes sin saberlo. Y es que si esta brujería puede suceder en países latinos donde lo caribeño no es tan bienvenido, y es recibido y aplaudido al mismo tiempo por amantes de diferentes géneros, desde el pop hasta el rock, como es recibido también en los otros países latinos donde sí aceptan más fácilmente las propuestas del caribe y por ende a los Lavoe y los Gilbertito, y más aun es bien recibido y hasta reclamado por distinto grupos sociales y de diferentes clases, Calle 13 se trata de un grupo de artistas que saben conectar con públicos inesperados, que dentro de su irreverencia y por más que los censuren, encuentran público porque hay miles de voces que quieren rapear esas historias, y saltar, y bailar, y gritar, y quitarse la ropa, en fin, un grupo que parece conectar con la gente de todos lados, con todos los que están cansados de que las cosas sigan como van y quieren que cambien, y quieren invitar a que entren los que quieran, con tal de que compartan ese deseo.

Parecen ser la voz de una generación, como los Beatles en su tiempo o The Doors (que también tuvieron su censura y su rechazo), como Lavoe (que no llegó de lleno al Sur), como Michael Jackson que cambiaba todo género, como Nirvana que expresó la inconformidad y el sin-sentido de la generación de los 90. Los grandes artistas, y no solo en la música, siempre pueden expresar en su obra la voz de los tiempos que les tocó vivir. Así, Calle 13 parece ser la voz de esta generación. Claro que sólo el tiempo dirá, especialmente si ellos logran consolidarse y reinventándose dentro de esa generación con la que están conectando, la generación de ahora, la que se revela en Twitter y Facebook, y en la calle y en la casa. La generación que está cansada de lo mismo, la que quiere cambios pero sin jugar a las viejas retóricas, la que quiere portarse mal, la que quiere hacer lo que no se supone, la que quiere justicia, la que sueña un mundo mejor, sin balas y con palabras, sin diferencias que no sean apreciadas y valoradas e integradas, un mundo diferente pero unido por el respeto de eso que nos hace únicos.

Ese pareció ser el público y parece ser el público que los sigue respaldando, desde Puerto Rico hasta Tierra de Fuego, el que sueña y por eso cree y quiere expresarse de la forma que sea por cambiar las cosas, por más difícil que eso sea.

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