La violencia, el género y la doble vara

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Foto: peteSwede via flickr

Eran la 1:30 de la madrugada de hoy, 27 de febrero de 2011, en San Juan, Puerto Rico. Miles regresaban contentos del Coliseo José Miguel Agrelot luego de haber presenciado otro impresionante concierto del llamado “Príncipe de las tinieblas,” Ozzy Osbourne (a su edad, todas sus presentaciones son pequeños milagros). Otros, embarrados de pintura fluorescente, comenzaban a sudar calorías de cerveza barata en el Anfiteatro Tito Puente, donde el reconocido productor y guru de la música bailable Diplo hacía su debut como DJ en la isla.

A tan sólo pasos del evento, se presentaban en la “tarima estrella” del Festival Claridad los héroes del rock independiente, Campo-Formio y Macha Colón y los Okapi. Mientras tanto, en el municipio adyacente de Bayamón se celebraba el 1er aniversario de Ritmo 96.5, la estación radial que dedica sus veinticuatro horas a los géneros tropicales de la bachata y el merengue. Contrario al pensamiento popular, la música es el narcótico favorito del puertorriqueño.

En este último concierto, el piso del Coliseo Rubén Rodríguez se convertiría en una pista de baile enorme, para celebrar la unión de dos países hermanos, Puerto Rico y República Dominicana, a través de la música y al “ritmo de la juventud.” Conocidas orquestas de merengue del patio como la de Elvis Crespo, Límite 21 y Grupo Manía, darían paso a una presentación por el joven bachatero Prince Royce, oriundo del Bronx y de padres dominicanos. Royce, para los que no sigan la bachata, es mejor conocido por su versión del clásico romántico “Stand By Me,” interpretado originalmente por Ben E. King. Lo conocen: “When the night has come and the land is dark / and the moon is the only light we see / No, I won’t be afraid, oh I won’t be afraid / Just as long as you stand, stand by me.”

Diez tiros terminaron súbitamente con el baile y con la vida de un Juan Cruz de 22 años, interrumpiendo la música con un ritmo que hemos aprendido todos a marcar. Juan se fue bailando bachata y el responsable de su muerte – aún sin identificar, por supuesto – también dejó sin vida a otra persona y a seis con heridas de bala. La violencia no tiene género musical predilecto.

Cierto es que si el asesinato hubiera ocurrido en el concierto de Ozzy, los titulares habrían sido más creativos: “Reina la oscuridad en concierto de Osbourne” o “Sábado negro se torna sangriento.” Las ideas erróneas a las que se aferran muchos puertorriqueños aún acerca del “heavy metal” – y del “rock” en general – servirían de carnadas jugosas para desviar la atención del pueblo. Igual si se tratara de un concierto de reggaetón, otro género musical que no ha sabido distanciarse de su imagen violenta, por más “romantiqueo” y Tego Calderón. Y bien podríamos intentar trasar una línea (probablemente ficticia) entre la muerte de Cruz y la música tropical, pero me consta que no se ha hecho ningún intento de esto aún en la prensa local. Esa es la doble vara.

Y la doble vara es en gran parte una construcción mediática, alimentada por nuestra vagancia intelectual y comodidad exagerada. A finales del 2010 vimos como toda la discusión circulando el lanzamiento del disco “Entre los que quieran” del grupo Calle 13 se desvió hacia el tema del “alcalde periquero,” mientras que a la canción de “La bala” – quizás la declaración anti-violencia más contundente, relevante y artísticamente meritoria que se haya oído en la música popular puertorriqueña – pasó relativamente desapercibida. Hace tiempo es hora de que la responsabilidad social y la educación retomen su debida posición en la escala de prioridades del puertorriqueño, por encima del bochinche y la discusión.

Lo impactante de los hechos violentos de esta madrugada, como lo han sido otros eventos similares en nuestra historia reciente, es el reconocimiento de la facilidad con que la violencia logra irrumpir en nuestros espacios de relajamiento y diversión comunal. Como están las cosas hoy en día, igual podrían haber disparado en el Festival Claridad, como al mismo Diplo. Nadie se salva de las balas en el Puerto Rico de hoy. Ni la música.

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Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.