La Mesa Redonda 11: Encore

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Foto: Fito en el bicentenario cortesía de Gerardo Pignatiello

Cada dos semanas (más o menos) el equipo editorial de PuertoRicoIndie.com haremos un esfuerzo por ‘reunirnos’ (gracias a la magia de la Internet) para discutir un tema en particular a través del cual puedan compartir sus experiencias, preferencias y sugerencias musicales con nuestros lectores – y que ustedes, en cambio, compartan las suyas a través de la sección de comentarios.  Además de ser un buen ejercicio de escritura para todos, este compartir posiblemente nos sirva para descubrir canciones y obtener nuevas perspectivas sobre artistas que quizás no hayamos considerado anteriormente.

El tema para esta semana es Encore, surgió de una conversación que tuvimos @redod y @sire_damiano una noche – hablábamos de música y de conciertos: ¿Qué bandas habíamos visto en vivo? ¿Cuáles trabajan mejor su sonido en vivo? ¿Cuáles montan un espectáculo? ¿Cuál había sido nuestro concierto favorito? Esta última nos pareció tema perfecto para La Mesa Redonda, así que aquí estamos en la penúltima edición de la columna para el 2010, listos para compartir con ustedes algunas de nuestras vivencias de música en vivo más sobresalientes. Se unen al equipo de PuertoRicoIndie.com para esta edición: Amarilys Oyola aka @FunkyFresh_Ah, quien se ha dado la tarea de grabar a algunas de las mejores bandas del país tocando en vivo para Música Realenga, y a Gerardo aka desparejo del blog Soplar y hacer botellas, con quien tuvimos el placer de compartir recientemente en un concierto de bomba en el Teatro Beckett de Río Piedras. ¡No olviden compartir sus conciertos favoritos en la sección de comentarios!

Nine Inch Nails – Fragility Tour v1.0 (09.05.2000)

@redod (Editor, PuertoRicoIndie.com)

A mi no había quién me entusiasmara con la idea de estudiar en la universidad. La decisión de irme a estudiar afuera me resultaba un tanto impuesta – aunque quizás no explícitamente, no me torcieron el brazo – pero era algo que ‘había que hacer.’ Otro en el largo ‘to-do list’ de la vida que la generación anterior decide por uno.

Terminé yendo a estudiar a New Jersey y vivía a cinco minutos de un pequeño trolley, conocido como el ‘Dinky,’ que conectaba con el sistema de trenes del New Jersey Transit. De ahí un tren me dejaba en 45 a 60 minutos frente a los escalones de la entrada del Madison Square Garden. Por los próximos cuatro años, éste sería mi salón de clases favorito.

En Madison Square Garden pude disfrutar en vivo la música de grandes agrupaciones como Radiohead, The Who, Tool, Metallica (en su concierto sinfónico) y Guns N’ Roses (con Buckethead), y de artistas más recientes como The Strokes, Fantomas y Regina Spektor. El coliseo siempre impresionaba por su enormidad, pero nunca tanto como la noche que sobreviví el moshpit de Nine Inch Nails.

Trent Reznor acababa de lanzar uno de los trabajos más ambiciosos de lo que se conoció como el ‘alt rock movement.’ El doble disco The Fragile contenía mucho del rock industrial que caracteriza al sonido de la banda, aunque menos de su lado bailable y más introspección – enmarcado todo por pasajes instrumentales que mezclan lo orgánico con lo computarizado. Considerado un ‘desastre’ comercial por una industria mal acostumbrada a mayores ganancias y expectativas desmedidas, la disquera se rehusó a costear el tour promocional subsiguiente por lo que Trent Reznor se comprometió a pagar hasta el último vellón.

Como consecuencia, el Fragility Tour era un espectáculo hecho a la medida de Reznor e incluía entres sus maravillas visuales un tríptico en paneles de vídeo por el artista contemporáneo Bill Viola.

Los dioses del rock me sonrieron el día en que los taquillas se pusieron a la venta. Mi roommate estaba en su trabajo refrescando la página de Ticketmaster impacientemente mientras aguantaba en línea con uno de los representantes de la compañía. Yo hacía lo mismo desde mi cuarto. En cuestión de minutos se había ido todo, pero no sin antes haber conseguido dos taquillas – la A16 y la A17. #Triunfo.

El día del espectáculo desciframos que la A en la taquilla significaba ‘ARENA.’  Unos minutos luego de haber llegado al Garden (temprano en la tarde, para evitar revolú – después de todo aún éramos unos ‘rookies’ con el proceso) nos encontrábamos con los brazos entrelazados a las barandas de metal que separaban a la audiencia de aquel enorme escenario. Ahí permaneceríamos unas cuentas horas hasta el comienzo de los primeros acordes de A Perfect Circle, en su debut como banda. ¿Cómo se sabría toda esa gente las letras de las canciones si aún ni había salido el primer disco de la banda? Para el 2000 yo estaba aparentemente atrás con el Internet…

Concluida la presentación de APC, todo parecía indicar que el espectáculo sería igual que cualquier otro concierto – disfrutaríamos la música de Nine Inch Nails a todo volumen entre gente desconocida. Entonces se apagaron las luces y una ola de gente se abarrotó en contra de las barandas protectoras frente al escenario. El aire se nos fue de momento a esas primeras dos o tres filas mientras cientos de manos sin dueño buscaban reemplazarnos en una confusión de sudor, violencia, gritos y hasta llantos. Mientras tanto la banda atacaba sus instrumentos en explosiones de ruido y distorsión – las luces parpadeando en busca de ataques epilépticos. En cuestión de segundos el panorama había cambiado: este concierto sería un reto – una batalla a sobrevivir.

Por más de dos horas me perdí en la masa de gente, la mirada hacia arriba buscando a Trent y los demás músicos – atento a los alrededores, pero dejándome llevar por el ir y venir de empujones que me mecían como el mar picao en la playa de Yabucoa. Muchas veces mis pies se despegaban del piso y me levitaba a la fuerza junto al público intoxicado de música. Mirar hacia las gradas aumentaba el nivel de desorientación y pánico. ¿Cómo salíamos de ahí?

Pero como prometido, el show fue uno inolvidable. Los espacios instrumentales de The Fragile nos permitían reponernos en lo que la banda se preparaba para su próximo ataque sónico. El escenario viviente se transformaba entre canciones – paneles de luz convirtiéndose en monitores y recombinándose entre sí para formar nuevos patrones y formas. Y como si fuera poco, el encore trajo consigo a Marilyn Manson, protegé uniéndose nuevamente a su mentor en símbolo de reconciliación luego de una prolongada batalla en los medios. El concierto concluía con una versión susurrada de ‘Hurt,’ ya cuando sentía dolor en todo el cuerpo.

En algún momento Trent – conocido por tirar sus botellas de agua al público – alcanzó a pegarme un botellazo en la cabeza. No demandé – me había bautizado.

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Fania All Star – 30 Aniversario (1994)

Amarilys aka @FunkyFresh_Ah (FrecuanciasAlternas.com y Música Realenga)

Cuando recibí la invitación para escribir sobre el tema de conciertos la duda se apoderó de mí. Lo primero que se me ocurrió fue escribir de la primera vez que vi a Superaquello tocando en Río Piedras hace 7 años. Desde ese día estoy enamorada de su música y, sobre todo, de sus presentaciones en vivo. Luego pensé escribir de algo reciente como el CD Release del álbum Salsa Macabra de la Orquesta el Macabeo en el Nuyorican Café. ¡Uff! Ese sí que me lo gocé desde el principio hasta el final. Pero prefiero compartir con ustedes algo más personal, así que aquí les va un pedazo de mi niñez.

Unos de mis primeros conciertos-con taquilla y todo-fue uno de Fania donde abucharon a Celia Cruz. Lo que recuerdo es que duró como 3 horas y la pasé super bien con mi papá. Tal vez en aquel entonces no podría explicar el por que disfruté del evento pero, después de pensar por semanas en que escribir pa’ esta Mesa Redonda, llegó a mi memoria ese sentimiento de pertenecer a algo. Ese algo era más grande que mi escuela, que el complejo de edificios donde vivía. Sabía que ese concierto y toda esa gente en la tarima era importante para más personas que la que podría imaginar. Fue en el 1994, era el 30 aniversario de Fania y yo tenía 8 años.

Recuerdo que mi papá me explicaba super entusiasmado quienes eran todos esos dones poniendo a gozar al público. Recuerdo que esas canciones las escuchaba de camino a la escuela o a casa de mis abuelas en Utuado cuando chiquita y eso me recordó al Búho Loco de Z 93. Recuerdo las pelucas de aquella señora que cantó y la gente abuchó. Recuerdo que mi hermana fue con nosotros. Recuerdo que fue una buena noche, un buen concierto y que fue el día que descubrí que me gusta la salsa y que tengo algo en común con mi padre.

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Silvio Rodríguez – Coliseo de Puerto Rico (30.05.2010)

@reed_rothchild (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Yo nunca he vivido fuera de la isla. Lo más que he estado fuera ha sido un mes. En las veces que he viajado – por vacaciones o la razón que fuera – nunca he ido a conciertos ni shows, excepto una ocasión hace muchísimos años que vi a los Stubborn All-Stars y a The Scofflaws en The Knitting Factory en NYC. Debido a esto, mi experiencia con música en vivo ha sido limitada a lo que se presente en la isla. Lo que significa que he visto a Los Fabulosos Cadillacs cinco veces y a Café Tacuba tres. Esto no me molesta en lo absoluto (de hecho, del último de los tacubos escribí una reseña el año pasado. Epic concert) pero demuestra el poco tráfico de artistas buenos que pasan por aquí. De todos modos, no me voy a echar a llorar ya que por lo menos he visto a The Misfits, a Sin Dios y a La Polla Records.

Pero, ¿qué pasa? Que también soy medio tacaño. Asi que no he asistido cuando artistas de renombre han venido aquí, porque me rehuso pagar cientos de dolares para verlos. No fui ni a los Rolling Stones, ni The Police, ni The Killers, ni Paul McCartney, etc. Solo me arrepiento de perderme este último porque, coño, estamos hablando de un Beatle. Fue por eso que tomé la decisión de no ser tan maceta y dejarme disfrutar un concierto que quisiera ir, sin importarme el dinero. Que si venía otro gran artista, leyenda, ícono, no iba a cometer el mismo error que cometí con Sir Paul.

Asi fue que cuando Silvio Rodríguez vino a presentarse en el espacio íntimo del Coliseo de Puerto Rico me dije a mi mismo “Mismo, deberías ver a Silvio Rodríguez, porque el tipo es uno de los grandes y a ti te gusta su música y a el se le hace difícil entrar al país y ya tiene par de años encima y no sabes cuando volverás a tener esta oportunidad.” Y me hice caso.

Nuca fui fanático desmedido de Silvio. Nunca pasé por esa etapa de escuela superior o universidad en la cual muchos querrían aprender a tocar guitarra y escribir canciones como él. Me gusta, sí, mas no sentía la necesidad de tener toda su discografía y aprenderme todas sus canciones. Aunque me gustaban algunas canciones un tanto más rebuscadas y tenía (aun tengo) poca paciencia para Unicornio Azul. Era un in-between fanático de Silvio: no lo idolatraba pero era una fijación más alla de pasajera.

El 30 de mayo de 2010 me enamoré de un cubano de 63 años. Incluso podia palpar que los miles que estaban allí sentados sentían lo mismo que yo. La facilidad con que entonaba era asombrosa y el brío con que declamaba era demasiado poderoso como para resistir. Los músicos que lo acompañaron eran de alto calibre, incluyendo a su esposa Niurka Gonzalez en la flauta. Lo que descargaron fue sentimiento hecho canción. En la primera mitad del concierto me complació con Casiopea, El necio, Soñando con serpientes y me desgarró con La gota del rocío. Después vino Roy Brown a cagarla en un intermedio en el cual cantó las únicas dos canciones que se sabe. Gracias a dios Silvio volvió y borró toda memoria de que en la tarima estuvieron Roy y Zoraida Santiago y arrazó lo poco que quedaba de mi con Pequeña serenata diurna, Oleo de mujer con sombrero y La era esta pariendo un corazón.

Al final del concierto me sentía mas liviano, como si hubiese dejado algo alla dentro, como si Silvio se hubiese llevado algo de mi. Al día de hoy no estoy seguro que habrá sido, pero sé que no lo necesito. Fue un obsequio, reciprocando el regalo magnífico que me dio este cantautor que, de haber continuado con mis tendencias mezquinas, hubiese fallado en ver ese día. Me alegra saber que la gente pueda cambiar.

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Fito Páez – Bicentenario Argentina (25.05.2010)

Gerardo aka ‘desparejo’ (Escritor, Soplar Y Hacer Botellas)

El mejor recital al que fui fue uno en el que no estaba precisamente mi artista favorito. Si tuviera que hablar de grandes recitales con artista preferido mencionaría cualquiera del Chango Spasiuk al que haya ido. Recuerdo particularmente dos al aire libre y gratuitos, uno en Parque Lezama y otro en Morón. La magia y el ambiente que genera su música son únicos. Pero como decía antes, el mejor recital al que fui fue el de alguien que no me suele gustar mucho o que me gustó en una época, pero tampoco tanto y lo que hace ahora no me motiva demasiado. Fue el recital que hizo Fito Páez para cerrar la semana de festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires.

Durante una semana la ciudad fue una fiesta de la que participaron como 6 millones de personas tomando literalmente el centro de la ciudad y ocupando las calles y participando de una sensación de unidad pocas veces vista. El recital que cerró esa semana de festejos fue impresionante por la convocatoria. Toda la 9 de Julio llena desde Av. Belgrano hasta Corrientes (unas 8 cuadras). Un escenario enorme y la banda de Fito sonó increiblemente bien. El sonido y los músicos fueron impresionantes aún en las canciones más pedorras, como “Circo Beat” o la inefable “Dar es dar.” Pero todo sonaba genial, aunque Fito repitiera “che” cada dos palabras como si fuera un concierto para turistas que quieren confirmar sus sospechas de que todo argentino dice “che” todo el tiempo o para confirmar que el Che era rosarino como él.

Pero todo sonaba fenómeno, a pesar de la incomodidad de estar apretado entre miles de compatriotas y a pesar de que todo se podría haber ido al carajo cuando vimos al artista Pomelo, que es Juanse, que se subió a una torre para coquetear con caer y ser el ídolo del rock que muere en escena víctima de su descontrol y de ir contra los límites que le impone esta sociedad que lo oprime y lo empuja hasta estas locuras incubadas en la mente frenética de un alma sin sosiego (?). Y esa fue toda su contribución patria de la noche. Todo terminó como debía ser, con la multitud coreando el himno ya entrada la madrugada y mucho petardo estallando desde los techos del país bicentenario.

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Radiohead – Live In Lollapalooza (01.08.2008)

@Sire_Damiano (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Comencé a ser un “concert-goer” a eso del 2008 ya que tuve la oportunidad de tener un internado en el estado de Indiana. Fue ahi donde me encontré con la dicha de tener a Chicago a dos horas con un tren bastante barato. Lo mejor de todo fue el tener una tía en dicha ciudad y poder visitarla cuantas veces quisiera. Chicago es una ciudad hermosísima llena de mucha arquitectura, arte y música. ¡Y qué mejor lugar para dar un festival en el mismo medio de la ciudad!

Aquí fue donde en el 2008 en el Grant Park fue a parar la creación de Perry Farrell, el Lollapalooza. Ese año el lineup contaba con varios actos interesantes pero uno llamaba la más atención a muchos: Radiohead amenizó el primer día del festival. Me acuerdo que ese mismo día acababa el programa que estaba haciendo, tuve que llegar en tren a Chicago con todas mis maletas, esperar a mi tía que las recogiera y regresar otra vez a la ciudad. Mientras me acercaba a Grant Park, ya Radiohead había empezado su set y se escuchaba “Weird Fishes.” Ahí comencé a correr como demente hasta llegar al festival.

Fue una experiencia inolvidable al ver unas de las bandas legendarias de Inglaterra exponer su arte. Presencié canciones como “Fake Plastic Trees,” “Paranoid Android,” “The National Anthem,” “Idioteque” y “Optimistic,” entre otras. Algo cómico fue cuando en “Everything In It’s Right Place” y “Fake Plastic Trees” comenzaron a salir fuegos artificiales, lo cual no era parte del show – sino que en el Soldier Field se encontraba una actividad de Football Americano y de ahí salieron los fuegos. El ambiente fue perfecto ya que podías ver el “skyline” de Chicago lo cual decoraba la vista del festival – algo que creo que nunca voy a olvidar.

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Gustavo Cerati – Gira ‘Ahí Vamos’ (27.04.2007)

@PurpleMixTape (Escritora, PuertoRicoIndie.com)

Aunque he presenciado espectáculos con más producción y efectos de luces, hasta ahora ninguno se compara con este, ya que significa mucho para mí. Me hice fan de Gustavo Cerati (como solista y como integrante de Soda Stereo) en el 2002, y aunque para el 2007 llevaba tan sólo cinco años como su seguidora, sentía que lo era desde siempre.

Esta era la primera vez que lo iría a ver en vivo, por lo que estaba súper emocionada. Unos meses antes, él había venido con la misma gira, pero no pude ir. Para comprar el boleto, usé parte de mi primer cheque de mi primer trabajo (una de las mejores inversiones que he hecho). Compré para la sección de arena. El evento tardó una hora en empezar, lo cual esperaba, pero de igual forma sentía desesperación por ver a mi ídolo. Durante ese tiempo de espera, recuerdo que unos argentinos que estaban sentados detrás de mí me pidieron que les tomara una foto. También recuerdo haber visto un doble de Cerati entre el público (confieso que hubiera querido llevármelo a casa).

Luego de la espera, apagaron las luces y empezaron unos acordes que anunciaban la canción “Artefacto”. Par de minutos después, empezamos a gritar: ¡Gustavo al fin salía al escenario! No lo creía. Mi querido Gus, al que escuchaba en mi radio, y al que veía en televisión y en Internet, ahora estaba a unos pies lejos de mí, “respirando” el mismo aire que yo (sé que es un cliché, pero así me sentí). Fue un momento surreal, pero muy verdadero y de mucha felicidad.

El despliegue de Gus a través del escenario fue puro éxtasis: sus movimientos, sus bailecitos graciosos, la forma en que tocaba la guitarra y cerraba los ojos durante acordes potentes. Nunca olvido cuando en una de las canciones (lástima que no recuerde cuál) se recostó de una pared en el escenario durante uno de sus solos. La intensidad y la pasión con la que se vivió ese momento me conmovió. Fue una prueba contundente de que estaba disfrutando su trabajo.

Esa noche, Cerati cantó sus temas de solista y tres temas de Soda. Uno de ellos fue “Nuestra fe”, del disco “Dynamo.” Aunque este disco siempre ha sido uno de mis favoritos, por alguna extraña razón, al ponerlo siempre me saltaba esa canción. Sin embargo, al escucharla en vivo en esa noche, lo hice desde otra perspectiva y quedé hechizada por ella. Se ha convertido en una de mis favoritas desde entonces.

El concierto terminó con “Puente” (una de mis favoritas) y su famoso coro de “gracias por venir,” frase de la que todos nos hicimos eco. Sin duda alguna, una de las mejores experiencias del mundo es estar junto a un mar de gente que comparte un mismo sentimiento hacia la misma música.

Siempre trato de recordar el concierto y de no olvidar lo que viví. Unos audios que grabé con mi celular me ayudan a seguir reviviendo esos momentos de inmensa felicidad. En uno de ellos, para introducir el tema “Adiós”, se escucha cuando Gus nos dijo: “Puerto Rico… Dos veces en menos de un años ya es un placer. Bueno, gracias y… ¡y adiós!”

Con mucha esperanza, ansío que ese adiós no sea definitivo.

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.