La Mesa Redonda 10: Tributo al Walkman

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Cada dos semanas (más o menos) el equipo editorial de PuertoRicoIndie.com haremos un esfuerzo por ‘reunirnos’ (gracias a la magia de la Internet) para discutir un tema en particular a través del cual puedan compartir sus experiencias, preferencias y sugerencias musicales con nuestros lectores – y que ustedes, en cambio, compartan las suyas a través de la sección de comentarios.  Además de ser un buen ejercicio de escritura para todos, este compartir posiblemente nos sirva para descubrir canciones y obtener nuevas perspectivas sobre artistas que quizás no hayamos considerado anteriormente.

El tema para esta semana es Tributo al Walkman, inspirado en parte por el cese de producción del emblemático tocacintas marca Sony que llegó a ser sinónimo de todos los demás tocacintas del mundo. Le damos nuevamente la bienvenida al equipo de Cassette Grabao, Juanluís y Orlando, que se unen al resto del panel para compartir algunos de los cassettes favoritos que disfrutábamos a través del revolucionario aparato musical. Como expresó @PurpleMixTape en su reciente escrito en honor al tocacintas: no le decimos adios al Walkman, sino hasta luego.

Gino Latino – El Amore

@pulgui (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Quisiera gritar de la montaña más alta… QUE AMO AL WALKMAN.

Les mentiría al pretender que mis primeros pasos en el mundo de la degustación musical no fueron influenciados por mi hermana mayor. Múltiples e inolvidables temas al estilo acid salsa, electro-merengue, flamenco house, whatever house o cualquier beat futurístico entrelazado con un sample de alguna canción irreconocible pero placentera que tocara en las ondas radiales puertorriqueñas para final de los años ochenta y principio de los noventa, declarando así mismo la topografía musical que dominaría el panorama por muchos años y que aún se observan hoy en día (Véase Ying Yang Twins y Pitbull – Shake y Latino Party – Esta Loca).

De todas esas canciones – y créanme hay muchísimas para dedicarle su propio espacio alguna vez aquí en Puerto Rico Indie – sobresalta El Amore de Gino Latino o Raimunda Navarro o de quién sea. El punto es que este tema fue grabado y recopiado en cassettes en casa hasta mas no poder. Repetidamente escuchado y bailado en el Walkman y en el tape deck AIWA que si no me equivoco puede que aún existan en algún lugar recóndito del closet en casa de los Viejos. Por este tema y aquellos de Wilkins, Pimpinella, Chayanne, Menudo, Isabel Pantoja, Lissette, Ednita, Ricky Martin, Jerry Rivera, Vico, Ruben, Locomia, H2O, etc. le brindo al Walkman y los cassettes desenrollaos.

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Vico C – Viernes 13 (Parte 2)

Orlando de @cassettegrabao (Escritor, Cassette Grabao)

Orlando se atreve a decir:

Mi papá siempre quiso que yo fuera músico. Aunque nunca me lo dijo con palabras, los regalos que me ha hecho a través de los años delatan su sueño frustrado. Una guitarra acústica en mi graduación de Kinder; una alcancía en forma de rocola a los 7 años; un teclado de RadioShack a los 19… En fin, fueron muchos sus intentos y más sus decepciones al percatarse de mis severas deficiencias de coordinación motora.

El asunto es que papi, incansable en su afán de tener un mini Sandro de América correteando por la casa, una tarde llegó con un peculiar regalo. Al sol de hoy no se porque – quizás pensó que me sería más fácil comenzar con la música joven y descarada que el no entendía – pero me trajo un cassette de Vico C. Yo no podía tener más de 5 años, apenas leía, mi hermano mayor escuchaba Depeche Mode, Pet Shop Boys y New Order, y mis hermanas eran medio cocolas, medio baladistas, pero nada “rappers”. De más está decir entonces que no tenía la más mínima idea de quien era el tal Vico Ce, ataviado elegantemente en la portada junto a otro hombre (hoy se que era DJ Negro) sobre un fondo amarillento.

Papi me entregó el cassette, pero eso no era todo. En la otra mano, en un bolso de Kmart, tenía la otra pieza del rompecabeza: un fuckin walkman (que no era Sony) para que Javi (Orlando Javier) escuchara su música juvenil.

Durante los siguientes días consumí a Vico como el a la metadona y a sus melodías cadenciosas y tendenciosas como si fueran capítulos back2back de los Muppet Babies. El filósofo del rap se había convertido en mi pequeño dios personal, y su voz, sus palabras perfectamente chanteadas sobre los ritmos hoy primitivos, entonces innovadores de DJ Negro, penetraban mis virginales oídos con toda clase de historias que yo ni entendía ni pretendía entender; que si Tony Presidio, que si mundo artificial… Era mi cassette, en mi walkman, Vico me cantaba a mí y eso era todo lo que importaba.

Aquellos días, sin embargo, fueron tan gloriosos como fugaces. Empecé a tener pesadillas, me perseguían ominosas figuras en mis sueños y siempre terminaba llorando, metiéndome a la cama con papi y mami. Ellos, padres responsables al fin, buscaron y buscaron la causa de mis pesares hasta dar con una que les satisfizo. “El nene está soñando con Jason, cielo, y es por culpa del cassette ese que le diste. Eso no es para niños, hay que devolverlo”. No se habló más. Al día siguiente papi llegó con un cassette del grupo de merengue Chantelle (de donde salió Olga Tañón) y se lo dio a mami; a mami que ni escuchaba merengue, a mami que no tenía ni un walkman!

Mis pesadillas cedieron, pero nada tuvo que ver con aquello. Aparte del órgano de iglesia al principio, la canción no tenía nada de aterradora, y la verdad es que yo no tenía idea de quien carajo era el tal Jason. Pensaba que se trataba de mi vecino del mismo nombre, y ese bobo criao no me daba nada de miedo. Años después supe del lago Crystal, de aquella maldita máscara agujereada y del daño que le infligieron a aquel niño desfigurado. Supe de Jason y tuve pesadillas, pero para ese entonces ya no me pasaba al cuarto de mis papás ni dejaba que me vieran llorando.

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The Doors – Light My Fire

@PurpleMixTape (Escritora, PuertoRicoIndie.com)

Un día, en el año 2000 y en plena adolescencia, paseaba por las estaciones de radio de la banda FM. De repente, escucho una música instrumental fuera de este mundo. Nunca había escuchado algo así antes. Creo que no llegué a los 15 segundos de estar escuchando para decidir oprimir simultáneamente los botones de record y play. Como de costumbre y agraciadamente, tenía listo mi cassette para grabar. Era una cinta Sony de 120 minutos de duración que me había dado mi papá y que parecía ser de los años 80’s. Él acostumbraba darme las cintas que una vez fueron sus mix tapes para yo reutilizarlos y así sustentar mi vicio musical.

El sonido era verdaderamente sicodélico, protagonizado un órgano ceremonioso y acompañado por el sonido incitante de la guitarra eléctrica, el cual te hace querer tocar la canción. La batería no se queda atrás al provocar que se marque el ritmo con el pie. Luego de una extensa descarga musical, se asoma un contraste hecho voz masculina: una voz dulce pero huracanada a la vez.

La canción terminó y no había un locutor que dijera el título ni el intérprete. Tampoco contaba con la Internet para averiguarlo. A pesar de todo, me enamoré de ese fragmento de la canción. Le daba rewind a la cinta en repetidas ocasiones para escucharla de nuevo. Más tarde, no recuerdo cómo, me enteré de dónde provenía esa canción, la cual me abrió las puertas al resto del repertorio de The Doors.

Esta fue la primera canción que me capturó de una manera distinta a la forma en que otras canciones me habían atrapado. Aquí, la instrumentación fue clave en la posesión de mis sentidos, iniciando así una nueva etapa en mi mundo musical. Aunque tengo el disco con la canción completa, quisiera tener todavía ese cassette para revivir aquel momento tal y como sucedió.

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Varios Artistas – The Noise 8

Juanluís de @cassettegrabao (Escritor, Cassette Grabao)

Juanluís se atreve a decir:

Si parto de la premisa de que walkman es sinónimo a reproductor de cassette portátil marca Sony, tengo que aceptar que nunca tuve uno. Mami siempre me compraba uno que vendían en Walgreens marca Coby. Yo lo odiaba porque era bien grande, bien feo, gastaba mucha batería y no se parecía en nada al que tenía mi primo. Un verdadero walkman, marca Sony, radio AM/ FM, botón para incrementar el bajo y de color amarillo. Al menos en la escuela no me tripiaban, todos teníamos el mismo “coby,” menos una nena que tenía uno marca RCA y otro nene de noveno que tenía el mismo walkman amarillo que tenía mi primo.

Quizás la falta de walkman Sony en la escuela era síndrome de estudiar en una escuela pública en Bayamón en los 90’s. No sé. La cosa es que yo estaba en séptimo grado y siempre andaba con el walkman coby pa’ arriba y pa’ bajo. Iba a la iglesia con él, iba pa’ casa de abuela con él, iba al dentista con él y hasta lo usaba en la clase de matemática, a la misi no le importaba, o eso creo, pues nunca me dijo na’. En esa misma clase, pa’ la fecha de San Valentín, la misi quiso hacer un intercambio de regalos entre los estudiantes. Yo estaba bien pompiao pues nunca había participado en uno.

El límite del regalo eran diez pesos y tu podías escribir en una lista lo que querías que te regalaran. Yo necesitaba un cassette nuevo, ya estaba cansao de escuchar los mismos cassettes que me grababa mis primos. Todos eran de rap en ingles, que si Cypress Hill, que si Tu-Pac Shakur, que si Wu Tang Clan, a mi no me gustaban en ese momento y creo que a mis amigos tampoco. Por eso nunca dejé que ellos escucharan mis cassettes grabaos y por eso escribí en la lista: The Noise 8. Un cassette que definitivamente me pondría en la vanguardia de la música urbana allá para el 98.

Le tengo un cariño especial a The Noise 8. Fue el primer cassette que tuve. Pude haber inventado una historia donde yo con 13 años escuchaba el cassette grabao del Nevermind de Nirvana, el Ten de Pearl Jam, el Violator de Depeche Mode o algún otro disco cool de la época. ¿Pero quien me iba a creer? Yo soy como un tren, choco choco pu pu.

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Digable Planets – Rebirth of Slick (Cool Like Dat)

@redod (Editor, PuertoRicoIndie.com)

Recuerdo cuando a mi hermano mayor le regalaron el “boom box” Sony amarillo pollito para su cumpleaños número once. Vino acompañado de algunos tapes, entre ellos algo de Information Society y de Bon Jovi, y de muchos celos de mi parte. Aquel poderoso artefacto era más que un tocacintas – representaba el comienzo de un proceso de búsqueda y definición personal: ¿Qué música me gusta A MÍ? ¿Qué quiero escuchar YO? Los audífonos garantizaban que esas decisiones quedaran entre los oídos y uno, de así desearlo. Mitad templo, mitad caja fuerte.

No recuerdo cuándo fue que me tocó recibir mi propio talismán musical (un Walkman Sony del codiciado amarillo pollito), pero ya para sexto grado andaba con mi estuche de cassettes a todas partes. Una especie de maletín miniatura de cuero marrón simulado en su exterior y espacio para unos dieciséis cassettes adentro – el doble si te ponías creativo – el estuche dejaba saber a simple vista que “I meant business.”

And I did. En mi familia se nos enseñó a todos (somos tres hermanos) desde temprano a consumir y coleccionar música – quizás por osmosis más que nada dada la enorme biblioteca musical de mi padre. Lo que significó por mucho tiempo visitas frecuentes a Spec’s en Plaza Las Américas y a distintas ‘Casas de los Tapes.’ En una de éstas fue que descubrí los ‘cassette singles': por uno o dos dólares te llevabas el corte de promoción de tu artista y un ‘b-side’ (mi primera exposición al término). ¿Vieron que iTunes no inventó esa rueda?

Los cassette singles representaban la forma más económica de explorar nuevos artistas y sonidos con mi Walkman (nunca hemos podido depender realmente en la radio para eso, aunque – ¡Dioj bendiga a Casey Kasem!). En una de esas redadas exploratorias acabé con “Rebirth of Slick” de los Digable Planets, quienes seguramente habría visto en MTV. Una de mis favoritas dentro de la “época de cassettes,” la canción es un híbrido de jazz/hip-hop divertido y ameno que me hacía sentir cool, Walkman amarillo pollito en una mano y maletín ‘faux leather’ marrón en la otra.

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.