La Mesa Redonda 09: De dulces, demonios y demencia

Comparte:

Foto original: stevechasmar via flickr.com

Cada dos semanas el equipo editorial de PuertoRicoIndie.com haremos un esfuerzo por ‘reunirnos’ (gracias a la magia de la Internet) para discutir un tema en particular a través del cual puedan compartir sus experiencias, preferencias y sugerencias musicales o fílmicas con nuestros lectores – y que ustedes, en cambio, compartan las suyas a través de la sección de comentarios.  Además de ser un buen ejercicio de escritura para todos, este compartir posiblemente nos sirva para descubrir proyectos y obtener nuevas perspectivas sobre artistas y sus trabajos que quizás no hayamos considerado anteriormente.

En la pasada edición de La Mesa Redonda contemplamos las películas más apropiadas para ‘Una noche macabra’. Sin desviarnos demasiado del tema, pasamos a explorar algunas de las canciones más apropiadas para el mes de Halloween – llenas de De dulces, demonios y demencia. A continuación, el mejor soundtrack para cuando te estés disfrazando antes de asustar a los vecinitos que toquen a la puerta. Yo voy a hacerme un saco de carne para vestirme como Lady Gaga.

Sympathy For The Devil – The Rolling Stones

@sorprendeme aka Evaristo Salgado (Editor, Sorprendeme y futuro Alcalde de Lajas)

¡Wepa! Puede que a muchos les suene clichosa esta canción que seleccioné para esta Mesa Redonda, pero es una de mis canciones favoritas de uno de mis grupos favoritos valga la redundancia. Soy ateo y medio escéptico así que no creo ni en Dios ni en el Diablo, pero esa mitología fantástica siempre me ha fascinado (como muchas otras).

Sympathy for the Devil fue escrita por Mick Jager y Keith Richards en el 1968 para el album Beggars Banquet de los Rolling Stones. Obviamente fue un tema muy controversial dado a su alusión a la figura del diablo aunque nunca su nombre es mencionado en la canción. Ésta nos lleva a momentos desde cuando Jesucristo tuvo dudas en cuanto a su Fé, el fusilamiento de los Romanov, el asesinato de los hermanos Kennedy y otros hechos violentos de la historia humana, dejándonos saber como “Él” fue el que indujo a que estos sucedieran. Lo mas cabrón es como lo hace con tal elegancia que a uno le incita a ser fanático del diablo, así que su título le cae como anillo al dedo. Siempre me pregunte por que esta canción no fue el tema final para la pelicula The Devil’s Advocate, en vez de Paint It Black (que al igual es tremenda canción) aunque quizás hubiese sido muy obvia.

Además de escoger Sympathy For The Devil para esta época “De dulces, demonios y demencia” también la aplico un poco en mi diario vivir como personaje del Internet, pues pienso que tengo muchas similitudes con el personaje de la canción: siempre aparezco donde menos se lo imaginan, así mismo desaparezco, hago escantes y te vi pero tu no me viste… jejejeje.

.
.

Country Death Song – Violent Femmes

@reed_rothchild (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Dentro de todo lo macabro que uno se puede imaginar para cualquier relato de horror, la enfermedad mental – la perdida de control sobre las propias acciones – suele ser un tema particularmente espantoso. Más aún si ese enloquecimiento se torna violento y le sucede a un miembro de tu propia familia.

El título de la canción habla por si solo. Las primeras notas tétricas del bajo sirven de presagio funesto a la historia que Gordon Gano, cantante y guitarrista de los Violent Femmes, nos cuenta. “Nothing to eat and nothing to drink / nothing for a man to do but sit around and think”. Se trata de un hombre carente de recursos para sustentar a su familia que ha perdido toda noción de sanidad y ahora está poco a poco descendiendo hacia la demencia. Cuando Gano canta con su voz peculiar (irritante algunos dirían) “It was at that time I swear I lost my mind / Started making plans to kill my own kind” nos damos cuenta que su situación va de mal en peor. Entonces comienza el banjo distintivo que le da un toque memorable a la canción.

El padre acaba ahorcandose en la granja, no sin antes empujar a su hija más joven hacia dentro de un pozo oscuro (“she was screaming as she fell / but I never heard her hit”). Con una letra así, no es difícil entender porque la escogí para esta mesa redonda. Y por alguna razón siempre me he imaginado esta canción tocando de fondo durante los créditos de apertura de alguna película de terror, algo así como Frailty. ¿Qué creen?

.
.

Feiticeira – Deftones

@redod (Editor, PuertoRicoIndie.com)

Despiertas atado. Aún estás borracho. Te duelen la quijada y los dientes. La pelota de goma en tu boca te mantiene sin hacer mucho ruido dentro del baúl del vehículo en movimiento. De todas formas ya no se escuchan las sirenas de la policía – no hay a quien llamar. Se abre el baúl. Resulta que estabas compartiendo el espacio con una cámara, la que ahora ella (¿Feiticeira?) usa para tomarse fotografías junto a ti. Pides que te desaten las manos. “Pronto te dejo ir,” repite una voz áspera mientras esperas que cumpla su promesa… hasta que termina todo.

Así describen los Deftones la desesperante situación del protagonista de Feiticeira, canción que abre el clásico White Pony (2000). Propulsada por guitarras que evocan a las sierras eléctricas del cine macabro de Sam Raimi, la canción podría estar describiendo los sucesos de un ‘slasher film’ (y la posible producción de una película ‘snuff”). De ser así, el libreto se destaca por una desviación clave: una mujer toma el rol de opresor, siendo responsable por el destino del protagonista.

La violencia y el sexo se confunden en imágenes que pocos clasificarían como ‘dulces’ – imágenes que la banda logra trasladar expertamente al plano musical. Los Deftones aumentan la tensión dentro de su narrativa alternando estallidos de guitarra precisos y mecánicos con momentos en donde el ritmo pausa (para respirar) y los teclados nos recuerdan que estamos presenciando un encuentro frío y siniestro. Todo esto como un preámbulo a la orgía de dominación y poder con la que concluye la canción: “Soon I’ll let you go, soon I’ll let you go!”

Y no olvidemos el elemento sobrenatural: Feiticeira significa bruja en portugués.

.
.

Day-O (The Banana Boat Song) – Harry Bellafonte

Sheyla Rivera Ríos (Directora Editorial, .Crudo)

Cuando se habla de demonios y dulces, hay que recordar la canción Day-O de Harry Belafonte. Todo es culpa de la película Beetlejuice (1988) y la escena cuando la familia de Lydia es poseída por la pareja fantasmas (los Maitland) durante una cena en la cual su madre Delia comienza a entonar la canción mientras los demás bailan poseídos. La posesión se convierte en entretenimiento y placer para los invitados y en desilusión para unos fantasmas que intencionaban asustarlos. Supone una crítica a la psiquis de la sociedad Americana consumista. We seek the thrills.

Harry Belafonte fue un activista, músico y actor nuyorquino de origen jamaiquino, dedicado a la lucha por los derechos civiles en la década de los 50s. La canción “Day-O”, conocida también como “The Banana Boat Song”, habla de la jornada nocturna de los trabajadores jamaiquinos dedicados a exportar guineos/bananas. Esta canción fue el hit de Belafonte, en su álbum Calypso (1956). A pesar de que fue vendida comercialmente bajo el género del calypso, “The Banana Boat Song” en realidad pertenece al género jamaiquino del “mento”, música folclórica de Jamaica que usualmente se confunde con el calypso, el cual proviene de Trinidad y Tobago. La canción fue originalmente compuesta por trabajadores jamaiquinos y ha sido adaptada por diversos músicos. Al considerar el origen de la canción y el activismo de Belafonte a favor de África al momento de la producción de Beetlejuice (en la década de los 80s estuvo muy activo), se hace natural inquirir sobre la relación entre la canción y la película. Quizás haya sido solo por añadir otro elemento jocoso y no haya algún significado atado a dicha decisión, pero aún así no es posible resistir preguntar por qué escogieron dicha canción para la película junto a “Jump in the Line”, otro tema de Belafonte.

Hay que notar que la canción proviene de Jamaica y dicho país se ha asociado con el vudú y las leyendas de “zombies” (igual que se ha hecho con Haití). La canción tiene un coro de voces que representa a los trabajadores en plena unión musical durante la jornada y le sube el creep factor a la canción. La “jornada nocturna” de la cual se habla puede aludir un poco a los gravediggers del vudú o a los mismos espíritus y fantasmas a quienes les rendimos culto en Halloween. El personaje del “tallyman”, el encargado de pagar a los jornaleros por las libras de bananas, alude un poco al personaje mítico de la muerte; el jornalero debe someter su trabajo al juicio del “tallyman” al final de la jornada.

“Come Mister Tallyman, tally me banana”
“Daylight come and we wanna go home”

El vudú en Jamaica es conocido como “obeahism” y el/la sacerdote/iza es quien se encarga de recoger espíritus para hacer “un trabajo”. Quizás Danny Elfman, compositor del soundtrack de Beetlejuice, vió al tallyman como algún tipo de doctor brujo. De hecho, en la película de Beetlejuice aparece un doctor brujo, quien al final le otorga a Beetlejuice su merecido castigo al encogerle la cabeza. De cualquier forma, hablamos de guineos y zombies. También es posible hacer una lectura de crítica social dirigida hacia la imagen de otredad con la cual el mundo Americano, blanco y suburbano, ha percibido a los negros pobres: fantasmas sociales, ignorados y temidos. Aquí entraría la figura de Harry Belafonte como activista y defensor de asuntos de la raza y posiblemente el uso de la canción haya sido influenciado por alguna identificación con su causa y desear promover el nombre de Belafonte.

Quizás todas estas lecturas no fueron intencionadas y la verdadera razón fue que a Danny Elfman le encantó la música de Belafonte. Al considerar que al álbum de Belafonte se le atribuye la introducción del “calypso” al mainstream de la audiencia Americana, es posible que Elfman solo haya intencionado añadirle un toque más de diversión y de exotismo a la visión de Tim Burton de intervenir un aburrido setting suburbano Americano con todo un mundo de monstruos y música tropical.

.
.

Danse macabre, Op. 40 – Camille Saint-Saëns

@PurpleMixTape (Escritora, PuertoRicoIndie.com)

La “Danza macabra” es una alegoría (de origen medieval) de la universalidad de la muerte. Consiste en que la “Muerte” se aparece cada año en la medianoche de Halloween y convoca a todos los difuntos, sin importar su contexto social, para que bailen junto a las tumbas. Esta historia surgió en los sermones ilustrados para recordarle a las personas la fragilidad de sus vidas y el vacío de sus propias glorias en la Tierra.

De esa mitología fantasmagórica nace la composición “Danse macabre”, estrenada en 1872. Confieso que tuve otras opciones halloweenescas (“No es serio este cementerio”, de Mecano y “Witch Hunt”, de Rush) y hasta me impuse el NO seleccionar a “Thriller”, de Michael Jackson, por ser una opción obvia y ya conocida por todos. “Danse macabre” le comió los dulces de Halloween a todas porque siempre ha capturado mi imaginación al ser completamente instrumental y con sonidos hermosamente, pues, macabros.

Según nos narra Saint-Saëns, es la propia Muerte la que musicaliza este junte mortuorio (¡Se te adelantaron, MJ!) al tocar su violín, el cual es el protagonista musical de la pieza. Todos los esqueletos bailan hasta el amanecer y luego regresan a sus tumbas hasta que se repite la fecha. Este final me causa algo de tristeza, ya que durante la pieza, uno logra conectarse en cierto modo con los personajes de la historia al ellos aferrarse a una vida que ya no tienen. Curiosamente, antes de yo conocer el transfondo de la melodía, por el ritmo rápido y constante siempre visualicé a una pareja medio zombie bailándola en un antiguo salón.

En la composición, se escuchan, además del violín y otros, un arpa al principio y un xilófono en el transcurso de la pieza. Este último representa el sonido de los huesos de los difuntos. Pero aquí ningún músico se queda con las ganas: todos los instrumentos de la orquesta aportan significativamente a crear un ambiente espeluznante de forma clásica y elegante. Una de las mejores composiciones de Saint-Saëns.

Bono: ¿Quieren más? Aquí les dejo una animación de PBS realizada en 1980, en la cual se representa literalmente la pieza. Es bien sencilla, pero eso mismo la hace interesante.

.
.

Psycho Killer – Talking Heads

@pulgui (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Con el insistente crescendo rítmico de la guitarra y el bajo martillando de fondo (marcando con un control desesperante que fatídicamente esperamos que explote en cualquier instante), David Byrne y los Talking Heads echan un vistazo a la mente de un asesino en serie… el conflicto constante que ocurre (o creemos que ocurre) en la mente de un Psycho Killer.

La letra continúa expresando la lucha de nuestro protagonista (¿será el mismo Byrne?) quién nos demuestra su destreza con el idioma francés para consentir y buscar nuestra aprobación (o quizás la suya misma). Nuestro asesino es un hombre culto que no se detiene, no puede dormir ya que su cama se quema y es – como nos explica – un ‘live wire’ listo para electrocutarnos en cualquier instante. La segunda estrofa nos mantiene internados en la mente del asesino pero ahora de una perspectiva diferente. Cambia a la segunda persona, se interesa por críticarse a sí mismo de manera imparcial y por fin nos demuestra la dualidad de este enfrentamiento interno.

A través de la trayectoria narrativa del corte, llegamos a la tensa batalla infernal que vive nuestro asesino y su llamado a que corramos (o que escape él mismo) – fa fa fa fa fa better run run run run away – evocando a Otis Redding y su Fa-Fa-Fa-Fa-Fa (Sad Song) – y finalmente desembocando en el Oh oh oh oh oh oh oh que me para los pelos cada vez que lo escucho.

David Byrne es un genio… macabro… I hate people when they’re not polite.

.
.

Every Breath You Take – The Police

@Sire_Damiano (Escritor, PuertoRicoIndie.com)

Entra con el “snare” de la batería de momento y la presencia de ese hombre – conocido artísticamente como Sting y el líder de The Police – brindándonos la melodía con su contrabajo mientras entona dúlcemente: “Every breath you take…”. Desde que escuché por primera vez esta canción pensé que era algo romántico lo que Sting nos quería decir, pero habiéndome adentrado poco a poco en la letra me fui dando cuenta de que no era así. ¡Qué ingenuidad la mía cuando era todo un puberto! Every Breath You Take en realidad trata de un hombre que está persiguiendo a una mujer.

La obsesión del protagonista es tanta que su vida está dedicada a presenciar TODO lo que hace su ‘presa.’ Su psicosis llega a tal punto que exclama con angustia: “Oh can’t you see you belong to me? / How my poor heart aches with every step you take.” En una de las miles de entrevistas que ha concedido, Sting llegó a confesar que esta canción está basada en el colapso de su matrimonio con Frances Tomelty y cómo ella llegó a perseguirlo varias veces.

En mi opinión, este tipo de obsesión es una de las cosas más enfermizas a las que puede llegar el ser humano. Lo que este hombre estaba proponiendo no era algo macabro de por sí – no se trata de un plan para deshacerse de ella, sino una simple promesa: “Every night you stay, I’ll be watching you.” ¿Promesa o amenaza? Sólo imaginar la posibilidad de que cada vez que estés caminando a algún lugar, sientas que algo o alguien te acecha no suena nada divertido. Ni hablar de la posibilidad de que la persona quisiera hacerte daño – el ser humano es tan impredecible que cruzar esa línea de la obsesión al peligro real puede ser suficientemente fácil para algunos. La próxima vez que compartas con alguien, ten cuidado con quién te metes…

Un día como el 31 de octubre donde no se sabe quién es quién, lo menos que quisiera tener es la sospecha de que alguien me persigue por todos lados.

.
.

Otros artículos relevantes:

Empresario, escritor, productor y diseñador radicado en San Juan, Puerto Rico. Fundador y Editor-en-jefe de Puerto Rico Indie. Si tuviese que vivir por el resto de su vida escuchando solamente cinco discos, en estos momentos seleccionaría: "Fabulosos Calavera" de Los Fabulosos Cadillacs, "Girlfriend" de Matthew Sweet, "Marquee Moon" de Television, "Lateralus" de Tool y "Staring At The Sea" de The Cure.