Mad Men Season 04, Ep 13: Tomorrowland

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@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960’s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 13: Tomorrowland

“Don Draper is the new Roger Sterling,” es lo más que he leído desde que salió al aire el capítulo final de esta temporada de Mad Men. Por adelantado les digo que el que piense así, está leyendo meramente la superficie de lo que aconteció. Más adelante abundo acerca de esto.

Este episodio comenzó como cualquier otro: una reunión con los directores de la American Cancer Society, pequeñas gotitas del saber por parte de Don, una reunión post-reunión en la cual Pete tuvo la oportunidad de demostrar que sigue siendo un patán, etc. Pero de esta reunión podemos sacar (con pinzas) un momento, un pequeño comentario, que fácilmente pudo haber determinado lo que ocurrió en el resto del episodio. Ken se niega a procurar una reunión “accidental” con uno de los ejecutivos de la ACS usando a su futuro suegro de ‘pala’. Para él, el trabajo debe quedarse en el trabajo, y su vida personal es completamente aparte (he aquí lo que provocó las comparaciones con Pete). Ken es muy enfático al decir: “Cynthia is my life. My actual life.” A diferencia de los tres hombres que lo rodean, Ken ha logrado mantener un balance apropiado entre su trabajo y su vida personal, y no está dispuesto a sacrificar lo personal por adelantar lo laboral. Don lo mira de reojo, un momento fugaz, pero luego habremos de ver que, entre este momento y el del funeral del Sr. Montgomery, Don ha captado bien el mensaje.

A unas cuantas millas de distancia, los arrebatos coléricos de Betty están sirviendo de efecto mariposa. Están en plena mudanza, Betty ha salido brevemente de la casa, y Carla permite (a regañadientes) que Glen suba a despedirse de Sally. Es una despedida breve y dulce, y espero que no sea la última vez que veamos a Glen (mencionó algo de que “en unos pocos años” va a poder manejar, y yo me pregunto si es que el chamaco piensa ponerse detrás del volante a los catorce – si es así, wild times await Sally Draper!) De salida, Glen se cruza con Betty y es un enfrentamiento extremadamente tenso, pero Glen se las canta más claras que nadie: “Just ’cause you’re sad doesn’t mean everybody has to be.” Claro, luego se marcha y deja detrás a una Betty que no sabe qué hacer con su rabia, así que se las descarga con Carla. El intercambio es ácido, y les confieso que estaba esperando que Carla le dijera a Betty algo por el estilo de “Bitch, I’ll cut you!”. Tal como transcurrió, en cuestión de 5 minutos Betty se ha quedado sin nana para los niños … y Don Draper también. Explico: Don tiene planes de llevar a sus hijos a California, y obviamente va a necesitar ayuda de una mujer (¡porque Dios le libre cambiar un pañal!). Sin Carla a su disposición, Don está a la deriva y en un serio riesgo de tener contacto real con sus hijos. Luego de escuchar las complicadísimas ofertas de cuido infantil disponibles en el hotel donde se van a quedar, Don opta por invitar a Megan. Ya hemos visto que tuvo una química instantánea con Sally, y Don aparentemente también estaba observando.

Lo que sucede en California sólo necesitaba un soundtrack para que terminara siendo un musical (de hecho, si observan bien, los sucesos son como una sinopsis de The Sound of Music). Megan es fabulosa con los niños y de un temple contagiosamente sereno. Si juntamos esos rasgos – tan ideales en una nana, como en una madre, como en una madrastra – con su fantástico atractivo físico, no es de extrañarse que Don quedara embelesado. El momento clave estuvo cuando Don está llegando a la mesa en el diner y se detiene a lo lejos para observar la estampa: Megan y sus hijos tranquilamente sentados, todos con sonrisas en sus rostros, esperándolo. La cara de Don en ese momento sólo se puede describir con una cita de Liz Lemon (30 Rock): “I want to go to there.” Y unos instantes más adelante, la placidez se rompe con una pequeña escaramuza entre Sally y Bobby que termina en un río de batida de fresa. Todo el mundo entra en tensión automática: Don se va en un viaje de estrés y los niños se encogen, previendo lo peor. Aquí es que Megan se gana el corazón de todo el mundo, pone las cosas en perspectiva y procede a limpiar el embarre con la caja de servilletas que tiene enfrente. Temple sereno. Y la cara de confusión de Don ante esta respuesta tan inusitada es inigualable (me imagino su línea de pensamiento: “A reasonable woman? WTF?”).

No es de sorprenderse entonces que, de esta estampa tan cómica y tierna a la vez, nos traigan de vuelta a Nueva York y Don Draper le proponga matrimonio a Megan en lo que parece ser un instante impulsivo. Ésta es la decisión que todo el mundo ha criticado. Más adelante nos ofrecen la perspectiva de Joan y Peggy acerca de la situación en un momento también sumamente tierno, ya que nos colocan a estas dos mujeres, hasta ahora en una dinámica antagónica, a ponerse completamente de acuerdo. Es un entendimiento tácito, pero igualmente fuerte y conmovedor (y uno de mis momentos favoritos de todo el episodio). Lo que pasa con este momento es que todo el mundo lo ha tomado por su valor nominal: Joan coloca a Don dentro de la misma sarta de infelices junto a Roger y Lane, Peggy la secunda; y es que estas dos fabulosas mujeres temen por su seguridad laboral antes que todo. Joan y Peggy viven para su trabajo, y esto es lo que garantiza que eventualmente sean ellas quienes se queden al poder de la empresa. Hay una inversión de roles: Joan y Peggy ponen su seguridad laboral por delante; Don Draper, en cambio, al fin ha comenzado a poner su vida personal primero.

¿Cómo no se parece Don a Roger? Los hechos todos apuntan a que va por el mismo camino: se casa con su secretaria (que es mucho más joven y muy atractiva), y todo el mundo sabe – o piensa que sabe – que está pasando por una crisis de mediana edad. Sus cuitas con el alcohol y las mujeres no ayudan a desvanecer esta visión. A todas luces, Don va encaminado a ocupar el blanco trono de Roger. Excepto que Don hizo algo que Roger no hizo: él no vio a Megan como una oportunidad excitante para rejuvenecerse y sentirse más vivo. Él ve en Megan la oportunidad de finalmente sentirse en paz con su vida y con su identidad. Ecos de esto los vemos en el momento en que le confiesa a sus hijos que su apodo (a veces) es Dick. Comienza a verse una apertura, finalmente un florecimiento de Dick Whitman desde el centro de Don Draper. Don ve en Megan no sólo esta oportunidad para sí mismo, sino para sus hijos también. Bastantes histerias tienen con su madre, y Megan a lo mejor sea el bálsamo que necesitan, el contrapeso para evitar que ellos terminen tirándose por la ventana de un piso 50 en Madison Avenue. Roger obró por bellaquera, Don obró por amor a sí mismo y a su familia.

A mí el escepticismo se me esfumó cuando vi el gesto de Don al proponérsele a Megan: ¿en qué otro momento hemos visto a Don tan radiante? Don será un casanova, pero no es el tipo de hombre que reparte las palabras “amor” y “matrimonio” a diestra y siniestra. Creo que el gesto es sincero y viene de su corazón. El éxito o fracaso del plan, sin embargo, es algo que habrá de evaluarse según lo que veamos en la próxima temporada. Matthew Weiner nos proveyó, sin embargo, unas palabras de precaución de la boca de la propia Faye (quien hizo una labor excelente de tomar las noticias de su ruptura de pie. ¡Toda una campeona!): “I hope she knows you only like the beginnings of things.” Y aunque puede tener un punto, también debemos recordar todos los años que Don estuvo casado con Betty, y aunque no fuera fiel, tampoco lo vimos en plan de abandonarla. Al final, fue Betty quien tomó la decisión de abandonar a Don – y bastante que le rompió el corazón en el proceso. Don puede ser un desgraciado, pero también puede demostrar una lealtad que no se define mediante territorialismos convencionales.

También debemos tener en cuenta que las voces de disensión acerca de este matrimonio (Joan, Peggy, Faye) provienen de personas muy cercanas a Don. Sus palabras son ecos y reflejos de sus propias relaciones con Don y con los demás hombres en su vida. No digo que no tengan razón, pero advierto que sus puntos de vista están mucho más cargados que simplemente con el tema de “Don”.

Detalles que se quedan al tintero: desearía haber apostado mucho dinero a favor de que Joan se quedara con el bebé. Tendría par de billetes más en mi bolsillo. Sería interesante ver la cara de Roger cuando se entere de que Joan sí se ocupó del asunto … a su manera. Espero que no se salten ese momento.

Betty, quien hace algunos capítulos consoló su propia tristeza con el mantra “We have everything”, se encuentra en el momento más bajo de su trayecto. Parece haberse percatado de que no todos los nuevos comienzos son color de rosa, Henry no le va a reír las gracias (el despido de Carla fue la gota que colmó la copa de su paciencia), y aparentemente todavía tiene algún resquicio de sentimientos por Don. Su ilusión de un hogar perfecto se ha resquebrajado por completo. Creo que es la oportunidad perfecta para que Betty comience a crecer como personaje.

Peggy, por su parte, sí se está convirtiendo en el próximo Don Draper: la vemos con un gran ímpetu y en su mejor momento – hasta ahora – a nivel de creatividad y ambición. Logró adquirir la primera cuenta nueva desde el fiasco de Lucky Strike y está rompiendo todos los moldes tradicionales. Espero que algún día aquello deje de llamarse Sterling Cooper Draper Pryce (total, ¡Bert parece que se fue sí!), y pase a llamarse Sterling Olsen Draper Pryce … no, mejor tacha Sterling … Draper Olsen Pryce? Draper Olsen Harris Pryce…? okay, en todo caso, es un ejercicio fantasioso, pero ¡quién sabe!

Estos próximos meses de espera serán tan largos…