Mad Men Season 04 Ep 12: Blowing Smoke

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@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960’s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 12: Blowing Smoke

La gerencia de SCDP apesta a desesperación, se les puede oler a millas de distancia, es lo primero que vemos al entrar en este episodio: Don finalmente tiene la reunión (que Faye facilitó) con el ejecutivo de Heinz. Todo parece ir bien, Don está haciendo una labor excelente de escuchar y ser perceptivo a lo que el cliente está buscando… hasta que el cliente le dice que la decisión de mudarse de agencia de publicidad no se tomará ahora sino en 6 meses. Seis meses es el número mágico para todas estas personas interesadas en Sterling Cooper Draper Pryce. Si continúan funcionando al cabo de seis meses: luz verde. El detalle es que nadie está interesado en ser la salvación de SCDP. Como va la cosa, la empresa no durará seis semanas.

Don Atherton (patrono de Faye y consultor externo de SCDP) les presenta una oportunidad: Philip-Morris está por lanzar una línea de cigarrillos para damas y quieren trabajarla con una compañía totalmente distinta a la que ya tienen para sus marcas principales. SCDP parece ser el candidato perfecto para este trabajo. Un rayo de esperanza se posa en las cabezas de Lane, Roger, Don, Bert y Pete … y se apaga tan pronto Atherton entra por la puerta el día de la reunión y les notifica que … seis meses. En otras palabras: todos los posibles clientes que podría tener SCDP los ven como un pescado boqueando en la orilla, y nadie quiere detenerse a ayudarlo a volver al agua.

El rechazo general del público y los clientes tiene sus repercusiones en los ánimos del personal de SCDP. Ken está preocupado porque su boda se supone que sea en un mes, Pete está empezando una nueva familia, todos se están imaginando ya un SCDP como lo fue en sus comienzos: un grupo pequeño de personas llevando sus negocios desde un cuartito de hotel.

En el medio del caos contenido, esta montaña de empresa desmoronándose rápidamente, Don se encuentra con Midge. Midge fue la primera amante de turno que le conocimos en la serie: una mujer sumamente talentosa e interesantísima. Una buena pareja para Don … claro, hasta que más adelante la vimos adentrándose en la cultura beatnik / hippie irremediablemente, dejando a Don atrás como un sillón anticuado y molestoso mal parado en el medio de su apartamento. En esta ocasión, su aparición repentina da una mala espina. Ella le pregunta si están buscando personal creativo en la agencia, obviamente buscando su propio ingreso. No tiene idea que SCDP es el último lugar que va a estar buscando gente en este momento. Le hace todas las preguntar pertinentes para el catch-up y el small talk, y luego lo invita a su apartamento. Al principio pensé que se trataba de una seducción descarada por parte de ella, y temí un poco por la relativa estabilidad de Don (tenga una, tenga dos mujeres, señor, no hay problema. ¡Pero no siga añadiendo a la lista!). Pero según vemos cómo se desarrolla la escena en el apartamento de Midge y su esposo, nos damos cuenta que tiene mucho menos que ver con sexualidad y mucho más que ver con dinero. El esposo de Midge trata de venderle a Don una de las pinturas de ella, y ante la respuesta evasiva (“I’ll think about it”), la desesperación que habita en ese pequeño apartamento toma dimensiones similares a la desesperación de SCDP.

Don le da $10 al esposo de Midge para que vaya por algunos ingredientes para la cena, y ella le confiesa que esos $10 (que equivaldrían a una buena compra mediana en nuestros días) van para el brazo de su esposo. Así se destapa la olla de grillos que es la vida de Midge: es adicta a la heroína, anda sin un centavo encima, y fue ella quien buscó a Don (no fue un encuentro fortuito como le hizo pensar). Obviamente, Don estaría en riesgo de convertirse en el cash cow de Midge, excepto que su precaria situación no compite con la de ella solamente por pura semántica. Él termina dándole $120 (versus $300 en cheque, que ella rechazó como si no valieran nada, así de desesperada está), agarra la pintura que minutos antes le enseñara el esposo de ella, y se marcha. Ella se despide diciéndole que afortunadamente él no ha cambiado… tan lejos de la verdad.

El rechazo de Philip Morris es lo que hace que Don detenga su marcha interior y se siente a divagar. Se sienta en su sofá frente al cuadro de Midge por largo tiempo hasta que finalmente algo quiebra. Peggy le había dicho más temprano que, ante la imagen negativa que existe de SCDP, se cambie el tema de conversación (consejo que Don le diera a Edgar Raffit de Madison Square Garden en la temporada pasada). Aparentemente, esto fue lo que quedó resonando con Don, un after-image, al igual que el cuadro de Midge. Inmediatamente procede a escribir y, al final del proceso, vemos el fabuloso resultado: una página entera del periódico publicando su carta al público, en la cual declara que aprovecharía esta oportunidad para dejar de trabajar cuentas de tabaco.

La retórica de la carta de Don es tan contundente como cualquiera de sus excelentes trabajos de publicidad, sin embargo las reacciones son divididas. La mayoría de sus compañeros de trabajo lo quieren matar. Poca gente parece haber entendido la intención de Don con su carta, y creen que ha terminado de eliminar a SCDP del mapa. Aunque todos están iracundos, es curioso notar la diferencia en las reacciones: Roger es el que menos molesto está porque ya no es el blanco de la furia de la junta, Lane (como todo buen inglés) mantiene las pasiones a raya pero le recuerda a Don que muy recientemente mudó a su familia de regreso a NYC (así que ¿eso fue lo que pasó? ¡Qué triste para él!), Pete está furiosísimo (especialmente porque, ante el cuadro fiscal de SCDP, todos los asociados estarán obligados a pagar una buena suma de dinero para poder mantener la compañía a flote en el próximo mes, pequeño detalle del contrato que aparentemente se le escapó de los ojos), y Bert es el que más indignado está. Tanto así que anuncia su renuncia, algo que nunca se nos hubiese ocurrido – ¡JAMÁS! Bert es esencial para  la existencia de SCDP, aunque no sabemos a ciencia cierta por qué.

Entre las personas que sí entendieron lo que Don hizo con la carta: Megan – aunque no sorprende mucho, principalmente porque es obvio que tiene un crush de proporciones épicas con Don, pero también porque la chica no es tontita, – y Peggy, quien le dice a Don “I thought you didn’t go in for these kinds of shenanigans.” Referencia circular. ¡Aplauso, Peggy!

Eventualmente los ánimos se calman un poco en la oficina y se reúnen los asociados para discutir la manera más grácil de hundir el barco. Eliminarán una fracción considerable del personal de SCDP y, para el colmo, las numerosas llamadas que han entrado tras la publicación de la carta de Don han sido de parte de la prensa, civiles y una que otra broma (I’m looking at you, Ted Chaough!). Discuten un poco la posibilidad de donar trabajo a la Sociedad Americana del Cáncer – claro, nadie quiere donar trabajo, aunque Don le ve el potencial de dignificar el nombre de la empresa y, ¡hey! por lo menos alguien los está llamando. Al final de la reunión, Pete se acerca a Lane y le pide una prórroga para poder pagar el dinero que tiene que poner como asociado (algo que ya le provocó una pelea fuerte en su casa con Trudy, terminando en una muestra fantástica de emasculación por parte de ella. Ya sabemos quién tiene los pantalones en la casa). Lane le dice que ya no los tiene que pagar porque Don puso su parte también. What goes around, comes around. ¿Ves, Pete? Hoy por ti, mañana por él, etc etc etc. Él sale del salón de conferencias y cruza miradas con Don. No sé si esto significa el final de sus roces por el momento, pero espero que sí. Hace falta que especialmente ellos dos se mantengan unidos para poder sacar la empresa a flote.

Como tema marginal, tuvimos el agridulce desenlace de la relación entre Don Atherton y SCDP. Esto significa que Faye ya no trabajará más como consultora externa para la compañía, pero también significa que finalmente podrá salir con Don al abierto. Su despedida con Peggy tuvo una carga emotiva un poco inesperada: Peggy la estimaba como un modelo a seguir, una mujer sumamente profesional y admirable. Sigo diciendo que, sin embargo, Faye no me encanta. Su respuesta a Peggy deshaciéndose en alabanzas para ella fue media sonrisita y una respuesta a medio cocinar. Yo creo que Faye está hecha de hielo la mayoría del tiempo (cuando no está en la cama de Don). También pude observar en Faye (o a lo mejor es mi imaginación) pequeños gestos de perra alfa en cuanto a la figura de Megan, el más obvio siendo cuando le dice a Don que le diga a Megan que haga las reservaciones del restaurante a donde irán a comer esa noche. Una manera muy sutil de orinar su territorio. Ahora tocará ver cómo Megan va a reaccionar a ese dato que probablemente no conocía: Don y Faye son oficialmente una pareja.

Dejé como última a mi adorada Sally, que siempre es un placer verla en pantalla. Esta vez, está en mucho mayor control de sus arrebatos de furia. La Dra. Edna (psicóloga pediátrica, versión madurita de Joan Harris, tiene la mejor oficina EVER!) le dice que está muy orgullosa de ella por el progreso que ha podido observar. La niña ha aprendido no solo el auto-control necesario para no caerle a dentelladas a su madre (yo no me aguantaría), sino también a ser una lambona para darle menos excusas a su madre de ser una loca psicótica con ella. Creo que también le ha ayudado la amistad con Glenn: todas las tardes se encuentran en un pastizal a hablar y a compartir sus meriendas, y los temas que se dan entre ellos recorren desde lo pueril hasta lo involuntariamente filosófico (entiéndase: la eterna imagen de la india en la caja de Land O’ Lakes. Apuesto a que Sally Draper terminará estudiando filosofía).

Cuando la Dra. Edna se reúne con Betty para notificarle que Sally ya no necesitará las citas diarias y que ha notado un gran progreso, Betty reacciona como una niña en medio de un tantrum. Ella NO ve la mejoría y, lo que es peor, se niega a relevar a la doctora de sus reuniones con ella. Es evidente que Betty necesita su propio psicoanalista, pero ella se siente a gusto con Edna (¿probablemente alguien le está hablando a su nivel?). Lo que me parece terrible es que, en vez de aprovechar el tiempo que tiene con la doctora para discutir su relación con Sally, lo que hace es hablar de sí misma y de su relación con Henry, etc etc etc. Nuevamente pudimos disfrutar del gesto de la Dra. Edna cuando Betty sale con sus brinquitos de cabra de monte: “This bitch is crazyyyyy!” – su cara lo dice todo.

Betty pronto se encuentra con que Sally está viendo a Glenn a escondidas y le hace todo un show que hace que Glenn quede al otro lado del lote en dos segundos. Esa tarde, tan pronto Henry regresa a la casa, Betty anuncia que ha tomado la decisión de que la familia se mudará – por los ‘elementos indeseables’ en la vecindad. Henry está que no cabe de la dicha, pero Sally queda destrozada. Su único agarre a la sanidad se lo acaban de eliminar. This is Betty’s own undoing and demise. O por lo menos eso espero. Estoy loca por un poco de justicia a nombre de Sally.

Espero que algo de eso nos llegue en el final de esta temporada.