Mad Men Season 04 Ep 11: Chinese Wall

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Foto: www.annastan.com

@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960’s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 11: Chinese Wall

… and the cat is out of the bag!

Aparentemente, las promesas no significan nada para Lee Garner Jr. En el episodio pasado vimos a Roger rogándole que le diera un plazo de 30 días para buscar algunos salvavidas para las finanzas de Sterling Cooper Draper Pryce. En el trato, sellado por un apretón de manos, estababa implícita la discreción que Lee había de tener acerca de la mudanza y consolidación de las cuentas de American Tobacco a B.B.D.O. No pasado el plazo, ya se desató Troya en este más reciente capítulo de Mad Men.

Los primeros minutos son esenciales para absorber la sensación de crisis y urgencia que permea el resto del episodio. Ken Cosgrove está en una cena con la familia de su novia (aplausos por la breve aparición de Ray Wise como Ed Baxter, el futuro suegro de Ken. Los que han visto Reaper, sabrán por qué lo digo). Aparece Flory, uno de los ejecutivos de BBDO, y le ofreces sus condolencias a Ken. Todo un malentendido surge, pero Ken se huele algo extraño así que se va aparte con Flory y confirma que, efectivamente, el pésame no es por la reciente muerte de David Montgomery (ejecutivo principal de uno de los ex-patronos de Ken), sino de la pérdida de Lucky Strike para SCDP. Lo que sucede de este punto en adelante es una verdadera carrera de locos: Ken sale corriendo a contarle a Pete – que está en la sala de espera del hospital aguardando a ver si Trudy decide parir, – luego ambos llaman a Don – quien tenía las manos bastante ocupadas con Faye, – quien decide llamar a reunión a Bert Cooper. Último en entrar a escena: Roger Sterling, el guanajo que ooops! se olvidó de contarle a todos que esto iba a pasar.

Roger procede a hacer lo que hubiese hecho si no hubiera sabido nada: llamar a Lee. Tan buen actor es que, suavecito suavecito, pone el dedo en el botón de enganchar el teléfono pero continúa con la llamada falsa como si estuviera pasando de verdad, toda una recreación de su última conversación con Lee. Había una parte muy sádica de mí que esperaba que el teléfono sonara, descubriendo en el punto la farsa de Roger. Esto no sucedió, y todos deciden que Roger irá a Raleigh, NC a tratar de convencer a Lee de que recapacite.

Roger continúa con su farsa al día siguiente: se encierra en una habitación de hotel y desde ahí hace la llamada que confirma que Lucky Strike los ha abandonado. La noticia es una bomba, obviamente. Más de una vez, Lane ha recalcado la importancia de Lucky Strike: son la fracción mayoritaria de la facturación de SCDP y, sin ellos, la empresa seguramente se irá al suelo. Lo que queda por hacer para los capitanes de SCDP es reunir a la tripulación completa, notificarles lo sucedido y asegurarles que el cambio no afectará sus empleos (¡mentiras, mentiras y más mentiras! Pero todo el que ha trabajado en oficina sabe que los jefes jamás dirán que algo se está yendo a la mierda hasta que no se haya ido a la mierda completito).

Vemos, a grandes rasgos, que SCDP se está hundiendo como un Titanic (sans el agua, el frío glacial y el ridículo romance entre Jack y Rose). Lo que este evento significa para cada uno de nuestros jugadores principales es otra cosa digna de estudio.

Pete recibe estas noticias en el peor de los momentos: Trudy está en el hospital en el duro (y largo) trance de Lucina, obstinada en parir, pero sus caderitas diminutas no lo permiten (¡punto para nosotras caderonas!). El punto es que está por agrandarse la familia de Pete, y resulta que su única estabilidad económica se está desvaneciendo. Su suegro, ante la confidencia desesperada de Pete, le insta a que reconsidere mudarse de empresa. A Pete la idea no le agrada para nada: al igual que Peggy, él sufre de lealtad por SCDP. Puede que su nombre no esté en la entrada, pero él fue parte de la semilla de la cual germinó la compañía. Una visita de Ted Chaough (de CGC) ayuda a que la idea no le parezca tan horrible. Le entrega un regalo absurdamente lujoso para la hija que no acaba de nacer, y le endulza la píldora de entregarse a CGC (un carro deportivo, su nombre entre las siglas de la empresa… what’s not to love?).

Estoy segura que tan pronto Ted le menciona que las cosas en CGC no son como en SCDP, que Don Draper no manda allá (“it’s not the Wild Wild West“), a Pete le debe haber empezado a sonar mejor la idea. Él y Don han estado teniendo roces desde el momento en que Pete se vio obligado a prescindir del contrato con North American Aviation. En este episodio le tocó el turno a Don: Pete tuvo que hacer la llamada de turno a Glo-Coat  para asegurarles que el retiro de la cuenta de Lucky Strike no sería detrimental para la compañía, y Glo-Coat responde con una llamada a Don para retirar su cuenta también. Don le reclama a Pete, lo acusa de estar distraído con el parto de Trudy (duh!)… básicamente lo culpa por la pérdida de Glo-Coat. Cada una de estas escaramuzas es un granito de arena que pesa en contra de SCDP como paquete atractivo para Pete. Ahora mismo está en un punto de ambivalencia, pero creo que eventualmente Pete obrará en contra de SCDP como extensión de Don.

Roger, cada vez más demacrado bajo el peso de la culpa, recurre a los engaños (como vimos al principio del episodio), y luego pretende correr a donde Joan para que le bese las heridas. Lo que no espera es que Joan ya esté harta de estar cargando con las culpas de Roger por encima de las suyas propias. Él le confiesa que ha estado guardando el secreto de la partida de Lucky Strike, y me parece que ésa fue la gota que colmó la copa de la paciencia de Joan. Ella permite que él la visite, bajo el pretexto de hablar – dice él, – pero cuando llega, claro, él se abalanza encima de ella a besarla. Ella lo para en seco y le dice lo que a nadie le gusta oír: “I can’t do this anymore.” Roger se retira cabizbajo y más deteriorado aún.

En la oficina ya está que no sirve para nada: Don, Pete y Bert lo confrontan. Perdieron a Lucky Strike por sus descuidos. Él se defiende pobremente, ya ni para eso le quedan ganas. Bert se las canta más claras que nadie: Lee Garner Jr nunca lo tomó en serio (a Roger) porque él mismo nunca se tomó en serio. Un empujón más, y Roger saltará volando por la ventana para salpicar de sesos las calles de Manhattan. Esa noche regresa a su casa, y su esposa (otra tonta como Bethany van Nuys que probablemente se pasa el día como la encontramos: leyendo revistas tirada en un diván vestida con una horrible batola de colores metálicos y con media libra de oro enganchada en los dedos) le presenta una sorpresa: su libro, Sterling’s Gold, publicado. Ella está que brilla un poco más que los dorados que la rodean, lo abraza tiernamente y se recuesta de él, su gallinita de oro. Él no se ha visto más miserable que en esa toma: la felicidad definitivamente no se compra. La compañía se le va como arena entre los dedos, así como Joan, así como su respeto propio.

Don comete más infracciones en este episodio: el desespero lo lleva a pedirle a Faye que le revele los clientes de la competencia que estén listos para mudarse de compañía. A propósito de esto es que viene el título del episodio. Chinese wall: la supresión de información delicada para evitar un conflicto de intereses. Faye está horrorizada: ¿cómo puede Don pedirle a ella que traicione no sólo a su patrono sino a los códigos de ética que rigen su profesión? Él le contesta con lo que sospecho es una mentira inconsciente: “I’d do the same for you.” Ahhh, no creo, Don. Él apela a sus sentimientos, su solidaridad, su relación … Ella se va molestísima, todo como señal de que la relación fácilmente se pudo haber acabado ahí.

…lo cual le da permiso a Don para lo que hace un poco más adelante. Al día siguiente, se queda hasta más tarde para trabajar con las cuentas de Ken. Megan le pregunta (y le insiste) si necesita ayuda. Él cede y la invita a que se siente a su lado y aprenda un poco del proceso (¿el proceso de qué?, me pregunto yo, porque todavía al sol de hoy me pregunto qué más hace Don aparte de tener esos momentos súbitos de brillantez. Para eso no hay burocracia). Ella le habla un poco de sí misma (estudió literatura, le gusta el arte, en general es una persona levemente más interesante que Betty o Bethany, pero no más que Faye), también hablan del anuncio de Glo-Coat (un poquito de sobeteo al ego de Don no hace mal)… y eventualmente ella le hace ojitos, le promete que todo estará bien, que no saldrá llorando al día siguiente (como Allison – ¿cómo sabía ella acerca de Allison? O los chismes se propagan como pólvora entre las secretarias de SCDP, o Megan es más perspicaz de lo que aparenta). Obviamente, a lo que tenían que llegar: se acuestan en el sofá, y más adelante los vemos en un ademán muy transaccional, cada uno vistiéndose por su lado. Él prende su encanto de caballero, como siempre, y la invita a comer, pero ella rechaza la invitación y lo manda a su casa, todo con un tono de mamá gallina que nos demuestra que lo que Megan siente por Don se ha estado empollando por algún rato y es mucho más tierno que un simple arrebato de lujuria.

De regreso en su edificio, Don se encuentra con Faye en el pasillo. Ella le está una nota escrita y todo parece apuntar a que esa va a ser su manera de romper con él (no distaría mucho de la ruptura por teléfono que vimos en The Summer Man). Él la invita a entrar y aquí es donde nos rompen la fantasía de “todo en su orden y aquí no ha pasado nada”: Faye le ha conseguido a Don una entrevista con los ejecutivos de Heinz. Le está dejando una cuenta carnosita en la falda porque, como ella dice, pensó en él, en lo que él es para ella, etc… Don le agradece, y podemos ver el relámpago de culpa en sus ojos. Ella insiste en quedarse y se sientan en el sofá en una posición que hace eco a la pose de Roger y Jane unos minutos antes. La diferencia es que Don, a pesar de que se ve también un tanto miserable, todavía no tiene mirada de paciente terminal de cáncer. Todavía tiene capacidad para cargar con la culpa, y creo que en parte tiene la decencia de sentirse agradecido por la gran muestra de amor que le ha dado Faye. Será interesante ver cómo Don piensa barajar la situación con ambas mujeres.

Un punto interesante en este episodio fue ver a Don reaccionar al servicio funeral de David Montgomery. Uno a uno fueron pasando por el podio los compañeros de trabajo del difunto, y lo que todos hicieron fue solapadamente pedir disculpas a la hija de él. El trabajo se tragó al Sr. Montgomery de forma tal que sus colegas tuvieron que justificarle a su familia que todo lo que hizo fue por ellos. Don observa atentamente la reacción de la hija, una niña no mucho mayor que la propia Sally. Seguramente se sintió identificado con el cuerpo en ese féretro: esclavizado hasta la muerte por la empresa para ofrecerle lo mejor a sus hijos, pero ellos no se enteran sino por boca de los extraños que sí lo conocieron. Espero que le sirva de tema de cavilación: no le queda mucho tiempo, pero aún puede reingresar a la vida de sus hijos y ser alguien en sus vidas.

Peggy, mi querida Peggy, es el ojo de todo este huracán. La vemos al principio del episodio montándose en el carro de Joyce después de un día de playa (¡el wet look le queda!). Detrás de ella se montan Abe y otros muchachos, a quedar todos como sardinas en el carro. No queda otra que sentársele en la falda al pobre diablo que no hace dos episodios quedó despojado entre las cenizas de su furia. Pero Abe demuestra ser un poco más inteligente esta vez y la aplaca con un chistecito mongo que, sin embargo, sirvió para otorgarle paso en la cama. Peggy y Abe definitivamente tiene buena química ahí.

Al día siguiente ella regresa a SCDP refrescada y luminosa, y se encuentra con el caos de la pérdida de Lucky Strike. Todo lo toma con un gesto de alarma apropiado, pero es obvio que no está preocupada en lo más mínimo. El buen sexo lo arregla todo, y una casa en llamas no es la excepción para Peggy. Don le suplica que no deje caer la presentación pautada con los ejecutivos de Playtex, que logre la firma de esa cuenta. Lo bueno es que el buen sexo también le sirve de inspiración, y Peggy está llena de ideas para vender el producto de Playtex (guantes de latex). Repasa sus ideas con Stan y Danny, y los dos quedan boquiabiertos. La mujer está sudando puro sexo, aparentemente (en realidad está expresándose con mayor sensualidad). Más adelante, Stan malinterpreta las energías de Peggy: cree que su receptividad sexual es algo general y no provocado por una persona particular. Con el pretexto más bobo, intenta propasarse con ella. ¡Otro rechazo más para Stan Rizzo!

Ya en la recta final antes de la reunión con Playtex, él se procura su venganza: ella, en vez de revisarse ante un espejo, le pregunta a él si todo está en orden. Él le dice que sí a pesar del gran manchón de lipstick rosa que luce Peggy en los dientes. Así mismo lleva a cabo su presentación, incluso uno de los ejecutivos de Playtex le hace ademanes (super confusos, de hecho) de que tiene los dientes manchados. A pesar de esto, quedan maravillados con la idea y todo el mundo se va contento … pero no sin antes Harry Crane finalmente decirle a Peggy lo que anda mal con su apariencia… y una mirada final de Stan admitiendo su autoría en la omisión. ¿Y Peggy? En vez de molestarse o irritarse, sonríe. Todo anda bien en la vida. El castillo se le puede estar derrumbando encima, pero creo que Peggy finalmente está entendiendo que su vida no se define por lo que pasa en SCDP.

¡Enhorabuena, Peggy!