Mad Men Season 04 Ep 09 The Beautiful Girls

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Foto: hannah.rosen via flickr.com

@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960′s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 09: The Beautiful Girls

“Men are like this vegetable soup. You can’t put then on a plate or eat them off a counter. So women are the pot. They heat them up, hold them, contain them. Who wants to be a pot? Who the hell said we’re not soup?”

- Joyce Ramsay, Mad Men

La última imagen de este episodio es una recapitulación perfecta para todo lo que ocurrió en él, y si nos ponemos a pensar en la problemática que tiene cada persona en el recuadro, nos puede volar la cabeza un poco también.

En el recuadro: Peggy Olson, Joan Harris y Faye Miller, cada una con un gesto distinto en el rostro, cada gesto una pequeña reflexión acerca de las complicaciones en sus vidas.

Todas van al mismo piso...

Peggy tiene un reencuentro inesperado con Abe Drexler, el amigo de Joyce que conoció en aquella exposición de Davey Kellogg (ver episodio 04). El encuentro es inicialmente un poco incómodo, pero eventualmente entran en calor … y aquí nos damos cuenta que Abe no para de hablar de la situación política del mundo. Es un izquierdista apasionado, tiene unos ideales que rayan en lo utopista, pero evidentemente no tiene idea de cómo tratar con una mujer. Al darse cuenta que ha estado monopolizando toda la conversación, insta a Peggy a que se una a la conversación con la mención de las compañías para las que trabaja SCDP. Tan pronto ella menciona a Fillmore Auto Parts entre las compañías pequeñas de familia que componen gran parte de la clientela de SCDP, él le objeta que esa compañía en particular es de las peores ya que se niegan a contratar negros para trabajar. Aquí se trasluce la inocencia de Peggy – algo que se nos olvida por el largo trayecto de su carrera que hemos podido presenciar – ya que ella procede a defender a SCDP y los pinta como mediadores de conflictos. Luego empieza a hablar de lo que ella sí ha tenido que vivir en carne propia: el sexismo. Y Abe demuestra ser tan machista como los zánganos de Manhattan con sus chaquetas y corbatas. Remata sus posibilidades escasas con Peggy al prometerle que harían una marcha por los derechos civiles de las mujeres, todo en un tono en el que se transparenta la risa que le provoca tal idea. Peggy se levanta ofendida y se marcha. Ella no necesita eso: otro idiota más que hable y hable y hable de sus ideas sin dar una oportunidad justa y pareja a las de ella.

Abe aparece al día siguiente por SCDP con el rabo entre las piernas y un escrito para Peggy en su bolsillo. Se lo entrega y le dice que ella lo inspiró: “Nuremberg in Manhattan”. Le pide que lo lea y que le diga qué tal le parece, y se sienta en el lobby de la oficina a esperar por su reacción. Algunos momentos más tarde ella sale como alma que lleva el diablo, enfurecida. El escrito es incendiario y, aunque no menciona a SCDP por nombre, las connotaciones de que son parte de la corrupción de Fillmore Auto Parts y la comparación con los criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial son más de lo que ella puede tolerar. Su lealtad por la compañía que ella misma ayudó a levantar es inquebrantable. Abe se retira del lugar rechazado y abatido.

No obstante, el Sr. Drexler plantó su semillita de mostaza, y ésta  asoma sus primeros retoños durante una reunión posterior en la cual se discuten los posibles artistas para grabar el nuevo ‘jingle’ de Fillmore. La sugerencia de Peggy: Harry Belafonte. Gotta love that girl!

Joan, por su parte, tiene mucho en su mente: acaba de recibir la noticia de que a Greg lo enviarán a Vietnam inmediatamente después de su entrenamiento inicial. El sentido de humor de ella está en cero, y Roger Sterling es una de las personas en sufrirlo. Claro, él la conoce muy bien y esa misma noche le envía a dos mujeres (puras caricaturas europeas con todo y acento grueso e ininteligible) para que le provean una sesión de masaje, manicure y pedicure. ¡Quisiera yo un ex amante así! Ella lo visita en su oficina al día siguiente para agradecerle, y él la invita a comer más tarde en el día. Que no, que sí … por situaciones ajenas a los dos, terminan comiendo en su diner habitual (¡ese pedazo de cheesecake estaba gigantesco! ¿estamos seguros que así servían en los 60?). Deciden regresar a pie, y van comentando cómo se ha dañado el vecindario del lugar, etc cuando un hombre los asalta. Es una transacción limpia y relativamente rápida, gracias a la cabeza fría de Roger; pero Joan termina con los nervios hechos añicos. Su consolación predilecta: una buena sesión de besos con Roger, que termina (como muy sutilmente indica el ruidito del zipper bajando) en un quickie callejero.

Al día siguiente, él pide disculpas. Lo que me encanta de esta situación es que ella dice que NO se arrepiente. Ella estaba muy consciente de lo que estaba pasando, quería que pasara, se lo disfrutó hasta lo último. Ahora bien, hace el alto: los dos están casados. Para ella, esa es una franja que no se debe cruzar, que se debe respetar – dentro de lo posible. Él comienza a hablar de sentimientos y, aunque ella lo detiene con el hecho de que cada uno tiene su cónyuge, su gesto delata que él no está solo en su situación.

A Faye la vimos desde temprano en el episodio. Después de dejarnos con el suspenso de ese candente beso entre ella y Don en el episodio pasado, podemos ver que lo candente también se les da en todo lo demás. Si siguen en esas, van a terminar de remodelar el apartamento de Don a punta de sexo. La relación se nota que tiene una buena base afectuosa: se entienden, ella no es tan pegajosa como la tonta de Bethany (¿ya? ¿le podemos decir “Adiós”?) … en fin, es una relación entre adultos, pero apenas están empezando. Las cosas comienzan a ponerse tensas con una visita sorpresa de Sally a la oficina de Don.

¡Atrápeme quien pueda! Sally se trata de escapar nuevamente.

Resulta que la niña se montó solita en el tren y decidió ir a ver a su papá porque no quería esperar dos semanas más. Al momento, Don está reunido con los dueños de Fillmore Auto Parts, así que la visita no sólo es inoportuna, sino que también le toca dejarla a solas en su oficina en lo que él termina su reunión. Ese fue el momento perfecto para que la Señora Blankenship decidiera morirse. Literalmente, she dropped dead. Quien se da cuenta es Peggy, y lo que se desencadena a partir de ese momento es pura comedia. La extracción del cuerpo de la Sra. Blankenship (QEPD, y la extrañaremos) sin que los ejecutivos de Fillmore se den cuenta resultó ser una oportunidad maravillosa para dejar a Weekend at Bernie’s mordiendo el polvo. Tan pronto logran deshacerse de los ejecutivos (y del embarazoso cuerpo en el escritorio al lado del salón de reuniones), Don le deja caer la piedra a Faye: le pide que se lleve a Sally al apartamento y que espere por él allí con ella. Podemos ver que Faye le temía a este momento un poco (ella no tiene hijos, y aparentemente no tiene ninguna intención de tenerlos. You GO, girl!), y este es el modo menos idóneo de entrar en esa dinámica de hija-”posible madrastra”. Tan pronto la vemos encararse de frente a Sally y presentarse con voz de María Chuzema, sabemos que no va a tener mucho éxito que digamos.

Al día siguiente, Don decide llevar a Sally a pasear hasta el mediodía (ya era hora de que le dedicara un poco de quality time). De regreso en la oficina, nos ofrecen el momento más brillante de todo el episodio. Sally se rehusa a regresarse con su madre (quien la vino a buscar al día siguiente, porque ir a buscarla el mismo día era un inconveniente y – según ella – no es nada divertido tener que cuidarla, así que: Don, hazlo tú por un día y ¡enyoya! Mother of the Year Award!). Sally procede a pelear, en el proceso rechaza por completo cualquier ayuda que pudiera ofrecer Faye, y sale corriendo por el pasillo. Este pequeño momento encarna todo lo que nosotros, hijos de un divorcio, hemos sentido en algún momento: una desesperación por huir y, ante todas las puertas cerradas, una intensa desolación. Mi corazón ha estado con Sally desde finales de la temporada pasada y, en este momento, se me resquebrajó un poco. Para el colmo de males, Sally se cae, pero rápidamente se acerca Megan (la recepcionista) y la recoge en un abrazo. Le dice que todo estará bien, pero Sally responde que no, eso no es así. Y no sé si me lo estoy imaginando, pero en ese momento Megan queda profundamente afectada por el suceso. No sé si sea porque ella ha pasado por una situación similar, pero ahí, entre Sally y Megan, hay un enlace más instantáneo y natural que el de Sally con cualquier otra mujer.

Tres de las bellas mujeres del titular.

Don entrega a Sally en recepción, seguido de cerca por Joan, Peggy y Faye. La imagen es interesante, porque todas estas mujeres, ligadas de algún modo u otro a Don, dan la apariencia de crear un círculo alrededor de ellos, como una manada protectora velando por el bienestar de Sally. Betty, siempre fría y poco empática, finge preocupación por Sally y prontamente se la lleva. Atrás queda el caos, más que nada sobre Faye, que siente que acaba de pasar por una prueba – y acaba de fallarla. Don la consuela y le asegura que eso no es así, que nada de eso fue su culpa. Todo parece estar bien, pero ya pudimos ver la debilidad de Faye. Puede aceptar que Don tenga hijos de su matrimonio anterior, pero asociarse con ellos no le va a resultar natural.

Debo mencionar que Bert Cooper se lleva el galardón de poeta en este episodio. En un momento dado, está sentado con Roger en la oficina intentando componer el obituario para Ida Blankenship. La muerte de esta mujer lo ha descompuesto un poco, suponemos que porque fue su amiga (y amante en un momento dado) y la conoce desde hace tanto tiempo … Eventualmente le delegan la tarea a Joan, las palabras no le llegan a Bert. …hasta que sí le llegan: “She was born in 1898 in a barn. She died on the 37th floor of a skyscraper. She was an astronaut.”

Gracias, Sr. Cooper.